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Juan
Carlos Bolcich, egresado de la UNLP, diseñó
una planta experimental que probó la eficacia del hidrógeno
como combustible para producir energía alternativa.
La era de los combustibles no renovables, especialmente el
petróleo y sus derivados, avanza a su fin.
En
nuestro país, una corriente de profesionales trabajan
intensamente para diseñar el futuro. Juan Carlos Bolcich,
egresado de la Universidad Nacional de La Plata, presidente
de la Asociación Argentina del Hidrógeno, está
al frente de un proyecto en Pico Truncado, Santa Cruz, un
pueblo que ha comenzado a desenvolverse sólo con energías
alternativas. Se trata de la Planta Experimental Eólico-Hidrógeno,
ubicada en ese pueblo, cuyo objetivo es "testear tecnología
propia y ajena vinculada con la aplicación de energías
renovables, difundir los avances al público en general,
y brindar cursos técnicos y prácticos sobre
el tema", según afirmó Bolcich. El predio
cuenta con cuatro máquinas eólicas, una planta
de tratamiento de agua, un taller en donde se potencian las
normas de seguridad en el manejo del hidrógeno, y una
estación de carga y almacenamiento a baja presión
de la sustancia. El proyecto busca garantizar la alimentación
de los habitantes del lugar, con la implementación
de un invernadero cuyo calor es extraído también
durante el proceso de catálisis del agua, con compresores
que son ciento por ciento argentinos.
La
planta utiliza la potencia del viento patagónico, (en
esa zona, con una velocidad promedio de 50 kilómetros
por hora, a 50 metros de altura), y las máquinas eólicas
de la experiencia en Pico Truncado alcanzan un factor de uso
entre el 45 y el 60 por ciento. Según Bolcich, en la
práctica, la energía producida con el proceso
de catalización es suficiente para proveer de energía
eléctrica a la mitad de la población; genera
2,4 megavatios.
La
idea es que, en el futuro, se puedan instalar en varios puntos
de la Patagonia estas plantas transformadoras del agua en
base a la energía eólica, para aprovechar el
hidrógeno como combustible, el oxígeno, cuyas
propiedades en el desarrollo de cierta industria ictícola
han sido probadas, y el calor, para el funcionamiento de invernaderos
que permitirían proveer de alimentos a una zona que
suele requerir el traslado a lo largo de miles de kilómetros.
Bolcich cree que estamos en la "etapa de transición"
hacia el hidrógeno, etapa que consiste en la incorporación,
en principio en pequeñas proporciones, del hidrógeno
en el resto de los combustibles gaseosos, como el gas natural.
El ingeniero cree también que, en la medida en que
la experiencia demuestra eficiencia y rendimiento de energía
proveniente de un recurso inagotable como el viento patagónico,
crecerán los rangos de confortabilidad y bajarán
los costos de accesibilidad, el país se encauzará
hacia "una industria nacional del hidrógeno",
al tiempo que se estaría dando respuesta a una pregunta
que desvela a todas las naciones, en especial a las grandes
potencias: "¿hay vida después del petróleo?".
Los combustibles fósiles derivados del "oro negro"
representan hoy el 41% de la oferta de energía en América
Latina, contra el 37% que representan los recursos renovables,
entre ellos el hidrógeno. Hoy se están desarrollando
nuevos catalizadores y reactores para usarse en la producción
y purificación de hidrógeno. El objetivo de
la planta de Pico Truncado es producir hidrógeno bajo
todas las normas de seguridad, probarlo como generador de
energía para equipos electrógenos, vehículos,
cocinas y maquinas industriales, y evaluar los costos de su
utilización masiva. El laboratorio optimizará
cada etapa de la producción, experimentará el
manejo del combustible con fines de almacenamiento y transporte,
y formará personal especializado en esta técnica
y en la fabricación de sus insumos.
Los
vecinos de Pico Truncado son dueños de los servicios
telefónico y eléctrico, y lograron que ambos
sean mucho más baratos que en el resto del país.
Hace un par de años, la Municipalidad del lugar también
trascendió por ser la primera en anunciar que, en un
futuro cercano, usaría hidrógeno como combustible
de sus autos. El anuncio además involucraba a la energía
eólica que producen los dos gigantescos molinos de
viento instalados en la planta experimental creada por Juan
Carlos Bolcich. El proyecto prevé que los pobladores
del lugar tengan acceso libre y gratuito a la planta de producción
de hidrógeno, "para contribuir a la difusión
de estas cadenas limpias e inagotables de energía".
También existe un espacio para las prácticas
de alumnos de enseñanza media e investigadores. "La
intención es que funcione como una escuela-fábrica,
compatible con pautas de producción y seguridad industrial
en el manejo del hidrógeno". En cuanto a la posibilidad
de utilizar el combustible para los autos, en los últimos
años la tecnología del hidrógeno tuvo
un importante desarrollo en varios países del mundo.
No son pocos los vehículos que funcionan con él
en Estados Unidos y Alemania. Los expertos aseguran que la
Argentina podría convertirse en el mayor productor
mundial de hidrógeno "eólico", porque
los vientos de la Patagonia son los de mejor calidad del planeta.
Gracias
a los vientos patagónicos constantes, los aerogeneradores
de la planta producen la electricidad que alimenta a un electrolizador
que, mediante electrólisis, rompen las moléculas
de agua para obtener hidrógeno y oxígeno. El
procedimiento permite el almacenamiento de hidrógeno
a baja presión, probado con éxito como combustible
de motores, tanto para ser utilizado cuando el viento merma,
como para distribuirlo dentro y fuera del país. El
hidrógeno es el elemento más básico y
abundante en la naturaleza, su combustión es totalmente
limpia. El problema es que no se encuentra aislado, y su producción,
mediante electrólisis, requiere gastos de energía.
Para Bolcich, las subas en los precios del crudo y el agotamiento
virtual de las reservas generan un escenario en el cual la
energía eólica será competitiva. En nuestro
país, la Patagonia aparece como el lugar indicado para
instalar sistemas de energías renovables. Esta región
es portadora de un recurso energético inagotable para
la producción del hidrógeno: el viento.
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