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Qué
es ciencia ficción?
La
ciencia ficción es a las personas de occidente como
el sol al planeta tierra: aunque no lo veamos, siempre esta.
Durante muchos siglos en la fantasía de los pueblos,
en sus mitos, relatos y literaturas ha habido descripciones
de seres extrahumanos, poderosos, monstruos, seres angelicales,
lugares y sucesos mágicos, viajes a lugares fabulosos
donde se vivían aventuras extraordinarias. Algunos
estudiosos señalan a La Biblia judeo cristiana, a La
Odisea de Homero, a Las mil y una noches, entre otros escritos,
como a los más antiguos textos donde se reseñan
sucesos o personajes fuera de lo común. Mas adelante
en el tiempo se destacan Los viajes de Gulliver, de Jonathan
Swift, Micromegas, de Voltaire, Viajes a los imperios de Sol
y de la Luna, de Cyrano de Bergerac, todas narraciones de
eventos no cotidianos sucedidos tanto en la Tierra como en
el espacio exterior. Sin embargo es una convención
señalar a la novela Frankestein, de Mary Shelley, como
a la primera novela propiamente de ciencia ficción,
pues es en esta donde se hace explícita la conexión
entre el desarrollo de un hecho extraño (dar vida a
un cuerpo formado por trozos de diferentes cadáveres)
y la investigación científica. Desde este relato
en adelante, la ciencia y los científicos pasaron a
ser protagonistas de ficciones.
De
ninguna manera esto significó la desaparición
de la literatura fantástica no científica. Por
el contrario, historias de magia, brujos, fantasmas y diversos
monstruos han visto la luz con gran aceptación de diversos
públicos. En nuestros días, el fenómeno
de la saga de Harry Potter, de J.K. Rowling, o Las crónicas
de Narnia, de C.S. Lewis, son elocuentes ejemplos de que la
fantasía extra científica no ha muerto. No muy
atràs en el tiempo, las sagas de El señor de
los anillos, de J.R.R. Tolkien, y hasta Mary Poppins, de P.L.Travers,
ambos éxitos editoriales y cinematográficos
tambièn han dado cuenta del fenòmeno. Corrientes
literarias como el realismo mágico, asimismo, ha sido
fecunda y obtuvo aceptación pública. Carlos
Alberto Loprete (1) señala como una de las características
principales de esta escuela la mezcla de realidad y fantasía:
"la realidad provee el hecho cotidiano que sirve de argumento
o trama de la narración, pero el escritor le agrega
de su propia imaginación un ingrediente irreal o ilusorio,
que da otro sentido distinto del natural y lógico al
hecho, por lo cual el desenlace es imprevisible, ambiguo,
confuso e inesperado" (Loprete, 1979.564). Autores en
esta escuela son Jorge Luís Borges, en quien Loprete
ve a un escritor que "toma el mundo existente y real
como si fuera una alucinación o una idealización
dentro de la cual vivimos, sin darnos cuenta" (Loprete,
1979, 574), Alejo Carpentier y Julio Cortàzar, entre
otros autores.
Pero
un asunto es la fantasía y otra la ciencia ficción,
y para establecer algún rasgo distintivo entre ambas
nos ajustamos a la definición de Isaac Asimos (Asimov,
1982, 14) cuando sostiene que para diferenciar "entre
las dos vertientes principales de la ficción surrealista,
yo diría que en el caso de la ciencia ficción
el fondo surreal de la historia podría derivarse de
nuestro propio medio a través de los cambios correspondientes
en el nivel de la ciencia y la tecnología
y la
literatura fantástica, en cambio, describe ambientes
surreales de los cuales no podemos suponer que se puedan derivar
del nuestro por medio de algún cambio en el nivel de
la ciencia o la tecnología". Es, entonces, cuando
las sociedades prestigian la investigación tecnocientifica
en donde florece la ciencia ficción.
Industria,
política, desarrollo y ciencia ficción
Ya
en el siglo XVIII tanto en las colonias inglesas en Norteamérica,
como en Francia, en Inglaterra y en Italia , hombres como
Franklin, Leyden, Galvani y Volta estudiaban fenómenos
eléctricos. De entre ellos, Luigo Galvani realizó
estudios sobre electricidad en cuerpos de animales muertos.
Mary Shelley, años más tarde, elabora en su
famosa ficción un experimento inspirado en las actividades
de Galvani pero aplicadas al cuerpo humano. Como dijimos,
la conexión entre experimento científico y literatura
quedó establecida. Al respecto, Asimos aclara: "la
ciencia ficción es la rama de la literatura que trata
sobre las respuestas humanas a los cambios, en el nivel de
la ciencia y la tecnología" (Asimos, 1982, 18).
La ciencia ficción, entonces, es una reacción
expresada en el universo de la literatura a la realidad científica
que forma parte del mundo, y lo trasforma.
El
momento de la historia que hoy denominamos Revolución
Industrial tuvo comienzo en el último tercio del XVIII
en Inglaterra y luego se expandió al resto del continente
europeo y de allí al resto del mundo. El uso de máquinas
de vapor en diversas industrias, del carbón como combustible
base, trajo aparejados fenómenos sociales como las
migraciones de los campos a la ciudades, la creación
de fábricas, el incremento del comercio internacional,
la búsqueda de nuevos mercados para colocar la producción
de las industrias, el desarrollo del sistema financiero internacional
con sede en Londres. Por una lado, la ciencia y la técnica
despertaron el interés de los industriales en la búsqueda
del logro de mayor eficiencia en la productividad industrial
para incrementar las ganancias de los capitales invertidos.
Ambas actividades, ciencias y técnicas eran concebidas
como factores de mejoramiento de la humanidad, pues las aplicaciones
practicas de las diversas investigaciones aumentaban de a
poco la calidad de vida, las ganancias y el conocimiento del
hombre y del mundo. A esta mirada positiva, optimista sobre
la ciencia, se la suele conectar con el espíritu de
la escuela positivista de Augusto Compte, pensador para quien
el espíritu científico era la cima de los logros
humanos.
Simultanéamele,
mientras se desarrollaban las fabricas, crecía también
el numero de obreros que trabajaba en ellas y nacían
las primeras asociaciones de trabajadores. Las condiciones
de vida de estas personas no eran las mismas que las disfrutadas
por las clases privilegiadas. Largas jornadas laborales, bajas
condiciones de calidad de vida y pobres esperanzas de mejorar
generaron conflictos sociales y luchas de clases de diversas
envergaduras.
Los países europeos, sobre todo Inglaterra, Francia
y Alemania desarrollarán polìticas imperialistas
de expansión hacia territorios extraeuropeos (Africa,
Australia y Asia). Establecerán colonias, puertos y
administraciones en todos los continentes para controlar los
diversos mercados y ampliar el movimiento de sus economías,
y también como válvulas de escape de sus propios
problemas internos.
A
lo largo del XIX, a la par de las ciencias duras como la biología,
la medicina y la termodinámica (ciencias duras), se
desarrollan las ciencias sociales como la antropología,
la sociología y finalmente la psicología (ciencias
blandas). Este segundo grupo de ciencias son comúnmente
asociadas con una visión pesimista de los avances científicos
elaborados por las ciencias del primer grupo. Encontramos
dos escritores de ciencia ficción paradigmáticos
en la Europa del XIX. Cada uno de ellos esta vinculado a una
de las dos visiones, la optimista y la pesimista. A Julio
Verne se lo vincula con la primera, en tanto H. G. Wells esta
más conectados con una visión critica de la
sociedad. En las novelas de Verne, mayormente las ciencias
y los científicos son útiles a la humanidad
porque derrumban mitos, develan misterios, expanden los horizontes
del conocimiento para beneficio de todos. Las ciencias son
liberadoras, los científicos son los héroes.
Para Wells, en cambio, cada avance científico nunca
esta desconectado de la realidad social en la que se produce
y en donde se aplica, y no hay conocimiento que no este regulado
por intereses mezquinos de dominio político, comercial
o personal. Estas dos visiones se extienden hasta la actualidad,
con continuadores de diverso talento y profundidad. Pero al
margen de las posturas encontradas entre ambas tendencias
narrativas, cabe resaltar el evidente nexo vinculante entre
ciencias duras y blandas y ciencia ficción. La segunda
no hubiera podido nacer y realizarse sin el desarrollo de
las primeras.
En
la combinación de un capitalismo imperialista, fabril,
expansionista e internacionalizado, más un prestigio
hegemónico de la investigación tecnocientìfica
y los conflictos sociales que las revoluciones industriales
traen consigo, encontramos las bases sociales para el desarrollo
de la ciencia ficción.
Ya en el siglo XX, y en Estados Unidos, hacia la década
del ´20, comienza el desarrollo de la industria cultural
del còmic científico, a través de revistas
como Amazing Stories, del editor Hugo Gernsback, o Astounding
Science Fiction, del editor John W. Campbell hijo. Según
Asimos ambas publicaciones funcionaron como usinas y escuelas
de las más avanzadas escrituras sobre ficción
científica. Escritores de la talla del mismo Asimos,
o Robert Heinlein, o ArthurC. Clarke, junto con muchos otros,
escribieron en esas publicaciones y más tarde desarrollaron
exitosas carreras literarias. La inversión en ciencia
y tecnología que diversas organizaciones estatales,
o también algunas corporaciones privadas, aportaron
y aportan a esas áreas de investigación ha sido
siempre voluminosa.
Los Estados Unidos a lo largo del siglo XX han llevado adelante
una progresiva expansión de su influencia política,
económica y militar en el plano internacional. Han
salido triunfadores en las dos guerras mundiales del siglo
y han ganado la carrera espacial contra su antiguo enemigo
soviético. Se sostiene que en parte por estos contextos,
en esa nación se han desarrollado las industrias aeroespaciales,
de telecomunicaciones, informáticas que derivaron en
la actual Internet, robótica, proyectos de desarrollo
de inteligencia artificial, y últimamente ingeniería
genética, por mencionar algunas. Algunos autores señalan
que existe una circular y fructífera relación
entre investigaciones científicas y tecnológicas
y escritura de relatos de ciencia ficción, o ficción
especulativa. Escritores, investigadores y científicos
se estimulan desarrollar tecnologías que, para bien
o para mal, cambian la realidad.
Las
industrias culturales graficas y, más tarde, las cinematográficas,
también han apostado fuerte al desarrollo de la escritura
de historias de ciencia ficción y a lo largo del siglo
XX se han visto los frutos. Además de los autores mencionados
no olvidemos autores también reconocidos como Ray Bradbury,
Philip K. Dick o Frank Herbert.
Desde
luego, el siglo XX no fue exclusivamente norteamericano. No
puede no mencionarse a los ingleses Aldous Huxley, George
Orwell y James Ballard, al polaco Stanislaw Lem o al checo
Karen Capek, entre otros. Entre muchos autores de los últimos
años pueden mencionarse al inglès Douglas Adams
(Guìa del autoestopista galàctico), al australiano
Grez Egan (Ciudad permutación) y al canadiense William
Gibson (Neuromante) como tres escritores importantes de la
ciencia ficción más reciente, los últimos
dos vinculados directamente a tramas de realidad virtual.
Fuentes:
Isaac Asimov: Sobre la Ciencia ficciòn, Ed. Sudamericana,
1982
Carlos Alberto Loprete: Literatura Hispanoamericana y Argentina,
Ed. Plus Ultra, 1979.
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