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Cómo
surge tu interés por las artes visuales, qué
es lo que determinó que quisieras ser director?
-Nunca me interesó especialmente hasta
que terminé la secundaria. Estudié tres años
y medio cine, y después empecé a trabajar en
películas que se hacían hace unos 5 años,
como asistente de sonido, ayudante de dirección, así
medio a los ponchazos, trabajé en Mundo grúa,
en El descanso, por ejemplo; películas de bajo presupuesto.
Y después también, como me costaba vivir sólo
del cine también trabajé con mi viejo en La
Pampa.
-¿Dónde transcurriste tu
infancia?
-Viví en Florencia Varela, Núñez,
Once, y Belgrano. A medida que mi viejo iba consiguiendo mejores
trabajos nos íbamos mudando. Mi papá es pampeano,
creo que vivió hasta los cinco años en la provincia.
Toda su familia es pampeana. Después se mudó
a La Plata a vivir con mis abuelos, y hace unos diez años
pudo comprar un campo en La Pampa de vuelta, se ve que lo
llenaba de algo personal poder tener un terreno allá.
Y empecé a acompañarlo de vez en cuando. Pero
ya desde que yo era chico mi viejo tenía una porción
de tierra en el partido de La Plata, como una chacrita a la
que íbamos todos los fines de semana. Y creo que eso
fue lo que de alguna manera determinó luego que me
interese filmar historias que tienen que ver con el afuera
de Capital Federal.
-Así surgió La libertad,
tu primer largo.
-Sí, dándole una mano a mi viejo
en el campo fue que conocí al hachero Misael, que trabajaba
en Santa Rosa, atrás de Toay digamos, y encontré
en él algo que yo no sé por qué, pero
que yo lo sentía parecido a mi forma de vida, por más
que es diferente en un montón de cosas. Sentía
que eso de estar solo en el medio del monte con un trabajo
que no está bueno, con incomunicación, con falta
de un montón de cosas, pensé que era bueno hablar
no tanto de mi sino de muchos jóvenes que en aquel
momento, en el año 2000; igual de todas maneras ahora
también podría ser, están en la ciudad
y no les satisfacen cuestiones básicas como puede ser
trabajo, salud, independencia económica, un montón
de cosas.
-¿Cómo fue el proceso de creación de
Dos en la vereda, tu primer corto?
-Cuando estudiaba en la facultad de cine,
por aquél momento todos los alumnos presentaban proyectos,
mis proyectos nunca lo elegían porque se ve no reunían
las condiciones que ellos establecían. Yo estaba un
poco cansado que me reboten siempre lo que presentaba; teníamos
de profesor a Rafael Filipelli, y con el sobrante de un corto
que sí había sido elegido, habían sobrado
dos o tres minutos de película, y con Vildoso, que
es el sonidista de todas las películas, y a parte amigo
también, claro, decidimos hacer un cortometraje que
trata de dos amigos tomando cerveza en un pasaje, en un zócalo.
Un solo plano, plano secuencia, escuchan Jimi Hendrix mientras
toman su cerveza. Esa fue la primera experiencia en dirigir.
-Después viene La libertad.
-Sí, pero el corto fue en 1995 y La
Libertad fue en 2000. Ya para ese entonces había trabajado
en la productora de Sarquís, había trabajado
también durante un par de años en el festival
de cine de Mar del Plata, en una muestra que se llamaba Contracampo,
donde se mostraban películas personales, de autor,
Kiarostami, de la India, Taiwán; y ese fue como un
msster, que yo siempre reconozco, la posibilidad de participar
de eso y ver esas películas, de alguna manera marcó
en mi un tipo de cine que me interesaba hacer, más
alejado del convencional, si se quiere.
-Una de las particularidades de ese cine
es el manejo del tiempo, ¿cómo es tu concepción
de este elemento en el manejo de tus películas?
-Cuando decidimos filmar La libertad, yo había
quedado muy impactado con la película El sabor de la
cereza, de Kiarostami. Impactado porque me gustó mucho
la película pero también por la producción
que tenía, que bueno, salvando las distancias enorme
con Kiarostami, este tipo pudo hacer una película con
un solo personaje principal, un solo paisaje, un auto, con
dos o tres personajes secundarios, y un buen drama que es
el suicidio. Entonces dije, a lo mejor puedo hacer algo que
no tenga ese drama, pero sí un solo personaje, el paisaje
y un día en la vida de un joven, de los tantos que
hay en la Argentina que no se los ve por ahí. Pensé
que empezar a filmar una película así era un
buen comienzo porque éramos diez de equipo, y se filmó
en diez días. Era algo que se podía manejar
bien, sencillo de hacer.
-¿De dónde surgió el apoyo financiero
para poder filmar La libertad?
-Había escrito cinco páginas
del guión, no escribo mucho, y era básicamente
la rutina de Misael Saavedra, un día, hachando árboles.
Y esas cinco páginas no merecían ser presentadas
a ningún productor ni al Instituto de Cine, porque
obviamente no tenía a nadie atrás que avalara
la idea, entonces decidí pedirle dinero a mi familia,
a mi viejo, para poder llevarlo acabo. Originariamente se
gastaron 30.000 dólares en filmarlo, en hacer toda
la movida y en terminar parte de la post producción.
Una vez que teníamos la película en video, porque
la filmamos en 35 milímetros, que es demasiado costoso;
luego la película durmió en un cajón
por siete meses, hasta que vino un delegado del festival de
Cannes a Buenos Aires, y de las 20 o 25 películas que
había decide elegir solamente La libertad, entonces
eso sirvió de trampolín para que me empiecen
a saludar en el Instituto del Cine, y a decir bueno, no sé
si nos interesa la propuesta pero si le interesa a un festival
tan importante en el mundo vamos a garantizar que termines
la película, te vamos a dar apoyo con los laboratorios,
con la gente que te faltaba pagarle, con el sindicato, con
el libre deuda y demás. Y con este apoyo terminé
la película que terminó costando unos 110.000
dólares, aproximadamente.
-¿Qué significó para vos haber llegado
a los premios Cannes con tu primer largometraje?
-Nunca me lo hubiera imaginado. De hecho así
como la película durmió siete meses en un cajón,
pensé que por ahí la película podía
seguir allí por el resto de mi vida. O sea que fue
una sorpresa muy grande. En aquel momento todavía ni
yo ni mucha gente que estaba empezando a hacer sus películas
especulaba con los festivales o con las coproducciones o con
alcanzar mayores objetivos que los de terminar la película
que uno quería hacer, o sea que fue como una sorpresa
enorme ir con una película chica, hecha de manera,
no inconsciente, pero sí un poco, llegar a ese festival.
-¿Tuviste la oportunidad de poder
viajar a Cannes para la presentación?
-Sí, pudimos viajar con mi familia
afortunadamente.
-¿Recibió alguna distinción?
-Premios no recibió la película,
pero lo bueno es que hacía mucho que no participaba
del festival una película argentina. Pero lo bueno
es que ahí eligen para exhibir 100 películas
de 3.000 que le mandan. O sea que estar dentro de esas 100
es algo importante. Ya estar ahí era un premio.
-¿Cómo fue el proceso de
creación de tu segunda película, Los muertos?
-Siempre imagino primero el lugar donde quiero
filmar y viajo y veo cómo es el sitio, quiénes
lo habitan, cómo se manejan y empiezo a escribir. Para
esta segunda quería hacer algo más para el norte,
como más verde. Había empezado a buscar lugares
en Misiones y bajé hasta Corrientes, que fue donde
se filmó. Y viajando con mochila en carpa descubrí
una comunidad de isleños. Estaba leyendo Horacio Quiroga,
y Dostoievski, uno que se llama La casa de los muertos, creo.
Escribí unas 20 páginas. Y tuve la suerte de
que como en Europa se había recibido bien La libertad
tuve una financiaciones. Ya para esta película tenía
asociado un coproductor francés y uno holandés,
lo cual ayudó mucho.
-¿Contame sobre este último
film tuyo titulado Fantasma?
-Lo que quise hacer con este último
film fue cerrar un ciclo que había comenzado con Misael
Saavedra y con Argentino Vargas, de lo que significó
para mi el trabajo de ellos, y de alguna manera agradecerles.
Me pareció que la mejor manera de hacerlo era volver
a filmar con ellos. Pero esta vez filmando en mi lugar si
se quiere, en mi ciudad. En un lugar que yo conozco como es
la sala Leopoldo Lugones, del Teatro General San Martín,
un lugar al que fui mucho cuando estudiaba cine y al que sigo
yendo seguido.
-¿Cómo surge la idea?
-Cuando yo estreno Los muertos en la sala
Lugones lo invito a Argentino Vargas, que es el protagonista,
y lo invito a Misael, que no había participado de la
película pero como era un momento importante en mi
vida yo quería que él también esté.
Y cuando los veo ahí saludarse en el teatro y ver que
cruzaron un par de sonrisas, y pensé en filmar un corto
con eso, que luego se trasnformó en un largometraje.
-¿Qué importancia le das
al azar a la hora de filmar?
-Es importante. Yo escribo como una guía
pero el azar es importante en el día a día.
Decir, bueno yo escribí esto, pero le pregunto al protagonista,
que es alguien que vive en esa realidad en su vida cotidiana,
¿esto podría pasar en una situación lógica?
Y ahí veo qué me dice, y se puede llegar a modificar
en el momento. Siempre sé qué voy a filmar las
dos primeras escenas del día en un rodaje, pero las
tres que le siguen se inventan ahí.
-¿Qué lecturas han influido
en tu manera de hacer cine?
-De los argentinos Saer. Y después
Rulfo, Roa Bastos, Di Benedetto, entre otros.
-¿Cómo sigue tu futuro, en
qué estás trabajando?
-Voy a filmar en Tierra del Fuego. Es la historia
la de un hombre de 40 o 50 años que vuelve a donde
nació y vivió las durante primeros 20 años
de su vida, vuelve después de haber desaparecido, ya
que se había ido a trabajar en barcos contenedores
por diferente mares del mundo.-
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"FANTASMA".
SINOPSIS
Argentino Vargas, de cincuenta y seis años, viaja a
Buenos Aires. De pie en el Hall central del Teatro San Martín,
espera que alguien lo encuentre y lo lleve hasta la Sala Lugones,
donde será proyectada la película que protagoniza.
Nunca ha estado en un cine anteriormente. Misael Saavedra
también fue invitado a la proyección y está
perdido dentro del teatro, buscando la sala. El gran edificio,
sus baños, escaleras, ascensores y talleres son los
verdaderos protagonistas de este misterio a descubrir por
dos hombres ajenos al entorno.
FICHA TÉCNICA
35mm/ color/ 1.1.85/ 63 minutos / Argentina, 2006
Guión y dirección: Lisandro Alonso. Productores:
4L Lisandro Alonso / Fortuna Films Ilse Hughan / Slot Machine
/ Marianne Slot. Productor ejecutivo: Lisandro Alonso. Sonido:
Catriel Vildosola. Fotografía y cámara: Lucio
Bonelli. Música: Flor Maleva. Montaje: Lisandro Alonso
/ Delfina Castagnino. Director de arte: Gonzalo Delgado Galiana.
Con
Argentino Vargas, Misael Saavedra, Carlos Landini, Jorge Franceschelli,
Rosa Martínez.
NOTA DE INTENCIÓN
Por Lisandro Alonso
¿Por qué filmar esta película en este
edificio? Porque no existe otro con las mismas características.
Demasiado atractivo comparado con sus contemporáneos,
el San Martín tiene una arquitectura y diseño
de una época que es difícil encontrar todos
los días. Para mi es un edificio donde uno puede imaginar
que suceden historias que van mas allá de lo cotidiano,
un edificio lleno de pasadizos, escaleras, ascensores, actores,
bailarines, titiriteros, músicos, fotógrafos,
espectadores de cine, empleados, técnicos, municipales,
publico y curiosos. Allí camina todo tipo de gente
interesada en descubrir a qué se llama cultura. Cuando
todo lo relacionado con esa palabra está desapareciendo
y los espacios que lo aparentan son solamente lugares donde
la gente va a consumir, lucirse y gastar dinero como si fuera
un gran supermercado, este edificio, en su aparente oscuridad,
continúa concentrado en su premisa.
Por mi parte, yo estoy tratando de encontrar escenarios diferentes
a los que ya vengo trabajando, como el monte pampeano o la
selva en Corrientes. Investigar algo nuevo como este edificio,
sus perspectivas, sonidos, silencios, ángulos, letreros,
alrededores, rincones, vistas. Trataremos de encontrar en
estos espacios la misma fuerza que filmamos en la naturaleza.
Buscar otro riesgo estético y cinematográfico
sin lo cual para mi es imposible disfrutar el cine, sin lo
cual es imposible concebir nuevas imágenes, reflexiones
y nuevas formas de entender lo que nos sucede. Es esto último
lo que intento seguir trabajando, porque creo que lo que se
inició hace cinco o seis años atrás con
algunos jóvenes en el denominado "nuevo cine argentino"
hoy prácticamente está desapareciendo; todo
lo que allí estaba suspendido en el aire hoy por diversos
motivos está casi muerto. La honestidad, el riesgo,
el disfrute y la falta de especulación en la mayoría
de los casos de hoy, aparenta ser cosa del pasado. Particularmente,
no me interesa pedir aprobación, permiso, ayuda económica
a las instituciones locales o fundaciones en el exterior.
Eso, en muchos casos, anula parte de la independencia que
debe buscar un proyecto; por eso mismo buscamos realizarlo
sin pedir apoyos ni aportes económicos de terceros.
Sólo trato de realizar esta película para encontrar
otras zonas diferentes a las que ya he trabajado y conozco,
para continuar filmando sin repetir una fórmula. Y
considero a este trabajo el paso o puente a Liverpool, mi
próxima película.
Esta es entonces mi excusa para acercar al edificio a los
dos protagonistas de La libertad y Los muertos, ésta
última estrenada únicamente en la Sala Leopoldo
Lugones del Teatro San Martín, donde encontró
su público de manera espontánea y sorprendente.
De esta manera, quiero tratar de agradecer a los actores,
y a la Sala Lugones todo lo que hizo por el cine con sus ciclos
y retrospectivas desde hace muchos años, agradecerle
al cine que mas respeto y que mas respeta a un público
que busca algo fuera de lo convencional, algo que no aburra.
Esta es mi excusa para intentar plantear algunas preguntas
sobre cual es la relación entre la gente que vive fuera
de las ciudades y la cultura. Finalmente, se trata de preguntar,
con simpatía, cual es la relación entre el hombre
y los espacios culturales.
BIOFILMOGRAFIA DEL DIRECTOR:
Lisandro Alonso nació en Buenos Aires en 1975.
En el año 2004, su segunda película, Los muertos,
se presentó en la Quincena de los realizadores del
Festival de Cannes. En el 2001, escribió, dirigió
y produjo su primer film, La libertad, selección oficial
Festival de Cannes, sección Un Certain Regard. En 1995,
co-dirigió con Catriel Vildosola el cortometraje Dos
en la vereda. Se ha desempeñado como asistente de sonido
en los films El bonaerense y Mundo grúa, de Pablo Trapero,
y como asistente de dirección de Nicolás Sarquís
en su film Sobre la tierra.
Dos en la vereda (16mm, color, 3 min., 1995)
La libertad (35mm, color, 73 min., 2001)
Los muertos (35mm, color, 78min., 2004)
Fantasma (35mm., color, 63 min., 2006)
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