Resumen
Ejecutivo.-
La producción de biocombustibles líquidos
aparece como competitiva en costos a los precios actuales
de petróleo, y una cantidad creciente de países
está considerando seriamente el desarrollo de un mercado
local, es decir la producción y demanda de biocombustibles
líquidos. Uno de esos países es Argentina. Como
segundo país más grande de Sud América
y el octavo del mundo, Argentina tiene un significativo potencial
bioenergético. Ya alberga una industria agraria bien
equipada y eficiente ubicada entre los productores más
importantes del mundo de diversos productos agrícolas.
El Senado argentino ha aprobado una ley de biocombustibles
líquidos en mayo de 2006, que delinea un mecanismo
de incentivo (exenciones impositivas) para productores de
biocombustibles líquidos y los requerimientos para
alcanzar, a principios del año 2010, un corte de un
mínimo de 5% en volumen de diesel y naftas
Los tres objetivos principales de la investigación
son: identificar y analizar las probables futuras cadenas
de valor del biodiesel y el bioetanol en Argentina, deducir
las direcciones más probables de su desarrollo en el
corto plazo (hasta 2010) y mediano plazo (después de
2010), y discutir la sustentabilidad de este desarrollo.
El hallazgo clave del análisis de las
cadenas de valor en el estado actual del mercado emergente
para el biodiesel y el etanol, es que es posible el surgimiento
de la producción de biodiesel para el mercado internacional
en el corto plazo. Por el contrario, no parece probable el
mercado de bioetanol en el corto ni en el mediano plazo, ya
que los actores principales las empresas del petróleo
y de los aceites vegetales- se oponen a su desarrollo. Su
influencia parece mayor que la de otros sectores potencialmente
interesados en la producción de bioetanol.
El interés de las compañías
petroleras en los mercados local y externo de bioetanol puede
también considerarse observando la matriz de consumo
de combustible del transporte local. Alrededor del 55% del
consumo total de los vehículos es diesel, y sólo
el 20% es nafta. Aunque las refinerías en Argentina
operan hoy a plena capacidad, tratando de maximizar la producción
de diesel, un 3 % del consumo anual tuvo que importarse en
el 2005. Como naftas y diesel son coproducidos en el proceso
de refinación, la intensa producción deja a
las compañías petroleras con un exceso de naftas,
que se exporta en la actualidad. Por lo tanto, no tienen interés
en desarrollar el mercado de un producto sustituto como el
bioetanol. Aun más, aumenta la conversión de
los motores nafteros para funcionar con gas natural comprimido
(GNC). El GNC ya ha sustituído una parte significativa
de los motores a nafta en los últimos años,
y se espera que el ritmo de conversión sea creciente.
Por otra parte el mercado del diesel mantiene su fortaleza
ya que la red de tráfico del país descansa fuertemente
en el diesel para el transporte de larga distancia en camiones,
el de pasajeros y también en la maquinaria para labores
agrícolas.
Otra razón importante en favor de la
producción de biocombustibles es la posición
dominante que tiene el cultivo de oleaginosas en la producción
e infraestructura agrícola en Argentina. Este país
está entre los tres máximos productores y exportadores
de aceite vegetal, y los fuertes lazos industriales de esta
producción obviamente favorecen la producción
de biodiesel. Es muy probable que la producción de
biodiesel consista primariamente en instalaciones a gran escala
bajo el dominio de las industrias del petróleo y de
los aceites vegetales. El mercado de destino en el corto plazo
será muy probablemente solo el de ultramar. Esto es
así principalmente porque el mercado local está
aun surgiendo y los precios actuales del diesel son menores
que los costos actuales de producción del biodiesel.
No parece posible que exista una demanda local antes del 2010,
sin que existan requerimientos legales para el corte de combustibles.
Por otra parte los mercados de ultramar tales
como la Unión Europea, ofrecen ahora una demanda asegurada
a precios más altos. También el sector agrícola
en Argentina, en particular la industria del aceite vegetal,
así como muchas de las actividades de las compañías
petroleras, están ya orientadas al comercio exterior.
Una producción local de etanol para corte de naftas
es relativamente improbable aun en el mediano plazo (post
2010) y con requerimientos legales para el corte.
Argentina no es suficientemente poderosa para
promover una producción de bioetanol para corte de
naftas, y hoy día se dispone de la materia prima en
cantidades pequeñas. Aun más, como se ha dicho,
el mercado local no es seguro, y en los mercados de ultramar
Argentina tendría que competir con productores altamente
eficientes como Brasil. Pero aún en el mediano plazo,
los mecanismos de incentivación actuales descriptos
en la nueva ley no parecen suficientes para compensar los
altos costos de inversión de una planta de bioetanol.
Por lo que se aprecia hoy, la producción de bioetanol
puede fortalecerse cuando se llegue a una importación
neta de petróleo dentro de 2 ó 3 años
y se agoten las reservas de crudo en general en Argentina,
que se suponen durarán sólo otros 9 a 12 años.
Sin embargo, los biocombustibles líquidos no se han
integrado todavía en una estrategia energética
global en Argentina. Asimismo no queda aun claro cuál
sería la materia prima a partir de la cual se produciría
el bioetanol. Las opciones actuales incluyen el maíz,
la caña de azúcar y el sorgo.
El panorama actual del mercado del biodiesel
tiene también incertezas con respecto a su desarrollo
sustentable. Las dos cuestiones preocupantes son
un rol limitado de las pequeñas y medianas empresas
(Pymes) y una materia prima adecuada y diversificada para
el biodiesel. Hoy día el enfoque está en una
producción en gran escala derivada del aceite de soja.
Parece sin embargo deseable asegurar un desarrollo con una
escala de producción más equilibrada, es decir
un mercado con acceso de todas las partes interesadas y una
diversificación de la materia prima para la producción
del biodiesel.
La nueva ley de biocombustibles líquidos
y sus mecanismos de incentivación tendrán una
gran influencia en el diseño del mercado y, por ende,
enmarcará el rol de las Pymes. Hoy el mecanismo de
incentivación aparece como muy débil para fortalecer
dicho rol. Los altos costos de inversión y la percepción
del riesgo prevalecen en Argentina; la gente tiene todavía
una significativa desconfianza y descree de la política.
A la ley le falta transparencia y no delinea claramente los
criterios de prioridad para la exención de impuestos.
Tampoco está integrada todavía en el marco legal
general; hay un riesgo apreciable de superposición
entre legislación nacional y provincial, y la falta
de claridad en las responsabilidades acarrean problemas en
la puesta en vigor de la ley.
La mayor parte del diseño de la nueva
ley así como de su puesta en vigor recaerá en
el Secretario de Energía y en la Comisión Nacional
de Biocombustibles. La Comisión (encabezada por el
Secretario de Energía) debería tomar estos puntos
en consideración para el desarrollo consecuente de
la ley y su decreto regulatorio. Más aun, el secretario
de Energía debería dejar sentado pronto, cuál
es el rol que los biocombustibles líquidos jugarán
en el futuro de la matriz energética argentina, para
presentar un claro y equitativo espacio de juego a los inversores.
Esto incluye una definición sobre los precios locales
en el corto y mediano plazo de naftas y diesel, y sobre la
producción de biocombustible líquido para uso
interno o exportación.
Argentina es un importante exportador de productos
de aceite vegetal, pero se convertirá en un importador
neto de crudo dentro de 2 ó 3 años. Por lo tanto
los costos de oportunidad de la producción de biodiesel
jugarán pronto un rol importante. El desarrollo del
precio local en el corto y mediano plazo del diesel y el petróleo
será un mecanismo importante de simulación para
la producción de biocombustibles líquidos para
el mercado interno argentino. Hasta ahora los precios se mantienen
artificialmente bajos debido a la estrategia del gobierno
que apunta a suministrar electricidad y combustible a bajos
precios, puesto que el país ha sufrido recientemente
una severa crisis económica y el poder adquisitivo
de la sociedad se mantiene bajo. Sin embargo, cuando se llegue
a la importación neta de petróleo, automáticamente
los precios en el surtidor deberán aumentar.
Hasta ahora, los costos de producción
del biodiesel son bajos en Argentina y casi pueden competir
aún a los bajos precios al público del diesel
local. La estrategia que prevalece hoy en la industria es,
sin embargo, proveer sólo al mercado de exportación.
No se ha diseñado todavía una política,
qué mercado debe satisfacerse en el mediano plazo (después
de 2010) y qué precios se aplicarán para el
diesel y el petróleo. Esto debe integrarse en una estrategia
global para Argentina, desde la Secretaría de Energía.
A este respecto parece deseable desarrollar una producción
de biocombustibles líquidos con demanda interna y externa
en el corto plazo, y volver atrás a un
suministro del mercado local en el mediano plazo.
El diseño de un mercado de biodiesel
también dependerá de la definición de
una adecuada norma de calidad. Por lo que se aprecia hoy,
la norma de calidad se alineará con la europea, que
es considerada estricta en sus requerimientos. Si bien se
debería establecer y poner en vigor una norma de calidad,
su diseño influirá fuertemente en la posibilidad
de acceso al mercado de las Pymes. Esto debería ser
tomado en consideración por la secretaría emisora,
la Secretaría de Energía.
El otro punto importante de preocupación
acerca del desarrollo sustentable del mercado
del biodiesel en Argentina es el uso exclusivo de porotos
de soja como materia prima del aceite vegetal. Parece conveniente
impulsar una diversificación de la materia prima del
biodiesel, así como una revisión del impacto
ambiental y social del cultivo de porotos de soja en Argentina.
Hoy día no hay todavía una evidencia que el
balance energético del biodiesel basado en el poroto
de soja sea positivo en la situación argentina. Por
otro lado su balance GHG parece favorable comparado con el
del diesel convencional.
La competencia por el uso del suelo parece
ser un problema sólo en la región norte de Argentina,
la más pobre del país. Sin embargo hay todavía
en Argentina regiones donde la gente sufre hambre y sed, en
un país en que el campo produce cerca de tres veces
lo necesario para alimentar a su población. En el año
2003 cerca del 50% de la sociedad vivía todavía
bajo la línea de pobreza. Uno de los asuntos más
controvertidos de la producción de porotos de soja
a este respecto, es que mientras parece existir competencia
por el uso del suelo para la producción de alimentos,
el cultivo de soja constituye también un importante
ingreso en la región norte del país.
El problema principal surgido del cultivo
de poroto de soja parece ser el que la mayor parte se produce
en condiciones de monocultivo, que tiene efectos negativos
sobre el suelo (agotamiento de nutrientes), la biodiversidad
y la dependencia creada a los agricultores de los precios
del poroto y el aceite de soja. El contenido de aceite de
la soja es muy bajo (18%) y una parte significativa del rédito
económico lo generan las proteínas de la soja
(de la harina de soja). Si un mercado de biodiesel requiriera
un gran cultivo de poroto para obtener aceite, existe el riesgo
de una superproducción de proteína y de una
caída en el precio internacional de la harina. Esto
afectaría la estructura de coso del cultivo del poroto
de soja, con un impacto importante en los agricultores pequeños
y medianos; debido al agotamiento de los nutrientes por el
monocultivo de soja, no se podría rotar directamente
a otros cultivos sin realizar inversiones importantes.
El bajo contenido de aceite del poroto de
soja afecta también la producción neta de biodiesel
por hectárea, que es la más baja comparada con
otros cultivos oleaginosos. Esto es problemático, ya
que un corte de 5% de biodiesel en la matriz de combustible
para transporte en Argentina requeriría cerca del 13%
de la superficie actualmente usada para cultivo de poroto
de soja, para asegurar la producción de biodiesel en
el año 2010, y del 15% para el año 2015. Esto
significa que Argentina no puede llegar al autoabastecimiento
a través del biodiesel generado a partir de poroto
de soja, sin extender apreciablemente la superficie cultivada.
Sin embargo esta no parece una opción deseable.
Por lo tanto la Comisión Nacional de
Biocombustibles, y a este respecto especialmente la Secretaría
de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación
debería promover la diversificación de materias
primas para producción de biocombustibles líquidos,
impulsar cultivos oleaginosos más eficientes y un esquema
de rotación de cultivos para reducir el monocultivo.
Para asegurar esto, se estima deseable establecer una estrategia
global para los biocombustibles líquidos que delinee
los objetivos para la producción de biocombustibles
y sus materias primas, integre todos los actores principales
a lo largo de las cadenas de valor, y defina los enlaces entre
las actividades de las diferentes secretarías. La Comisión
Nacional de Biocombustibles tiene el potencial para convertirse
en un jugador central en este aspecto. Sin embargo, para alcanzar
esa posición, sus actividades y objetivos deben estar
más delineados y transparentados.
NOTA: (1) En castellano en el original (NdT).
* De la tesis presentada para obtener
el título de Master en Política y Gestión
del Ambiente en la Universidad de Lund, Suecia. Octubre de
2006. Traducción del Infomoreno.
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