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La finalidad es la integración
social, una suerte de "qué bonita vecindad"
para intentar mejorar las relaciones entre los habitantes
mapuches y las empresas que explotan el suelo en un campo
cercano a Picún Leufú (100 kilómetros
al sur de la ciudad de Neuquén). La defensa de los
mapuches (Huenctru Trawel Leufú) encabezada por la
familia Curruhuinca de la comunidad a raíz de la denuncia
generó en las últimas semanas enfrentamientos
violentos y cortes de ruta.
Tras haberse denunciado mutuamente, ya que los mapuches repudiaron
la intromisión de la empresa en sus dominios y denunciaron
que la firma apeló a desocupados para agredirlos y
convalidar prácticas de usurpación; a la vez
personal de la compañía denunció agresiones
de los mapuches, el conflicto parece haberse atenuado.
Hace días la mediación del ministro
de Gobierno, Educación y Cultura, Jorge Tobares, logró
acercar y hacer firmar a las partes involucradas un acuerdo
que "establece las bases para solucionar el conflicto
intercultural que se presentó a raíz del uso
de las tierras reclamado por la comunidad", según
la información oficial del gobierno neuquino.
Aunque el término las partes recuerda a un juicio,
y no está claro si cada uno de ellas se puede defender
por sí mismas, en especial, la comunidad mapuche frente
a la petrolera.
En este caso son dos modelos culturales los
que están en conflicto y serán controlados por
un orden exterior e imparcial ante la situación, que
constituye el gobierno, y pareciera que el Gobierno dio respuesta
al reclamo mapuche. Sin embargo, las tensiones que tuvieron
su punto álgido en diciembre del año pasado
con una casilla de la comunidad incendiada y operarios heridos,
según las denuncias cruzadas de las partes, no tuvieron
todavía solución judicial ni respuesta política.
Por el momento existe el compromiso por parte
de la empresa de desistir de todas las acciones judiciales
promovidas contra los integrantes de la comunidad. El conflicto
tuvo respuesta, y la respuesta fue el compromiso social. Quizás
resulte después del tiempo que pasó desde que
surgió el problema una solución temporal y algo
ambigua, según el comunicado gubernamental la finalidad,
es "respetar, preservar y potenciar los valores culturales
mapuches". Pero por sobre todo, "asegurar que la
actividad de la petrolera se desarrolle bajo cánones
de buena vecindad".
La Sociedad Anónima presidida por Obrador,
es de Douglas Albrecht, un empresario norteamericano radicado
en Argentina dueño del grupo Tapebicuá, que
controla el 97 por ciento de Celulosa Argentina, además
es uno de los accionistas mayoritarios de la cadena de farmacias
Famacity, cofundador de la productora de biodiésel
Patagonia Bioenergía y de la SFP Merchant Banking company,
asociada al magnate húngaro norteamericano George Soros,
según la información citada con exactitud publicada
por Red Nacional de Medios Alternativos.
A esto se agrega que en una de las reuniones
con los mapuches a la que la empresa no asistió en
diciembre de 2007 la misma alcanzó al gobierno provincial
una nota con la que dejaba en claro que "dicha supuesta
comunidad no tiene reconocimiento nacional, ni provincial,
en virtud de lo cual no existe, por el momento, posibilidad
de considerar la normativa reservada, exclusivamente, para
el Pueblo Mapuche en relación a los territorios que
tradicionalmente han ocupado".
No sólo se debería dar respuesta
a la historia reciente, aunque tensa y preocupante que el
conflicto de la empresa con los mapuches retroalimenta constantemente
sino que también el gobierno debe estar al tanto del
avance de su propia mediación. En primer lugar queda
tratar el tema acerca de si la compañía contamina
o no, para lo cual la empresa deberá "presentar
a la comunidad los estudios de impacto ambiental e informar
detalladamente el tipo de trabajos de prospección a
realizar", según fuentes oficiales.
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