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El pasado 4 de marzo la Compañía Tierras
del Sud de Benetton presentó a la justicia, a través
de sus abogados, un pedido de restitución provisoria
de las 565 hectáreas recuperadas el 14 de febrero de
2007 por la comunidad Mapuche Santa Rosa de Leleque.
Con esto, Benetton le exige al juez Magallanes quedarse con
la posesión del campo en litigio hasta tanto se dirima
el juicio a favor de alguna de las partes.
En esta oportunidad la compañía denuncia que
no se ha cumplido con la medida cautelar decretada en marzo
de 2007, por el juez Magallanes, en el que se le exigía
a la comunidad detener cualquier modificación en el
estado del "inmueble".
Los "irreparables" daños a la "cosa
litigiosa" que con ojo biónico pudieron observar
"desde la ruta" los hombres de Benetton consisten
en: una tranquera, una huerta familiar, un caballo, un gallinero
con ocho gallinas, un corral para los corderos, un cultivo
de papas, una sepultura, un horno de barro y la construcción
de un "puente", que no es otra cosa que dos cantoneras
de un metro u medio de largo atravesando un arroyo.
Claro está que Tierras del Sud (que tiene un millón
de hectáreas en la Argentina- repletas de especies
desertificadoras) no centra su argumento en los posibles daños
a la naturaleza, la tierra o al medio ambiente en general.
Benetton tiembla de solo pensar que "esas construcciones
afectan y afectaran la posibilidad de que la empresa pueda
continuar haciendo uso y goce del bien con la plenitud y finalidad
productiva con que lo venían haciendo antes del ilegítimo
apoderamiento del predio".
Una vez más chocan dos formas de ver (de ser y de
estar en) el mundo. Para Atilio Curiñanco, lonko de
la comunidad Santa Rosa de Leleque, la tierra no es un inmueble,
no tiene valor de uso ni traducción al idioma de las
monedas del uso legal. Es el suelo existencial, el espacio
donde la humanidad puede echar raíces hacia abajo y
ramas, hojas y flores y frutos hacia el aire. Cuando se le
pregunta sobre este nuevo atropello sus respuestas van más
allá y vienen más acá de lo circunstancial:
"Yo no soy un armado, no soy un guerrero, no me siento
un triunfador todavía, pero sí un luchador.
Y luchador por lo que la madre tierra me está haciendo
sentir, porque de ella a brotado mi valor, mi fuerza. Porque
yo fui un tipo de mucho miedo. Mucha timidez. Hasta yo mismo
hoy me admiro: ¿Adónde dejé ese miedo?
Me aferro a la mapu y digo: seguramente el nehuen de nuestra
madre tierra y de los espíritus de nuestros antepasados,
que han sufrido tanto, también están entre nosotros
y también nos dan la fuerza para que nosotros nos pongamos
de pie en nombre de todo el pueblo mapuche."
Otra vez confrontan dos formas de ver, de ser y estar en
el mundo: por un lado quienes buscan que proliferen los hombres
como rebaños de ovejas obedientes y, por el otro, los
que se asumen parte de la tierra. Cada uno de nosotros en
nuestras practicas cotidianas también nos ajustamos
a algunas de estas lógicas.
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