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La situación es delicada también en
términos jurídicos, sin embargo, es un hecho
sin precedentes a nivel internacional que combina la cooperación
de los países involucrados y la diplomacia para poder
hacer justicia y condenar al represor.
Luego de la confirmación de reextradicción
que aceptó México, país en donde se lo
capturó en el 2000 y luego fue entregado a las autoridades
de España en 2003. Ahora Cavallo deberá responder
por las cinco causas abiertas en la Argentina. La extradición
se produce a tan sólo un mes de quedar en libertad
en España, Cavallo estuvo en prisión en ese
país desde el 2003, y tendrá que seguir preso
en Argentina.
Mientras que las causas pendientes en Argentina acusan a
Cavallo de privación de la libertad de numerosas personas
y su sometimiento a condiciones inhumanas de vida, con torturas
psíquicas y físicas. Por su parte, en España,
a petición del juez de la Audiencia Nacional Baltasar
Garzón, lo investigan por genocidio y torturas.
Ante la exigencia de la defensa del propio procesado, la
Audiencia Nacional concedió la remisión de la
causa a las autoridades jurisdiccionales penales de Argentina,
quienes han presentado solicitud formal de extradición.
Cavallo ha aceptado su extradición por lo tanto se
simplificó su traslado. El represor sostuvo en todo
momento que "es inocente o no está de acuerdo
con los hechos que se le imputan por dichas autoridades argentinas".
El militar está implicado, directa o indirectamente,
en la desaparición de 407 personas, entre ellas seis
españoles, en el asesinato de siete y en las lesiones
causadas a 152 detenidos más. Por lo cual la Fiscalía
española pedía para Cavallo penas de entre 13.332
y 17.010 años de cárcel por delitos de genocidio.
El juez argentino Sergio Torres acusa a Cavallo de "imposición
de tormentos cometido en forma reiterada y privación
ilegal de la libertad", situación agravada por
haber cometidos dichos delitos bajo su cargo de funcionario
público, con explicito abuso en sus funciones.
Más allá de la cantidad de años que
recibirá como pena, ahora se sabe que se lo condenará.
Todavía sacude a la Justicia el fantasma de las leyes
de amnistía argentinas. Los indultos decretados por
el entonces presidente Carlos Menem en 1989 y 1990 dejaron
en libertad a los pocos militares que habían sido condenados.
Quizás se deba corregir lo dicho por la comisión
de la verdad de Argentina, en su informe de 1984, donde nombró
a 8.961 personas que desaparecieron durante la dictadura militar.
Sucintan algunas incertidumbres sobre lo qué pasará
después del traslado del represor a la Argentina, sobre
el comienzo del juicio por los crímenes de lesa humanidad
que pesan por su rol en la ESMA - el cual debería empezar
sin perder más tiempo- y cuál será la
condena máxima que se le aplique en Argentina. Ya que
algunas asociaciones defensoras de los derechos humanos, como
Abuelas, cree que el represor llega a la Argentina con intención
de aliviar la pena que le correspondería, y gozar de
la prisión domiciliaria que le otorgaría la
justicia argentina.
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