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La empresa petrolera Pan American Energy ha anunciado
que recientes exploraciones en Chubut, en el área de
Cerro Dragón, han conducido a ampliar sus reservas
en alrededor de 100 millones de barriles de petróleo,
lo que permite aumentar las reservas del país en un
4 %. Si consideramos que el plazo de agotamiento del petróleo
argentino se estima, según cifras oficiales, en alrededor
de 9 años, el descubrimiento permitiría ampliar
el plazo en 131 días, un poco mas de 4 meses.
Todo descubrimiento es bienvenido, aunque lamentablemente
este no varía en mucho la agonía energética
que se avecina. La buena nueva fue ampliamente difundida por
la prensa, y hasta mereció una reunión de directivos
de la firma con la presidenta, quien los recibió en
una audiencia fuera de agenda. El gobernador Das Neves, sospechado
por la traidora extensión de la concesión a
la empresa norteamericana, manifestó exultante su agrado,
y expresó que el descubrimiento es una consecuencia
directa de su política energética.
La concesionaria Pan American Energy sin duda está
de parabienes, el yacimiento no sólo es el más
importante del país, sino que también tuvo la
fortuna de que la concesión que caducaba en 2017 le
fuera extendida por diez años más con la opción
de 20 años adicionales (no vale la pena agregar mas
años porque el yacimiento estará agotado). El
"ventajoso contrato" del Gobernador Das Neves, prevé
un pequeño aumento de las regalías, que por
supuesto es irrisorio.
La política petrolera actual es dislocada y claramente
contraria al interés nacional, las pretendidas ventajas
para las economías provinciales son pequeñas,
ilusorias y de corto plazo. Como los concesionarios tienen
la libertad de exportar los excedentes de producción,
se apresuran a extraer rápidamente los hidrocarburos
para venderlos al exterior, y de esa manera hacen una buena
diferencia económica. Estas empresas no tienen patria,
y si la tienen no está en estas tierras, razón
por la cual no les preocupa nuestro futuro.
Desde el momento en que el gobierno de Menem entregó
nuestros recursos petrolíferos, la Argentina se convirtió
en exportadora de hidrocarburos y a partir de ese momento
comenzó el actual drama energético. Claramente
se avizora en nuestro planeta un futuro de escasez de energía
que conducirá en pocos años, en primer término
a considerables aumentos de los precios de los combustibles,
y posteriormente a la penuria de su falta. Si queremos mirarnos
en el espejo del futuro deberíamos tener en cuenta
que hoy Chile y Uruguay pagan la nafta y el gasoil a 1,5 dólares
el litro y que en Europa el valor ya llega de 1,20 a 1.30
euros.
El fin de la era del petróleo ya dejó de ser
una idea catastrofista y agorera, hoy al igual que el cambio
climático, no se discute. Aún los más
fervientes defensores del petróleo infinito e inagotable
aceptan que el suministro mundial está en graves problemas.
Hace pocos días Jeroen van der Veer, el director ejecutivo
de Shell expuso que la producción de petróleo
y gas convencionales estaban cerca de su cenit (momento de
máxima producción luego del cual disminuye).
Escribió: "Shell estima que con posterioridad
al 2015, la oferta de petróleo y gas de fácil
acceso ya no podrá seguir haciendo frente a la demanda".
Una prueba palmaria de la gravedad de la situación
la dan algunos de los mayores productores mundiales como Méjico,
Noruega e Inglaterra, que disminuyeron dramáticamente
la producción en pocos años. Hoy la realidad
muestra que la producción mundial permanece estancada,
y que los nuevos descubrimientos solo alcanzan para compensar
el agotamiento de los campos en producción, mientras
que la demanda global sigue subiendo.
Por esa razón es que debemos mirar la política
petrolera nacional a la luz de la crisis energética
mundial: agotar nuestro petróleo en un mundo crecientemente
desabastecido es absolutamente idiota. Un país no puede
funcionar sin un abastecimiento adecuado de energía
y la Argentina, recordemos, depende en un 90 % de la energía
del petróleo y el gas. Seguir privilegiando políticas
sociales y económicas de corto plazo es erróneo,
y se torna suicida en materia energética. En el incierto
mundo en el que vivimos, es necesario que el gobierno siga
el ejemplo de los países hermanos como Brasil, Venezuela,
Ecuador y Bolivia recuperando y asegurando la soberanía
energética. Si no lo hacemos nuestro país no
tiene futuro.
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