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El problema pareciera evadirse de lo contemplado en
las leyes argentinas. La compra y venta de personas constituye
la actual esclavitud argentina. Entran en consideración
la concepción que se tenga sobre derechos humanos,
condiciones laborales, explotación laboral a distintos
grados. Aunque el tema es muy amplio, aquí se evaluará
la esclavitud que se propicia en los talleres clandestinos
argentinos.
A partir de 1994 sólo se prohibía la esclavitud,
es decir, las personas no pueden sufrir abusos con fines de
explotación, sea sexual o laboral. En la actualidad
se empieza a mencionar, el problema de la trata de personas.
Si se desea recordar la novela "Vidas robadas",
es el momento. Esa novela dejo en claro, quizás muy
duramente, un problema que crece hace mucho tiempo en el país.
La esclavitud en Argentina parece tener mirada de inmigrante,
en la mayoría de los casos percibidos por la justicia,
los sometidos a condiciones indignas de trabajo son personas
de nacionalidad boliviana y paraguayos en condición
ilegal. Estos trabajadores son traídos muchas veces
engañados con el seguro de que contarán con
el dinero necesario para comer y alimentar a sus familias.
El sometimiento a la servidumbre es un delito tipificado
en el Código Penal en el artículo 140. El mismo
estipula que "serán reprimidos con reclusión
o prisión de tres a quince años, el que redujere
a una persona a servidumbre o a otra condición análoga
y el que la recibiere en tal condición para mantenerla
en ella".
Y la trata de personas... En el pacto conocido como San José
de Costa Rica, con jerarquía constitucional a partir
de la reforma de 1994, estipula en su artículo 6°
la prohibición de la esclavitud, la servidumbre, la
trata de esclavos y la trata de blancas. Y en el artículo
15 de la Constitución Nacional se confirma que no hay
esclavos en Argentina y considera un crimen a quien cometiera
actos de sometimiento. La culpabilidad recae en forma bilateral
para quienes hagan un contrato de compra y venta de personas.
>>> El precio del ser humano
La explotación es un térmico amplio que incluye
el sometimiento sexual, los trabajos o servicios forzados,
la esclavitud, la servidumbre y hasta la extracción
de órganos. Las penas para ello varían según
la condición de la víctima (si es menor de 18
años) o la del "empleador" (si es habitual
que se dedique a la explotación laboral).
Si bien los preciosos recursos escasean y hay que maximizar
su utilización cabe preguntarse de qué forma
se emprende esta máxima actualmente. Los trabajadores
esclavos - y no existe otra forma de llamarlos - son encontrados
indocumentados en casos como el ocurrido hace días
en un operativo policial donde se allanó un taller
textil clandestino que funcionaba en la localidad de Haedo,
partido de Morón. Allí vivían (pasaban
todo su tiempo, incluso el de jornada laboral) 15 ciudadanos
bolivianos sin documentos.
En el 2006 se llegó a desbaratar toda una trama de
explotación de mano de obra esclava, a partir de la
clausura de más de 500 centros clandestinos en la zona
de Caballito, que no contaba con las normas básicas
de seguridad e higiene, y la presencia de "trabajo en
negro". Unos 30.000 trabajadores quedaron en la calle.
Estos trabajadores, además de ser dejados a la deriva
del desempleo, soportaron la violencia psicológica
de ser concientes del sometimiento.
Al respecto, las actitudes del gobierno se orientan a intensificar
las condenas a quienes explotan a otras personas. En el 2001
se intentó considerar en el artículo 140 bis
al Código Penal, objetando que tienen que ser apresados
quienes "captare, transportare, trasladare, acogiere
y recepcionare personas, recurriendo al engaño, a la
amenaza, al uso de la fuerza, u otras formas de coacción,
con fines de explotación, tráfico o celebración
de contratos de compraventa de personas". Iniciativas
que toca rever, también, al gobierno porteño.
Es que el problema no termina ahí, los inspectores
del gobierno para controlar el trabajo en negro y en condiciones
de hacinamiento y precariedad, en general, se ven superados
por las circunstancias. El titular de la Unión de Trabajadores
Costureros (UTC), Gustavo Vera, afirmó que en todo
el partido de La Matanza había tan sólo tres
inspectores hasta hace algunos meses, según publicó
www.comunidadboliviana.com.ar en marzo de este año.
Sin embargo, los inmigrantes en condiciones indignas de
trabajo recapitulan sus temporadas como desocupados y las
que subsistieron como trabajadores clandestinos, más
allá de la trata de personas que se agudiza en el caso
de mujeres y niños, y concluyen que no obtuvieron un
solo trabajo digno.-
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