| Con la asunción
de Néstor Kirchner como presidente del Partido Justicialista
el gobierno espera darle aire a la presidenta Cristina Kirchner,
cuya imagen como figura de fuerza se ha venido desdibujando
desde el inicio del conflicto agrario.
Lo que en un principio se denominó como doble
comando en alusión a la conducción conjunta
de la presidencia por parte de Cristina Kirchner y su marido,
hoy la sociedad comienza a percibirlo como la conducción
en la sombras por parte del ex presidente Nestor Kirchner.
Entonces, desde el oficialismo se pretende desembarcar en
el peronismo y desde ahí cubrir a Cristina del desgaste
que ha sufrido, además sería la manera elegante
de blanquear la ingerencia de Nestor Kirchner en los asuntos
de la nación.
Por otra parte con el control del partido que llevó
a la presidencia a Cristina se logra cerrar filas dentro del
peronismo y asegurarse una fuerza de apoyo que proteja a la
mandataria de posibles enemigos internos y externos del PJ.
Con la apuesta de la trasversalidad clausurada y sin grandes
réditos para mostrar, y con el radicalismo K anulado
por el mismo gobierno el ex presidente apeló a reunificar
el peronismo y embanderarlo para su propio provecho.
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