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El lugar de la mujer en la vida social es un continuo
tema de debate. Los espacios a ocupar por ambos géneros
parecieron estar siempre definidos por moralidades que no
se pueden entrecruzar y por el contrario, tienden a contraponerse,
además de ser pensados como verdades pertenecientes
al mundo de lo natural. Es por eso que, cada vez que el avance
femenino comenzó rasguñar esferas destinadas
solamente para el universo masculino, se trataron de reducir
sus cualidades y aptitudes para el desempeño de diferentes
funciones.
La teoría que dice que es lo doméstico, lo privado
y lo familiar lo que le corresponde a la mujer, y que es lo
externo y la vida pública lo que le corresponde al
hombre, está comenzando a permutar.
Situándonos en la Argentina específicamente,
se está hoy frente a la posibilidad de que sea una
mujer elegida por el pueblo, quien represente al país.
(Aclaro el término elección, ya que entre 1974
y 1976 fue presidenta María Estela Martinez de Perón,
pero quien asumió tal cargo ante la defunción
de su marido y no siendo electa por la mayoría). A
pesar de las contradicciones y de las opiniones que se puedan
tener a favor o en contra de la candidata Cristina Fernández,
se refleja un ejemplo más de soltura y avance de la
mujer en la esfera política. Otros tantos se presentaron
con la candidatura de Elisa Carrió en las últimas
elecciones presidenciales, o con la mayoría de espacios
ocupados por mujeres en los distintos Ministerios de la Nación,
por ejemplo, Nilda Garré en el de Defensa, Alicia Kirchner
en el de Desarrollo Social, o la cuestionada ex ministra de
economía Felisa Miceli.
Podría decirse que es un avance que se corresponde
no sólo a nivel país sino también mundial.
Europa, con Margaret Thatcher, quien lideró el Reino
Unido entre los años 1979 y 1990, fue una de las pioneras
en dar el batacazo. En Francia, en las últimas elecciones,
fue una mujer, Ségolène Royal, quien le disputó
al actual presidente francés, Nicolas Sarkozy, la presidencia.
En Irlanda Mary McAleese, reasumió como presidenta
en el 2004 y en Letonia fue elegida Vaira Vike-Freiberga para
ocupar dicho cargo. Como también está el caso
de Angela Merkel, primera mujer canciller en Alemania.
Si se focaliza el análisis en el continente americano,
específicamente en el norte, se puede ver que Hillary
Clinton está en vísperas de convertirse en la
candidata demócrata para las elecciones del 2008. Hecho
destacado, al haber sido siempre la presidencia lugar al que
han accedido solamente hombres. En el caso del sur, la socialista
Michelle Bachelet, quien tras haber manejado los Ministerios
de Salud y de Defensa, es hoy la primera presidenta en Chile.
Estos son algunos casos entre los tantos que se están
produciendo. Las mujeres están siendo incorporadas
para ocupar posiciones que ya no le son bloqueadas. Hay indicios
de inclusión (sólo indicios, la inclusión
todavía no es pareja) en la vida política, que
hace que se de, de forma casi simultánea en el mundo,
la posibilidad de que sean ellas quienes ocupen cargos de
alta responsabilidad. Esto no las deja exentas a que se les
reclame de la misma manera que a los hombres o que se les
exija transparencia en sus mandatos. Un caso concreto es el
de Felisa Miceli, ex Ministra de Economía, quien renunció
a su cargo tras haberse descubierto en su despacho un bolso
con dinero.
De esta forma, empiezan a desplomarse moralidades muy rígidas
que nada tienen que ver con una cuestión de género.
Son diferenciaciones poco cuestionadas que aunque estén
lejos de nivelarse, significan un impulso importante para
las sociedades.-
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