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"Existiendo el sujeto como producto
de la historia,
existe una reinterpretación al infinito
y refundación
en la historia de un nuevo sujeto. Es posible
entonces,
tratar de comprender la forma en que se
instituye
en cada momento histórico la relación
de una sociedad
con la violencia, cómo se fabrica
un hombre violento o
dócil o cómo el discurso
sobre la violencia fabrica sujetos
resistentes o sumisos y cómo su
reinterpretación
puede introducir nuevos acontecimientos
que compelen
a la violencia a presentar su nuevo rostro."
Michel Foucault
La violencia toma varias formas y se genera en diferentes
contextos. A veces parece lejana, otras más cercana,
se clava en el cuerpo o en el alma, se disfraza de golpe o
de palabra, pero su estructura nunca dejará de ser
el poder que tiene de atravesar la vida de todos. Nadie le
puede escapar. Aunque se la trate de excluir, de mirarla de
costado, de no querer apropiársela, ésta se
vuelve con más fuerza para dejar resonando más
violencia. ¡He aquí un común denominador!
Violencia es ir a un evento deportivo y no entender el porqué
tantas fuerzas policiales se amurallan en las calles, escudados,
armados, disfrazados de hombres malos, hasta que un aluvión
de individuos comienza a pelearse con otro aluvión
de individuos, y se insultan, se pegan, se disparan, y ya
no es tan sencillo reconocer quien forma parte de qué
grupo porque todos visten los mismos colores, todos visten
el mismo escudo. Y después de la avalancha todos los
que saben algo callan. Porque no hay quien esté librado
de responsabilidad o porque no hay quien no sienta el temor
de ser vengado.
Violencia es caminar por las calles de la capital con rumbo
incierto y no poder uno darse cuenta si es de día o
de noche, si salió el sol o esta nublado. Será
que en algunos años más sólo tendrán
esa oportunidad quienes posean el dinero suficiente para comprarse
un departamento en el piso treinta. Será que los que
habitan esos lugares de tan creyentes creen que es la única
manera de estar cerca del cielo.
Violencia es prender la TV y ver cuerpos exuberantes que
se sacuden frente a la cámara exponiendo las nuevas
adquisiciones en plásticos para causar deseo en hombres
que nunca alcanzarán ni remotamente a tocarlos, para
causar deseo en los empresarios que comen, viven y se enriquecen
con ese negocio, y para desesperar a mujeres que desean transformarse
en cosas que se mueven, como meros objetos que ridiculizan
a toda la especie humana, porque hacen desear ficciones para
una realidad que no tiene demasiado que ver con lo que se
expone.
Violencia es querer despejarse de los ruidos, las bocinas
y el smog de la ciudad y acercarse ingenuamente a la rivera
para entrar en contacto con la naturaleza más cercana,
y darse cuenta que el nombre que titula a la ciudad no es
más que una mentira. El color ya de marrón pasa
a estar ennegrecido, y el olor que se respira repugna a tal
punto de preferir el veneno de la calle, antes que el veneno
de los ríos.
Violencia es pagar el boleto de tren frente a una máquina
muy bien sincronizada, y encontrarse con una criatura que
recién aprendió hablar que extiende su mano
pidiendo algo que todavía no debe entender muy bien
qué es y se sonríe con la pureza de no haber
visto más realidades que las que vio y que por ahora
se conforma con tener de compañía todo el día
a la máquina expendedora de boletos. Pero violencia
también será cuando esa criatura crezca y entienda
que muchos en su infancia la vieron así y nadie hizo
demasiado por ayudarla.
Así como estas podrían describirse muchísimas
más formas que toma la violencia y que conviven en
esta ciudad vertiginosa. Pero además, cabe destacar
que esta goza de una ventaja que más que eso es un
problema: se la naturaliza. Se cree que porque se acrecienta
es normal que se articule de todas estas formas. Debe estar
sorda porque para su supervivencia toma estos medios, pero
no escucha que no se hace un pedido de rebelión para
cambiar estructuras que de ya tan arraigadas también
parecieran naturales, sino que se pide la inclusión.
Si esto es así para alguien pues que lo sea para muchos.
Es una ambición que de tan sencilla que parece se torna
muy difícil. Porque todos dirán en sus discursos,
tanto gobernantes como ciudadanos, que desean que todos vivan
bien, sin pobreza o cuidando el medio ambiente.
Pero este es un gran punto, que para que algo se traduzca
al mundo de lo real se debe actuar en función a ese
fin y no dejarle la responsabilidad a otra persona porque
el vacío que un ser deja será irremplazable.
O tal vez será que esta ciudad es demasiado patológica
o peor, está más disfrazada que la mismísima
violencia, porque tras el discurso de pretender el bienestar
general se deja que todo se pudra por sí solo, y se
mira con desprecio al que no tiene o al que lucha. Entre la
ceguera, la mudez y la sordera es que la violencia hecha raíces
con más facilidad.-
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