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01/11/07: ESPECIALES.
Confuso.
El clima electoral confuso se sintió desde un principio. Desde las campañas aplacadas e incluso algunas nefastas, hasta el día D.
Por: Andrea Constanza Ferrari.
Aquel que tuvo la buena intención de disfrutar un día de democracia bajo el sol y en familia no lo pudo lograr de ninguna manera. El escenario de los colegios argentinos mostraban todos, o casi todos, una misma imagen: calles colapsadas por grandes masas humanas acaloradas que esperaban ser llamados para poder ELEGIR. Quejas, fastidios e insultos. Una muy mala manera de encontrarse horas más tarde frente a un cuarto oscuro que tras desordenados bancos escolares mostraban un sin fin de boletas de diferentes candidatos (aunque extrañamente muchos representando una misma línea política), y que a su vez se repartían en otro sin fin de cargos para elegir. Por supuesto, que esto no fue así en todos los casos, algunos sitios, es probable que hayan decidido esconder boletas para que la gente no se sintiera tan abrumada.
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Indudablemente, el elector, que ya se encontraba bastante desorientado por: 1) campañas políticas poco claras, sin programas ni equipos de trabajo serios para proyectar el futuro; 2) actos políticos vergonzantes, donde el 90% de las personas concurrentes estaban pagos, adornados con escandalosos carteles, binchas, gorros y remeras haciendo el ridículo (aunque no tanto como los que se encontraban del lado del escenario); 3) silencios y ausencia casi absoluta de propuestas o debates para que la población pudiera adquirir mayor información acerca de los candidatos, algo un poco más profundo que afiches vistiendo la ciudad y slogans sin sentido; 4) una fuerte desmotivación al sentir que todo en las elecciones ya estaba decidido, lo cual llevó a que muchos dejaran de votar por convicción y lo hicieran por estrategia; vivió su día electoral de la misma manera.

Todo lo ocurrido luego de las siete de la tarde, horario sorprendente de finalización de la votación, no varió de tinte. Un acto de victoria peronista sumamente moderado, con un discurso templado, y muy pocos militantes festejando. Un tercer puesto celebrando a las apuradas un segundo lugar que terminó finalmente por no corresponderle. Un segundo puesto retrasando su discurso esperando a que Dios, tan citado en campaña, le realice un milagro.

La Argentina aspira ahora a que este gobierno que se prolongará cuatro años más, y que ha cambiado el rostro desviado por uno más armonioso y femenino, no resulte tan confuso como todo lo que se produjo en estos meses de cataclismo electoral.

Más del 40% se encontrará feliz y entusiasmado por los años venideros, y el otro 60% deberá esperar hasta el 2011 para intentar llevar a su candidato a la victoria. A no desesperar, que todavía queda un largo trecho y, aunque no sería justo decir que esto recién comienza, puesto que los Kirchner aún quedan en el gobierno, sí es correcto señalar que se abre una nueva etapa. Ojalá sea más clara.-

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