| A la Asociación
de Agentes de Propaganda Médica de la República
Argentina (AAPM-CTA) que denunció en octubre de este
año la intención de la multinacional de comprar
el laboratorio nacional, se le sumó la preocupación
manifiesta de los legisladores nacionales de la Comisión
de Salud de la Cámara de Diputados de la Nación,
los Colegios profesionales y la Superintendencia de Servicios
de Salud de la Nación.
La empresa franco-alemana Sanofi Aventis, nº 1 de Europa
y una de las primeras 5 del mundo, comercializa insulina en
la Argentina, compró el laboratorio Beta debido a que
en las plantas de este laboratorio la insulina se fabrica
íntegramente en Argentina, a diferencia de Aventis
que sólo la comercializa. Sin descartar que la insulina
que produce el laboratorio Beta resulta ser la más
económica del mercado, y por ende de competencia directa
para Aventis.
A mediados de noviembre el Laboratorio Beta les anunció
a los trabajadores que la venta no se iba a hacer, y Sanofi
desistió de la compra. El disputado nacional Claudio
Lozano afirmó que "hemos tratado de evitar que
se consume la compra por parte de un laboratorio Sanofi Aventis,
del único laboratorio productor de insulina en la Argentina,
el laboratorio Beta, que es responsable de aproximadamente
del 48 por ciento de la insulina que se comercializa en el
país".
También Lozano aclaró que "Sanofi Aventis
es uno de los importadores de insulina, por lo tanto perderíamos
la producción a nivel local, de un medicamento de carácter
estratégico". Por lo que la multinacional Aventis
pasaría a ser un "oferente monopólico que
establecería todas las condiciones y terminaría
en precios más altos", puntualizó el funcionario.
Existe el caso de otras insulinas que son comercializadas
por laboratorios extranjeros como Eli Lilly, Novo Nordisk
y Sanofi Aventis pero que no las fabrican en el país
sino que las importan. Por eso la venta de Beta implica el
peligro de que la producción y el acceso de un medicamento
de vital necesidad para la población se congelen en
el mercado multinacional. Es decir se seguirá abasteciendo
de insulina al país pero con una altísima -
por no decir total - concentración y extranjerización
empresaria.
Hace más de un mes en el Ministerio de Trabajo los
abogados de la empresa Sanofi Aventis negaron la compra de
Beta. Ante todo, porque es sabido mediante la experiencia
en materia de fusiones de multinacionales que los empresarios
nieguen la operación hasta que el hecho esté
consumado.
Además, la empresa Sanofi-Aventis tiene 187 visitadores
médicos y Beta alrededor de 170, por lo que el sindicato
acudió, con anterioridad a la venta del laboratorio
nacional, al Ministerio de Trabajo para exigir garantías
sobre la continuidad de las fuentes de trabajo. Ésta
constituye la otra arista del problema que representa la venta
del laboratorio nacional. Es decir, los derechos de los trabajadores.
Asimismo, el secretario general de la Asociación Agentes
de Propaganda Médica, Ricardo Peidro, advirtió
que "desde AAPM hemos declarado el estado de alerta y
asamblea permanente con la posibilidad de comenzar un plan
de lucha con medidas de fuerza para defender cada una de las
fuentes de trabajo de los visitadores médicos del laboratorio
Beta".
También desde el poder legislativo, el diputado Gorbacz,
señaló que "es de importancia vital para
la población que nuestro país conserve el único
laboratorio nacional de insulina. Y tenemos que plantearnos
una política soberana en materia de medicina y tecnología
médica". También sostuvo, en declaraciones
a este medio, que "no escuchamos ninguna voz del Ministerio
(de Salud de la Nación), que evitara o alertara sobre
esta situación".
>>> ¿Capitales nacionales o extranjeros?
Si se desea desarrollar la producción nacional se
debería buscar medidas que alentaran a la inversión
local. Y la inversión local se desprende directamente
de iniciativas políticas a nivel macropolítico,
a partir de que es el Estado el mayor garante de la inversión
nacional. La ecuación, si bien no es exacta ni determinante,
es la punta del iceberg del discurso ideológico que
marcó el gobierno kirchnerista.
Por lo tanto, se pone en juego el principio de la libre competencia
propio del capitalismo en democracia. Las fuerzas del mercado
nacional serían controladas por multinacionales en
lo que respecta a la comercialización de insulina,
pero esta tendencia puede ir en aumento también en
otros bienes o servicios. Aunque la venta está paralizada
no es definitiva esta situación.
Tanto el gobierno como los medios masivos de comunicación
en su función de "dar a conocer" o informar
tuvieron una escasa difusión de la noticia. Por lo
que no se dio el debate social pendiente sobre el tema. Así
se conformarían los rasgos de un modelo de pasividad
en materia de información. Sin embargo, la información
por la vía de otros medios (en especial, Internet)
y por parte del gobierno legislativo salió a la luz.
Sin embargo la venta de Beta todavía es una posibilidad,
las nuevas autoridades que conforman el entorno presidencial
deben actuar en favor de la producción nacional, mucho
más en el caso de la insulina. Es útil recordar
aquí que la actual presidenta Cristina Fernández
de Kirchner fortaleció notablemente el presupuesto
en investigación y desarrollo científico. ¿Acaso
éste no es un claro ejemplo de hacia donde debe destinarse
el presupuesto nacional en materia científica, farmacéutica
y de expansión en la producción nacional?
Ya sea que el laboratorio Beta se vendiera o no la necesidad
de que el actual gobierno se encargue del precio y del abastecimiento
de insulina en el país resulta imperioso. Descontando
que se debe tomar conciencia de lo que implica vender el único
laboratorio nacional, y esto no remite únicamente a
cuestiones económicas sino también políticas.-
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