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Últimamente Buenos Aires se esta despertando con una
inmensa niebla que nada lo deja ver. Paraliza todas las redes
de comunicación: los aviones no pueden despegar ni
aterrizar, los vehículos deben bajar sus velocidades,
los barcos quedan imposibilitados de zarpar. La bruma atemoriza
porque no deja ver que hay más allá.
Muchas ciudades del sur de Lima amanecen con una bruma similar,
pero de polvo. Un terremoto arrasó con viviendas, hospitales,
iglesias, comercios, y por sobre todo, con vidas. Chicos,
medianos, ancianos. La tierra en este caso no discriminó.
Todo quedó en estado de caos. Se respira la muerte
en todos los rincones y queda solamente la necesidad de ayuda.
Cuando el hambre abunda, la sed ahoga y la desesperación
no cesa, es en ese mismo momento, cuando las costumbres y
los buenos modales parecen reírse en la cara de los
que sufren. El presidente de Perú Alan García
ha dicho: "El país está pidiendo orden
y orden tendrá, y para lograrlo, hemos redoblado la
seguridad y han llegado más efectivos policiales".
Estas palabras carecen de sentido entre la gente que habita
los lugares desvastados, porque el orden no existe, y no hay
ni instituciones militares, ni policías que puedan
restablecerlo. Ya no existen las reglas que digan cómo
se debe vivir. Sería demasiado optimista, y hasta ingenuo,
pensar que de esta manera podría solucionarse algo.
El lenguaje es uno solo y se debate entre lo más básico:
la vida y la muerte. ¿Cómo se vive después
de haber visto el horror? La imaginación no es suficiente
para explicarle a las conciencias las imágenes de una
crujiente ciudad que en algún momento ha sido el hogar
para muchos y ahora es su tumba. Putrefacción y oscuridad.
No hay luz, no hay comunicaciones, no hay comida ni bebidas.
Lo que quedan son ausencias y búsquedas entre escombros
que no dicen nada más que su silencio ¿De qué
orden se puede hablar?
La niebla de Perú no es la misma que la de acá.
No deja ver más allá, pero porque solo importa
el día a día. El futuro se torna burlesco. Son
estos acontecimientos los que invitan a reflexionar acerca
de lo que ocurre cuando todo lo que adorna la vida cotidiana
se derrumba y pierde valor. Para ello se necesita salir del
letargo y permitirse ver más allá de lo que
se ve y que la bruma solo enceguezca a quienes no quieren
ver.-
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