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Hablar, leer o escribir sobre política en época
cercana a las elecciones parece tarea difícil. Siempre
lo es, pero este es el momento en el cual se le otorga a la
población la mayor cantidad de información cívica
en forma desprolija y casi a las apuradas, como si toda la
planificación hubiera sido armada en los últimos
dos meses. Se podría creer que es una manera de aturdir
a quienes tienen la obligatoriedad de voto o peor aún,
que realmente todos los programas hubiesen sido rápidamente
improvisados. Se viste al país de campaña electoral,
y no hay afiche que no sea tapado por otro de diferente candidato.
Cada uno hace esfuerzos creativos o más bien monetarios,
para encontrar un slogan que capte la atención de manera
inmediata de cualquiera que distraído y casi sin quererlo
se vea atraído por alguna "frase hecha".
Propaganda política: inunda la capacidad visual y auditiva
de manera más violenta que la programación televisiva
de las diez de la noche, aunque lamentablemente no inunde
el estómago de la misma manera.
Personajes que se han disputado puestos en elecciones anteriores
hoy se unen como por arte de magia y aparecen en fotografías
sonrientes compartiendo ideas acerca de cómo llevar
el país adelante, cuando en sufragios anteriores se
atacaban de la manera verbal más violenta. Otros personajes
muy llamativos, se dedicaron a desarmar oposiciones para agrupar
a un híbrido de comediantes (para no mencionar otras
cualidades) en una sola fila, haciendo y deshaciendo a su
antojo alianzas entre quienes tienen pasados históricos
políticos bien distintos. Será que las ideologías
hoy pasaron a tener un rol secundario y las fusiones se establecen
de acuerdo a la manera más práctica de sumatoria
de poder. Es más, como ya se ha visto en "fiestas
cívicas" anteriores, muchos candidatos se le han
reído en la cara a la Constitución, por ende
a la población. Regla que no gusta o que no se ajusta
a las posibilidades de candidatura se cambia con una simpleza
tal que sorprende al principio pero que luego resigna al que
esta más comprometido, que abate al que quiere luchar
contra algo que le parece injusto o sencillamente le pasa
desapercibido al que no le interesa (y que posiblemente sea
quien lo vote).
La seriedad se pierde casi por completo. Se reúnen
diferentes candidatos en debates que tienen mayor éxito
que una comedia teatral. Todo está montado de una forma
tan artificial que no sólo pierde credibilidad, lo
cual es lamentable, sino que la falta de espontaneidad hace
que se noten claramente los discursos pre-armados que son
enunciados por aquellos personajes públicos que mejor
los supieron interpretar. La teatralidad del poder una vez
más esta manifestada como todos los años lo
hace.
Seguramente, como muchos dicen, los políticos no son
más que un reflejo de los ciudadanos. Sería
ingenuo creer que son seres traídos del más
allá que aparecieron repentinamente sedientos de poder,
de dinero y de deseo de reconocimiento, y que lo quieren destruir
todo con gran impunidad. Claro que hay de estos, como también
hay gente muy poco preparada e improvisada, como también
están aquellos que se aprovechan de la inocencia, pobreza,
mareo e inmoralidad que se vive ante la velocidad de los acontecimientos.
Muchos políticos actúan de manera desleal porque
ven la oportunidad de hacerlo ante una masa de personas que
lo olvidan todo fácilmente. Pero claro que hay quienes
tienen memoria y trataran de colectivizarla de la manera que
sea posible. Es necesario desenmascarar aquellas caras estiradas
que no hablan para adentro y clamar por representantes que
sean sinceros, para que se pierda en el olvido el mismo olvido
y para repudiar la artificialidad política, y con ella
a todos sus personajes de ficción.-
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