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Roberto Lavagna se imagina en la
segunda vuelta.
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Roberto Lavagna presentó a parte de su hipotético
gabinete, con el cual piensa gobernar si logra ganar la elección.
Ellos son: el peronista de origen duhaldista Eduardo Camaño,
como ministro del Interior, -quien fuera presidente de la
Nación en el 2001 y es actual diputado nacional- e
Hipólito Solari Yrigoyen -que como su nombre lo indica
no puede ser sino radical- en la cartera de Derechos Humanos.
El candidato a presidente por la Concertación UNA
(Una Nación Avanzada) dijo que le pidió a Solari
Yrigoyen que aceptara el cargo porque se trata de "un
asunto que le resulta muy cercano, no sólo por su historia
personal, sino también porque hace ya muchísimos
años que está trabajando a nivel internacional
como uno de los máximos expertos de la Argentina en
esa materia". Recordemos que Solari fue una de las primeras
víctimas de la organización anticomunista conocida
como la Triple A, en noviembre de 1973.
Sobre el otro futuro ministro, Eduardo Camaño, resaltó
que se haría cargo del "Ministerio del Interior,
una cartera dedicada a la búsqueda de la concertación
política, a hacer de nexo entre el Ejecutivo y un Congreso
de la Nación con peso e influencia como el lugar donde
se buscan los consensos". Y para terminar con los anuncios
concluyó diciendo que "se trata de los dos primeros
ofrecimientos formales porque creo que la concertación
de voluntades políticas y la defensa de los derechos
humanos en serio, sin uso espurio, son absolutamente fundamentales".
Pero Lavagna también aprovechó para referirse
a otro hipotético escenario; el de su derrota. Aseguró
que estará "dispuesto a conversar" con un
próximo gobierno encabezado por la actual senadora
bonaerense, Cristina Fernández, aunque manifestó
una serie de condiciones que parecen impedirlo: "Yo estaría
dispuesto a conversar, pero sin verso, si hay diálogo
en serio, si se puede discutir la derogación de algunas
leyes que implicaron un avance del Poder Ejecutivo sobre el
Congreso y el Poder Judicial", dijo el ex ministro de
Kirchner y Duhalde, y para ser más específico
sobre sus condiciones explicó que se trataba de la
derogación de la ley conocida como "superpoderes"
para el jefe de Gabinete; la que reformó el Consejo
de la Magistratura y la que permite la utilización
de decretos de necesidad de urgencia.
"El diálogo debe empezar con la derogación
de estas tres leyes. Con esto, el Ejecutivo volvería
a reequilibrar los poderes de la República, a darle
al Congreso el papel que corresponde y al Judicial la libertad
que necesita".
Condiciones que seguramente no se cumplirán. Si se
tiene en cuenta que la candidata oficialista defendió
esas tres iniciativas con vehemencia en el Senado de la Nación.
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