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24/01/08 NACIONAL
Empecemos por la cocina... De edificio histórico a hotel de lujo.
Continúan los conflictos entre los ex alumnos de colegio La Salle y los empresarios que persisten con la idea de construir un hotel de cinco estrellas en el lugar del establecimiento educativo. ¿Con qué criterios se manejará el gobierno para con los patrimonios culturales e históricos? ¿Y cuál será la resolución legislativa al respecto?.
Por: Daiana Martínez

No sólo es un duro golpe a la nostalgia, existen razones políticas para preservar el colegio La Salle de la calle Riobamba y Viamonte en Capital Federal que ocupa ese lugar desde 1898. El mismo "está catalogado como relevante desde lo cultural por lo que sería un crimen arruinarlo con una construcción como la que se pretende hacer", advirtió Víctor Giunta, ex alumno del establecimiento en el que funcionaba un colegio.

Sin embargo, la Legislatura porteña recién podrá debatir en el mes de marzo un proyecto de ley para declarar sitio histórico al edificio, según señaló la presidenta de la comisión de Patrimonio Arquitectónico y Paisajístico de la Legislatura, Teresita De Anchorena.

La comisión de De Anchorena presentó un pedido escrito ante la dirección de obras y catastro para que el edificio no sea tocado hasta que salga la ley. Además, ya desde octubre de 2007, está en estudio por el cuerpo legislativo una iniciativa para declarar al lugar como "Edificio de Valor Arquitectónico". Esta vía judicial está más cerca del reclamo de los ex alumnos, ya que "cuando la Legislatura declara a un lugar con valor arquitectónico, no se puede demoler", precisó la legisladora ante Télam.

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Una de las razones de más peso para evitar la construcción del hotel es, siempre y cuando la legislatura declare al edificio sitio histórico, que se prohíbe destinarlo para un fin distinto del que siempre tuvo, o sea, el educativo.
Mientras tanto, los ex alumnos impiden que se "convierta el histórico edificio del barrio porteño de Balvanera en un emprendimiento turístico" según sus palabras, y exigen que la Legislatura proteja el lugar. Por su parte, el parlamento aunque declare al lugar sitio histórico sólo podrá estipular qué partes del edificio se podrán modificar y cuáles no. En ningún caso evitará su modificación.
Los padres y a la comunidad educativa se quejaron luego de que las propias autoridades del colegio les informaran que en lugar en cuestión se construiría un hotel cinco estrellas y un centro de convenciones. A lo que se sumaron distintos medios porteños para hacer hincapié en que las obras a realizar perturbarán la vida cotidiana del más de millar de niños y adolescentes que asisten al colegio. Es que, aunque no será modificada la capilla del colegio como se pensó en un primer momento, se alterará el uso normal del salón de actos, y no existirá más el patio de los chicos. Quedarán en pie el teatro y el hall de entrada.

Está seriamente comprometido el colegio La Salle que hasta la creación del hotel ocupa una manzana, y una parte del edificio que ya está alquilada a la UBA, institución que sufre de graves problemas edilicios en sus facultades.

Pero, ¿qué es lo que sucede mientras tanto en la "cocina" de los negocios empresariales? Pareciera que otra vez en la lucha histórica del entramado conservador y el "progresista" que tiende a modernizar la arquitectura de la ciudad, a trasluz, se dejan ver otros intereses, como el educativo que concierne al interés político versus el factor económico que pregonan las empresas privadas.

Lo que resta para los ex alumnos, luego de la primera aprobación del proyecto para convertir en sitio histórico al colegio, es asistir a las audiencias públicas en donde serán escuchados sus puntos de vista acerca del "emprendimiento".

A esta altura a quienes más interesa escuchar son quienes menos explicaciones dieron, los hermanos La Salle a cargo del colegio. Para las autoridades del colegio, como el establecimiento no funciona para dar clases actualmente aunque acuden los niños el proyecto serviría, al conceder el colegio por 30 años a un grupo de inversores, para sostener económicamente el mantenimiento del edificio.

La modernización de la ciudad está instalándose - casi sin ser concientes de ello - en lugares que hacen a la identidad de cada barrio y no es solamente un conflicto porteño. A la vez, el territorio en cuestión es de propiedad privada, lo que dificulta la intervención plena del Estado.

Es por ello que Oscar Moscariello, del bloque del PRO, señala sobre el problema de la propiedad privada a la hora de declararlo lugar histórico. Moscariello advierte que "es imposible frenar una modificación al Colegio con la declaración de patrimonio histórico, para ello habría que declararlo de utilidad pública ya que se trata de un edificio privado". Todavía queda esperar los pasos a seguir que definirá la Comisión de Planeamiento.

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