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No sólo es un duro golpe a la
nostalgia, existen razones políticas para preservar
el colegio La Salle de la calle Riobamba y Viamonte en Capital
Federal que ocupa ese lugar desde 1898. El mismo "está
catalogado como relevante desde lo cultural por lo que sería
un crimen arruinarlo con una construcción como la que
se pretende hacer", advirtió Víctor Giunta,
ex alumno del establecimiento en el que funcionaba un colegio.
Sin embargo, la Legislatura porteña
recién podrá debatir en el mes de marzo un proyecto
de ley para declarar sitio histórico al edificio, según
señaló la presidenta de la comisión de
Patrimonio Arquitectónico y Paisajístico de
la Legislatura, Teresita De Anchorena.
La comisión de De Anchorena presentó
un pedido escrito ante la dirección de obras y catastro
para que el edificio no sea tocado hasta que salga la ley.
Además, ya desde octubre de 2007, está en estudio
por el cuerpo legislativo una iniciativa para declarar al
lugar como "Edificio de Valor Arquitectónico".
Esta vía judicial está más cerca del
reclamo de los ex alumnos, ya que "cuando la Legislatura
declara a un lugar con valor arquitectónico, no se
puede demoler", precisó la legisladora ante Télam.
Una de las razones de más peso para
evitar la construcción del hotel es, siempre y cuando
la legislatura declare al edificio sitio histórico,
que se prohíbe destinarlo para un fin distinto del
que siempre tuvo, o sea, el educativo.
Mientras tanto, los ex alumnos impiden que se "convierta
el histórico edificio del barrio porteño de
Balvanera en un emprendimiento turístico" según
sus palabras, y exigen que la Legislatura proteja el lugar.
Por su parte, el parlamento aunque declare al lugar sitio
histórico sólo podrá estipular qué
partes del edificio se podrán modificar y cuáles
no. En ningún caso evitará su modificación.
Los padres y a la comunidad educativa se quejaron luego de
que las propias autoridades del colegio les informaran que
en lugar en cuestión se construiría un hotel
cinco estrellas y un centro de convenciones. A lo que se sumaron
distintos medios porteños para hacer hincapié
en que las obras a realizar perturbarán la vida cotidiana
del más de millar de niños y adolescentes que
asisten al colegio. Es que, aunque no será modificada
la capilla del colegio como se pensó en un primer momento,
se alterará el uso normal del salón de actos,
y no existirá más el patio de los chicos. Quedarán
en pie el teatro y el hall de entrada.
Está seriamente comprometido el colegio
La Salle que hasta la creación del hotel ocupa una
manzana, y una parte del edificio que ya está alquilada
a la UBA, institución que sufre de graves problemas
edilicios en sus facultades.
Pero, ¿qué es lo que sucede
mientras tanto en la "cocina" de los negocios empresariales?
Pareciera que otra vez en la lucha histórica del entramado
conservador y el "progresista" que tiende a modernizar
la arquitectura de la ciudad, a trasluz, se dejan ver otros
intereses, como el educativo que concierne al interés
político versus el factor económico que pregonan
las empresas privadas.
Lo que resta para los ex alumnos, luego de
la primera aprobación del proyecto para convertir en
sitio histórico al colegio, es asistir a las audiencias
públicas en donde serán escuchados sus puntos
de vista acerca del "emprendimiento".
A esta altura a quienes más interesa
escuchar son quienes menos explicaciones dieron, los hermanos
La Salle a cargo del colegio. Para las autoridades del colegio,
como el establecimiento no funciona para dar clases actualmente
aunque acuden los niños el proyecto serviría,
al conceder el colegio por 30 años a un grupo de inversores,
para sostener económicamente el mantenimiento del edificio.
La modernización de la ciudad está
instalándose - casi sin ser concientes de ello - en
lugares que hacen a la identidad de cada barrio y no es solamente
un conflicto porteño. A la vez, el territorio en cuestión
es de propiedad privada, lo que dificulta la intervención
plena del Estado.
Es por ello que Oscar Moscariello, del bloque
del PRO, señala sobre el problema de la propiedad privada
a la hora de declararlo lugar histórico. Moscariello
advierte que "es imposible frenar una modificación
al Colegio con la declaración de patrimonio histórico,
para ello habría que declararlo de utilidad pública
ya que se trata de un edificio privado". Todavía
queda esperar los pasos a seguir que definirá la Comisión
de Planeamiento.
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