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En un escenario económico-político
mundial que se jacta al afirmar en su discurso hegemónico,
que la globalización permite convivir en una sociedad
informatizada donde las distancias se acortan por el uso de
las nuevas tecnologías y por la velocidad en que el
flujo de capitales recorre el mundo, realizando inversiones
en distintas bolsas de valores, los hechos de la realidad
social de los países latinoamericanos y específicamente
la de Argentina referidos a la lucha por la supervivencia
de los sectores de bajos recursos económicos, demuestran
lo contrario.
En relación al problema estructural de la pobreza
en Argentina, las cifras son contundentes: según los
datos oficiales, el primero de los índices fue de 23,4
por ciento en los primeros seis meses de 2007. Al llegar Néstor
Kirchner al Gobierno, en 2003, llegaba casi al 50 por ciento.
La desocupación toca el 8,5%, según los optimistas
cálculos oficiales. Cuatro años atrás
era de más de 21%. (Fuente Diario Clarín 30/10/2007)
Según el INDEC el 56,4% de los menores de 18 años
son pobres (7.730.708) y el 23,6% son indigentes (3.234.835).
(Fuente: Indec)
Pero los datos extraoficiales confirman que las personas
en situación de pobreza superan los índices
expuestos por el gobierno. Según la CTA (Central de
Trabajadores Argentina) los argentinos somos 37 millones de
habitantes de los cuales 16 millones son pobres. Esto significa
que algunos hogares llegan a cubrir la canasta básica
de alimentos y otros quedan excluidos (según el Indec,
la canasta es de $955). En cambio, según titula Clarín
el día jueves 10 de enero de 2008 "Un informe
privado afirma que la canasta básica cuesta $ 1.185",
y en la Argentina viven personas en condición de pobreza
que cubren sus gastos con 3 pesos diarios o menos.
Si bien es cierto, que se visualiza una actual tendencia de
los medios masivos a tratar el tema de la pobreza y sus consecuencias
sociales, aún queda un largo trayecto por recorrer
para que estas problemáticas ocupen un lugar central
en las ediciones de los diarios y en las producciones mediáticas,
en las cuales aún se prioriza el eje económico-político
que rige a las mencionadas empresas. Sin embargo, coexisten
todavía ciertas visiones tradicionales del problema
que aluden a una opinión generalizada acerca de la
pobreza que afirma: "siempre hubo pobres" y que
sirven para legitimar la desigualdad económica y social
como algo natural de las sociedades capitalistas. Las personas
en situación de pobreza son consideradas no como víctimas
del sistema de ajuste de políticas neoliberales aplicadas
desde la dictadura militar y que se acentuaran durante la
década de los noventa, sino como responsables de su
situación por no esforzarse en ocupar un lugar mejor
en la vida. Es contra estas cosmovisiones sesgadas, y reaccionarias
de la realidad que deben luchar los medios y los periodistas
para ejercer libremente la obligación de informar a
la sociedad en la que viven. Es ardua la tarea que deben enfrentar
diariamente, teniendo en cuenta que los medios masivos son
empresas dependientes en su mayoría de las pautas publicitarias.
Pero es un gran desafío al que debe aspirar todo aquel
que se precie de ejercer la ética periodística.
La labor fundamental del periodismo es contribuir a desmitificar
los estereotipos sociales que generan los medios acerca de
las personas en situación de pobreza, quienes en reiteradas
ocasiones son estigmatizadas como delincuentes o personas
violentas que obstaculizan el derecho al libre tránsito
de los ciudadanos al manifestarse por el reclamo de sus derechos
al trabajo y a una vida digna. Cuando, sin embargo, los hechos
demuestran que son consecuencia del sistema económico
neoliberal globalizado, que afecta en su mayoría a
los países latinoamericanos por su dependencia económica
del exterior y la continua expropiación de recursos
naturales y humanos gestionada por los países del primer
mundo.
Del mismo modo, es ineludible que el periodismo contribuya
a revertir la visión que existe acerca de las políticas
sociales del Estado, dado que es imposible un desarrollo productivo
e industrial sostenible en el mediano y largo plazo basándose
sólo en el crecimiento económico y la teoría
del derrame. Hechos que hoy produjeron beneficios económicos
para la sociedad argentina sólo en las clases altas,
y acentuaron aún más la brecha quedando excluidos
los sectores populares. "En un mundo signado por el cambio
tecnológico y donde el conocimiento es la clave del
desarrollo, esto determina que si no se modifica esta situación,
en la Argentina del futuro, no sólo no habrá
derrame alguno en términos de mejora social, sino que
nos estamos internando peligrosamente en una verdadera "trampa
de la pobreza". Es decir, que como somos pobres hoy,
seremos más pobres mañana" (Documento CTA,
El hambre es un crimen,2005)
Es necesario, en consecuencia, que el gobierno de la flamante
presidenta Cristina Fernández se proponga articular
las políticas económicas a las sociales, para
que unidas aporten una solución inmediata al problema
de la pobreza y el hambre. Ambas políticas son productivas
para nuestra sociedad.
En efecto, con la erradicación de la pobreza se resolverían
además los problemas colaterales que ésta conlleva:
tales como el desempleo, el empleo informal, el déficit
de la salud pública, la falta de educación de
la infancia y adolescencia obligadas a desertar de la escuela
porque deben ganarse el sustento diario, la delincuencia y
la violencia que provocan la falta de expectativas de futuro
y de oportunidades laborales. Y por otra parte se solucionaría
un factor que debería preocupar seriamente a la clase
dirigente política argentina: la gobernabilidad y el
respeto por la democracia que aún no es participativa.
Considerando el propio discurso de la presidenta, entrevistada
por el periodista Joaquín Morales Solá en el
programa televisivo Desde el Llano, apenas asumió el
gobierno: "La prioridad será el combate contra
la pobreza y la desocupación porque la Argentina de
un 20 por ciento de desocupación es insegura por definición.
Debemos hacer un modelo económico de desarrollo social
que permita que más gente tenga trabajo. Aquel que
no tiene puede evidenciar una tendencia a ingresar al mundo
del delito"
En consecuencia, como sociedad democrática aspiramos
que no sean sólo promesas electorales y que el desarrollo
sostenible con inclusión de todos los sectores sociales
de la Argentina no conforme un escenario muy lejano en el
tiempo. Es inmoral que aún en el 2007 seamos un país
afectado por el flagelo del hambre y la desnutrición
infantil, cuando según los datos oficiales se ha generado
un superávit en la balanza de pagos y los datos del
INDEC señalan que en el tercer trimestre de 2007 la
economía argentina creció un 8,7 %, situación
que obliga éticamente a nuestros dirigentes a redistribuir
la riqueza acumulada por el Estado entre los sectores de menores
recursos económicos, porque el hambre no espera ni
la muerte por desnutrición tampoco.
FUENTES
www.indec.mecon.gov.ar
www.clarin.com
www.periodismosocial.org
www.cta.org.ar
CTA (Central de trabajadores argentinos) Documento: "El
hambre es un crimen
La Infantilización de la Pobreza en la Argentina"
(Junio 2005)
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