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La lista es infinita. Los metales pesados, como cadmio,
plomo y níquel, además de mercurio y plásticos
bromados, que una vez desechados, reaccionan con el agua y
la materia orgánica liberando tóxicos al suelo
y a las fuentes de agua subterránea, como puntualizó
el biólogo Gustavo Protomastro de la consultora e-Scrap.
La basura electrónica nos tapa, y a veces, nos
mata, aseguró el Protomastro, especialista en
el tema de manejo de residuos de aparatos eléctricos
y electrónicos.
Los expertos dan dos soluciones para enfrentar la contaminación
que avanza y que ellos mismos la han considerado un
verdadero problema del siglo XXI. Las primeras palabras
que surgen - casi por asociación de palabras debido
a la preocupación mundial por el tema contaminación
en las últimas décadas - son reciclaje y sustentabilidad.
Están íntimamente ligadas. La una procura la
otra.
En este tipo de problemas de alto impacto ambiental es necesario
además de las políticas de gobierno sobre un
tema de actual agenda pública, un gran grado de compromiso
social, que sólo se va a lograr cuando además
de informar se capacite a la sociedad para reciclar... No
sería la primera vez. Pero esta vez, los programas
gubernamentales en el tratamiento de la contaminación
se deben desarrollar más allá de las iniciativas
en Capital Federal. Los demás se proyectan en algunos
barrios del conurbano sin la constancia necesaria en el tratamiento
de materiales peligrosos.
Sin embargo, el manejo que se realiza de los desechos electrónicos
no resulta sustentable ya que muchos de ellos poseen componentes
considerados peligrosos, según la ley 24.051 de Residuos
Peligrosos. O también debido a su carácter no
biodegradable, estos residuos atentan contra el ambiente y
la salud de los seres vivos.
Los residuos de aparatos eléctricos y/o electrónicos
de los argentinos para este año llegarán a las
80 mil toneladas y se convertirán en los rellenos sanitarios
o vertederos a cielo abierto, según reveló la
Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable.
Las culpas son compartidas, tanto en sociedad, que posee
el conocimiento de los factores que producen contaminación
y, sin embargo, mantiene las prácticas contaminantes
sin una concientización radical sobre el tema. Y la
responsabilidad de los, especialmente, grandes productores.
En Argentina el abaratamiento de los costos, la velocidad
de recambio tecnológico y el diseño productivo
que apunta al recambio de equipos genera un rápido
acopio de residuos. Y, en general, el acortamiento de la vida
útil de estos productos que incrementa las ventas.
Cuando inventen un celular que recicle...
Expertos en temas de preservación del medioambiente
sostienen que existe una fuerte migración de
la TV o los monitores a las pantallas planas de los plasma
o LCD, de las videocaseteras al DVD, y de los equipos de audio
al MP3. Los aparatos electrónicos desactualizados
o viejos pasan a ser basura descartada muchas veces en depósitos
que todo el mundo los cree lejos de las ciudades.
Cada heladera, cada aire acondicionado, cada televisor o
computadora que de desecha, conlleva diversas partes por millón
de desechos peligrosos, que deben ser gestionados para ser
reciclados y usados como insumos de nuevos procesos industriales.
Sin olvidar que no sólo generan chatarra electrónica
los consumidores, sino también todos los que le proveen
electricidad, comunicaciones, datos, servicio técnico
y venta.
Los tubos fluorescentes con mercurio, las baterías
de celulares con cadmio, las heladeras o acondicionadores
de aire con gas CFC, tanto por el gas refrigerante como en
el poliuretano, son elementos altamente contaminantes y, de
depositarlos a cielo abierto y sin mayor miramiento, serán
mortales para la vida humana.
La telefonía celular superó los 32 millones
de unidades al año, la venta de heladeras se acerca
a las 800.000, la de lavarropas a 900.000 y la de computadoras
(PCs, notebooks, PDAs, etc.) superó holgadamente el
millón y medio.
A pesar de lo que se pueda creer del estilo de
vida norteamericano, ellos desechan sólo seis kilos
de basura por habitante por año. Mientras tanto en
Europa y Japón, sea por normativas específicas
o por iniciativa del sector industrial, existe una responsabilidad
posconsumo. Así se evita en Europa lo que en Argentina
todavía no, los conocidos y vergonzantes basurales
que no son más que escondidos de las zonas más
turísticas de Buenos Aires. Aun se está a tiempo
de alejar las cifras siderales de capacidad de creación
de basura en el país y mantener las de - más
que nada en este momento - producción sustentable.
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