Belgrano y la hazaña épica de la expedición al Paraguay

Ernesto Martinchuk*

Cuando falleció Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, el 20 de junio de 1820, su gran amigo José de San Martín, después de haber liberado a  Chile, se aprestaba a zarpar en unas pocas semanas hacia el Perú. La Argentina se debatía en luchas civiles en lugar de estar empeñados en apoyar al Genio de los Andes, en la gran empresa latinoamericana. Caudillos y gobernadores luchaban por apetitos personales y feudales, mientras los mejores hombres luchaban del otro lado de la cordillera, en Buenos Aires el poder personal y la anarquía desgastaban las fuerzas que no tenía San Martín y sí tuvo Bolívar. Cuando una gran nación  lucha por su independencia cualquier gloria es secundaria. De allí la justificada frase de Belgrano en el momento de morir: “¡Ay Patria mía!”.

Período rico el del medio siglo que duró la vida de Belgrano, motivo por el cual siempre tuvo su inteligencia abierta. Aprendió rápido y fue el gestor inicial de la grandeza y el progreso del país. Mucho de lo que vio y asimiló se refería al comercio marítimo, a las riquezas del mar, a las marinas mercantes y de guerra, a las necesidades portuarias, fomento de conciencia marítima, el estímulo de las producciones que el país podía producir con exceso para exportar y el cuidado de los puertos y vías de comunicación marítima y fluvial. También asimiló en Europa las tendencias comerciales en boga y pensó en ellas para imponerlas en nuestro país con las adaptaciones que fueran necesarias.

Es importante destacar que siendo la Argentina un país marítimo y semi insular, el que sin embargo no ha desarrollado sus capacidades marítimas, cobra más trascendencia esta visión de futuro de Belgrano que ya desde la colonia trata de atraer la atención hacia el mar y sus enormes riquezas. Él es el primero que vislumbra la magnitud espectacular de nuestro patrimonio  marítimo.

Belgrano fue un prócer, y las grandes hombres, además de los hechos que han plasmado en la historia de sus países, son aquellos que han visto con mayor alcance y acierto las incógnitas del futuro. Mucha lectura, el conocimiento de la historia del país y de las otras naciones, puede ayudar a tener esas presunciones, pero sólo un hombre genial las asociará y comprenderá en toda su grandeza e importancia.

En ese sentido, también San Martín captó la importancia del poder naval en las grandes operaciones estratégicas. Si bien tuvo lecciones históricas en su vida como Aboukir y Trafalgar,  grandes batallas de la época, de las cuales saco experiencias y visiones personales, lo cierto es que captó esas enseñanzas integralmente, para ponerlas en vigencia en la campaña libertadora al Perú.

Belgrano tiene el mérito de haber sido el primero en hacer resaltar la importancia del factor marítimo, y si bien no pudo llevar a cabo todas sus ideas, dejó el estudio profundo, la memoria esclarecedora, que orientaron a sus seguidores. Estas ideas rectoras de los próceres, en especial del creador de nuestra bandera, son hoy de gran interés para la Argentina en el afianzamiento de su dominio y soberanía sobre su plataforma marítima, su mar territorial, sus islas del Atlántico Sur y  sector Antártico.

La Argentina constituye un rico complejo marítimo de 7.500.000 km2 de extensión, de los cuales 3.500.000 km2 son marítimos, pero buena parte de ellos, pese a innegables razones jurídicas, como históricas y geográficas, están ocupados o son pretendidos por otras naciones, especialmente Inglaterra. Las Islas Malvinas son una herida abierta en nuestro desarrollo histórico, que sólo cerrara con la devolución, por vía diplomática, de las mismas.

Nuestras riquezas pesqueras, el petróleo de nuestro subsuelo submarino, las riquezas en nódulos, sales y algas de nuestra plataforma bajo el mar, que por su extensión se ubica en cuarto lugar entre las principales del mundo, y una de las menos explotadas, nos hacen mirar al mar como el tesoro que nos abrirá sus arcas en un futuro próximo, pero también debemos pensarlo como un objetivo de la codicia extranjera.

La expedición al Paraguay

Durante sus campañas militares, después de Mayo de 1810, Belgrano tuvo a menudo que vadear ríos y arroyos y aún librar algunas acciones, y las principales fueron las realizadas durante su primera empresa militar, la hazaña épica de la expedición al Paraguay, casi olvidada por muchos historiadores.

Disciplinando a sus hombres, instruyendo a los jefes, Belgrano se detuvo cinco días en Paraná. A fines de octubre sus efectivos, formados en cuatro divisiones mixtas de infantería y caballería, comenzaron a salir de Paraná en dirección a Curuzú-Cuatiá, con un puñado de hombres, durante la cual debió cruzar tres veces un río tan ancho y caudaloso como el Paraná, sin tener fuerzas navales propias.

A principios de setiembre de 1810, se inicia la expedición al Paraguay, gigantesca empresa para un ejército bien pertrechado, pero imposible de cumplir con un puñado de hombres, milicianos en su gran mayoría. El ejército de Belgrano, mientras estaba estacionado en la provincia de Santa Fe, se componía de 200 hombres de infantería y 200 de caballería, que más tarde se completaría con las milicias de Entre Ríos y Corrientes. El número llegó a alcanzar los 1000  hombres, pero cuando tuvo que actuar no lo hizo con un número superior a los 700. Con esa fuerza minúscula se pretendía alcanzar la Gobernación Intendencia del Paraguay, cuya capital distaba 1400 km de Buenos Aires.

El Paraguay hacía tiempo que gozaba de cierta autonomía debido a la distancia y a su naturaleza selvática regada por los ríos y arroyos. Tenía recelos hacia Buenos Aires a raíz del comercio, pues la yerba, mieles, maderas y otros productos paraguayos debían abonar derechos aduaneros que encarecían la producción y lo hacían dependiente de nuestra metrópoli. También desde la época del Virrey Vértiz, un pleito de límites con Corrientes había favorecido a esa provincia, lo que había causado cierta animosidad. De allí que la revolución porteña no era mirada con simpatía, ni buena disposición por parte de los paraguayos.

Mientras tanto, Belgrano marchaba convencido del apoyo que lograría para su causa y su pequeño ejército, y pensaba, además, que terminaría por vencer toda reacción con la ayuda de los pueblos.

En una operación que duro casi 15 días,  cruzaron el Río Paraná desde Santa Fe, en balsas, botes y pequeñas embarcaciones, unos 400 hombres con 4 cañones. En Paraná, Belgrano reagrupa a sus fuerzas, que alcanzaban a 673 hombres. Las primeras desilusiones de una adhesión masiva a la Junta por parte de los paraguayos hizo que le enviarán a Belgrano un refuerzo de 200 Patricios y que además éste creara un escuadrón de caballería, con todo lo cual su ejército alcanzó a estar compuesto por 950 hombres repartidos entre infantería y caballería.

Por el río Uruguay, mientras tanto, una escuadrilla de los realistas de Montevideo compuesta por dos faluchos –según Belgrano- al mando del Capitán de Navío D. Angel Michelena, que izaba s insignia en el bergantín “Cisne”, remontó el río Uruguay y ocupó a viva fuerza la población de Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), el 6 de noviembre de 1810.

Belgrano tenía que avanzar por un territorio cuyas aguas limítrofes eran dominadas por las escuadrillas del Paraguay y Montevideo, lo que significaba una grave situación estratégica y una amenaza para sus comunicaciones. El primer obstáculo que debió enfrentar en su marcha hacia Curuzú-Cuatiá  fue el arroyo de Las Conchas, a unos 15 km de la Bajada del Paraná. En esta oportunidad parte de los pertrechos se pasaron en una balsa con un cable de guía (a marona) para pasar de una orilla a otra. Durante este trabajo un carro de municiones de fusil se volcó y 17 cajones con balas y pólvora se perdieron causando un gran disgusto a Belgrano.

El 4 de noviembre Belgrano llegó al Arroyo Alcaraz y escribió a la Junta de Gobierno informando que el gobernador de Misiones, Tomás Rocamora, creía que los portugueses de la frontera estaban de acuerdo con los paraguayos y orientales de Montevideo. No obstante continuó su marcha cruzando los ríos Feliciano y Guayquiraró.

Al poco tiempo Belgrano se enteró del ataque y ocupación del Arroyo de la China por parte de Michelena y escribió solicitando autorización para atacarlo, apartándose de su misión. La Junta le negó el pedido pero Belgrano se enteró al llegar a Curuzú-Cuatiá el 8 de noviembre.

Juan Angel Michelena puso en campaña una tropa de desembarco, que avanzó hacia el oeste, alcanzando terreno hasta la mitad de la provincia. Fueron  hostilizados por la guerrilla gaucha que logró detenerlos en las proximidades de Nogoyá, evitando el corte de las comunicaciones entre el sur y el norte de la provincia.

Mientras tanto, en Curuzú Cuatiá, Belgrano hizo un algo y ordenó al gobernador de Corrientes, Elias Glván, que dirigiera algunas fuerzas al Paso del Rey, como un amague del cruce del río Paraná en ese lugar.

Paraguay no sólo no se adhería, como lo había adelantado José de Espíndola y Peña, sino que juraba al Consejo de Regencia de España y adoptaba una actitud neutral y negaba obediencia a la Junta de Buenos Aires, que envió un alerta a los puertos de La Conchas, Santa Fe y Corrientes, cerrando las comunicaciones con el Paraguay.

El Gobernador Intendente del Paraguay, Brigadier Bernardo Velazco, adoptó varias medias militares, y con el fin de evitar cualquier ataque contra su territorio preparó un ejército de 6.000 hombres. Dispuso la vigilancia en los pasos de río Paraná y alistó 5 embarcaciones para patrullar hasta la desembocadura del río Paraguay. También preparó una acción ofensiva fluvial contra Corrientes consistente en atacarla con una escuadrilla integrada por 4 embarcaciones y 210 hombres al mando del Teniente Coronel Juan Antonio de Zavala y Delgadillo.

La misión de esa fuerza naval era tratar de recuperar barcos y cargamentos detenidos en Corrientes. Zarpó el 21 de setiembre de 1810 y a los pocos días encontró en el puerto de Corrientes a las naves paraguayas detenidas que se dirigían a Santa Fe. Los paraguayos enviaron a una cañonera en rescate de las naves y luego las trasladó de Corrientes a Asunción.

Desde Curuzú Cuatiá Belgrano le envía una carta a Mariano Moreno, fechada el 13 de noviembre de 1810, donde hace referencia a algunos temas marítimos. Luego de cruzar el río Guayqyuiraró, Belgrano instaló su cuartel general en Curuzú Cuatiá donde fundó el pueblo de ese nombre y el de Mandisoví, para continuar su expedición hacia el norte, cruzar el río Corrientes por el paso de Caaguazú.

Continuando su marcha hacia el Paraguay, Belgrano nos informa que cruzaron el río Corrientes en “dos muy malas canoas” que sirvieron de balsas, a nado o con pelotas de cuero. Allí se le ahogaron dos hombres y se les mojó alguna munición. Las pelotas de cuero consistían en un cuero seco de potro que se ahuecaba con argollas o manijas en sus extremos que se reunían en un aro central, de madera o hierro, del que colgaban un canasto.

Finalmente, luego de bordear por el oeste la laguna del Iberá, Belgrano se vio ante el río Paraná, que debía forzar, dado que el enemigo lo esperaba a la otra orilla. Este pasaje representó una importante acción fluvial, antecesora de la que en el año 1866 realizaron los ejércitos aliados por el Paso de la Patria, durante la guerra de la Triple Alianza.

El 4 de diciembre Belgrano se halo a la altura de la Isla Apipé y luego siguió su marcha hasta Candelaria, por donde pensaba efectuar el cruce. Mientras tanto los paraguayos habían requisado las embarcaciones existentes por la cercanía con el fin de dificultar el pasaje del río por las fuerzas de Belgrano.

En Candelaria el río Paraná tiene un acho de 800 metros y corre encajonado entre altas orillas de hasta 90 metros de alto. Frente a Candelaria se hallaba el bosquecito de Campichuelo, donde se podía hacer pie. La corriente allí es rápida, pues el río se estrecha y tiene unos 25 metros de profundidad.

Para evitar el paso de los paraguayos, Belgrano ordenó establecer en la margen correntina de Paso del Rey, cerca de Corrientes, Itatí, isla Ibaté y San Antonio de Itatí,  algunos destacamentos con indígenas y milicianos, simulando que por allí  se invadiría al Paraguay. Con esto se intentaba desorientar al enemigo sobre el sitio real por donde se efectuaría el cruce.

Los paraguayos al mando del gobernador Intendente, Bernardo Velazco, militar experimentado, contaban con una fuerza de por lo menos 6000 hombres, pero muchos carecían de armas. Los mismos estaban apostados a lo largo de la ruta que tendría que seguir Belgrano hacia Asunción. Frente a él, en Campichuelo, se encontraba una avanzada paraguaya de más de 500 hombres al mando del Comandante Thompson.

Belgrano desplegó sus fuerzas por la zona con base en Candelaria y el 6 de diciembre remitió una comunicación al Gobernador del Paraguay, exhortándolo al acatamiento de la Junta de Buenos Aires, pero conteniendo conceptos de verdadero ultimátum en caso de no ser aceptado. También dirigió oficios al Cabildo, al Obispo del Paraguay y al Comandante Thompson, con idénticos propósitos. Para entregar estas comunicaciones, Belgrano designo a su secretario, el Sargento Mayor Ignacio Warnes, quién recibió un trato bastante duro por parte de los paraguayos y fue tomado prisionero.

Mientras tanto, Belgrano intentaba proveerse de los medios para pasar el río, dado que los paraguayos habían requisado todas las embarcaciones. Construyeron 4 botes de cuero y al saberse que en Cáraguatá se había estado construyendo una nave quemada por los paraguayos, Belgrano se dirigió al lugar y logro reunir varias canoas y balsas para transportar hasta 60 hombres. En una de las balsas colocó un cañón. El 15 de diciembre liberaron a Warnes que navegó rio arriba observando sitios para poder efectuar el cruce.

El 17 de diciembre, Belgrano decidió, al no recibir noticias de sus oficios,  responder las hostilidades paraguayas, utilizando el paso por Candelaria. Antes de atacar al enemigo, les hizo avisar a gritos que iba a probar un cañón a través del río y que se apartarán. Los paraguayos se retiraron y se efectuaron varios disparos.

El día 18, al no establecer comunicación con la otra orilla, Belgrano decidió forzar el paso y arengó a su tropa, los hizo embarcar y realizó un ensayo con el fin de probar la capacidad de las embarcaciones y distribuir a sus hombres para el día siguiente. A las diez de la noche se presentó el baqueano Antonio Martínez que propuso cruzar el río con 10 hombres y sorprender al enemigo. Aceptada la operación se presentaron 10 voluntarios, además de los sargentos Rosario Ábalos  Evaristo Bas.

Siendo las once de la noche la patrulla cruzó el río en tres canoas pequeñas y sorprendió a la guardia enemiga, tomándole una canoa y dos prisioneros. Martínez envió  las cuatro canoas y los prisioneros al cuartel de Belgrano y le informó que podía desembarcar donde él lo había hecho.

Tras el éxito logrado por la patrulla, Belgrano alistó sus 700 hombres y comenzó el embarque a las dos y media de la mañana del día 19. Para cruzar el río había primero que remontar cerca de un a “legua y media” para anular el efecto de la corriente rápida. El cruce se efectuó sin contratiempos  al amanecer Belgrano le envió a Warnes la orden  para reunir a la gente. En un bote de cuero se encontraban varios entusiastas patriotas como Manuel Artigas, Gerónimo Elguera, Juan Espeleta, Juan Mármol y otros. Haciendo pie en la orilla atacaron a la avanzada paraguaya, con sólo 30 hombres y soportando el fuego de la artillería paraguaya, realizaron una excelente defensa. Los paraguayos se desconcentraron y suponiendo que el ataque era mayor, se retiraron dejando abandonadas tres piezas de artillería. El cruce del río estaba asegurado y Belgrano continuaba la operación embarcando artillería y pertrechos.

El Comandante Thompson situó su cuartel general en Itapirú (hoy Encarnación), pero al acercarse los patriotas con los efectivos desembarcados se retiró. Debido al mal estado de los caminos, Belgrano embarcó la tropa que estaba en Campichuelo, en balsas y canoas y los desembarcó en el río Tacuarí. Belgrano se embarcó en Ytapuá y navegó aguas arriba por el río Tacuarí, estableciendo su cuartel el día 25 de diciembre de 1810. Lo acompañaban embarcados en balsas y canoas tomadas en Ytapuá, 100 patricios, la compañía de Arribeños, más de 40 hombres de caballería y 2 cañones. Era la Navidad de 1810.

Gran parte del ejército de Belgrano hizo el recorrido de Candelaria, Campichuelo e Itapuá a Tacuarí por vía fluvial. Las carretas, con los pertrechos y municiones lo hicieron por tierra. El gran bote de cuero era transportado sobre ruedas tiradas por ocho yuntas de bueyes y prestó grandes servicios desde Tacuarí.

Cabe consignar que se considera a ésta como “una de las más notables operaciones que registra la historia militar argentina”, dado que se realizó con medios improvisados, desconcentrando al enemigo y sobre un río caudaloso.

El repaso del río Paraná por las tropas de Belgrano, luego de sus legendarios combates de Paraguiarí y Tacuarí y de haber sembrado la semilla revolucionaria entre los paraguayos, se produjo a mediados de mayo de 1811.

*Autor del libro Belgrano: una mente brillante de lectura gratuita

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