El cansancio social

“Nunca llegarás a tu destino si te detienes a arrojar piedras a cada perro que te ladre”

Wiston Churchill

Existen épocas en que las naciones, sumergidas en una profunda modorra, oyen y ven sin tener aliento de hablar ni fuerza para sostenerse en pie; otras épocas en que se fatigan sin avanzar un palmo, como afectadas de parálisis agitante, y otras épocas en que se regeneran con el soplo del viento generoso.

Ha llegado el momento de pensar en una estructura política, donde debe morir la vieja sociedad  argentina, con sus privilegios y sus castas feudales en las distintas organizaciones. Los derechos del hombre deben marcar un nuevo mundo moral, donde desaparece el siervo y nace el ciudadano y el principio de autoridad pierde la aureola que le ciñeron la ignorancia y el servilismo.

El funcionario que roba el dinero público debe ser considerado un delincuente  común y debe ir preso, porque está matando nuestra economía, nuestro futuro y robándose el orgullo como país.

Las cuentas de los organismos de poder deben ser Públicas a través de Internet, porque la política no es el ámbito para robar y todos los ciudadanos tienen el derecho de saber en que se gastan los dineros de sus impuestos. Hoy tenemos más de 40.000 muertos por Covid-19. 6 de cada 10 chicos son pobres. Tenemos más de 4.000.000 de nuevos desempleados. 45% de pobreza, 20.000.000 de pobres. Comienza el verano y ya circula el dengue en algunas provincias del norte, mientras se espera una nueva ola de Covid, con un panorama económico desastroso, la casta política impone temas que están alejados de la realidad de los ciudadanos.

Argentina, se ha convertido en ese lugar donde la directora del INADI discrimina, el ministro de Salud vende remedios adulterados, la ministra de seguridad defiende al delincuente, la vicepresidenta ataca a la Justicia que la procesa y el presidente es un testaferro que por la mañana dice una cosa, por la tarde otra y cierra su día con algo que desdice lo dicho anteriormente.

Los manuales de estudio escolar figuran con faltantes históricos, exaltación de los “logros” de un partido político, pero no de sus errores, datos con omisiones e interpretaciones unívocas de hechos e incluso la realización de preguntas de exámenes, por sobre todo en las universidades públicas, con un fuerte sesgo ideológico, apartándose del principio de la libertad de cátedra para introducirse en un adoctrinamiento.

Tenemos un magnífico país, con lugares naturales únicos e irrepetibles. Médicos, científicos, arquitectos, ingenieros,  escritores, cineastas y artistas de prestigio internacional. Tenemos jugadores de fútbol, basquet, rugby, tenis, gimnastas, nadadores, pilotos de autos y motos, polistas de primera magnitud.

No podemos permitirnos, -con un país que produce alimentos para 400 millones de personas- tener el 50% de pobreza, falta de educación… y respeto por las instituciones. Cuanta falta de aulas abiertas, sin que al Ministro de Educación y los sindicatos se les mueva un pelo. Cuanta gente que no trabaja…

Qué lástima que no sale a la calle tanta gente para pedir que la justicia funcione, que vuelvan las clases, que nos dejen de robar, de ocupar tierras, que los jubilados no sean la variable de ajuste constante, que los delincuentes estén donde deben estar y los delincuentes devuelvan lo robado. La mentira, el relato, la cleptocracia  y la impunidad, siguen el mismo manual desde hace muchas décadas. Han sido muchos años de prácticas lamentables que han colocado a la corrupción, la impunidad, la discriminación y las abiertas desigualdades sociales como forma de vida.

Generar cultura es jerarquizar el esfuerzo, el trabajo, el mérito, la buena moral, la vida democrática, el respeto a las personas y a las leyes, la búsqueda y el apego a la verdad, en una palabra, dar honorabilidad al cargo que se representa. Somos un país cuyos dirigentes no miran al futuro, estamos en un eterno regreso al pasado. Argentina vive momentos de enorme incertidumbre. Para cualquier empresa o desarrollo se necesita un plan, una hoja de ruta. En nuestro país, la economía, la inseguridad, la pandemia, la educación y la política no tienen un plan, no nos brindan estabilidad o un pronóstico certero de nuestro futuro inmediato.

Cuanto peor y más desfavorable es la situación de la sociedad, más numerosos y graves son los acontecimientos que se viven. La lucha por la existencia reviste la forma más salvaje y más violenta, haciendo retroceder al ser humano al estado primitivo, en el cual cada individuo ve en su semejante a un enemigo mortal. La burguesía, kirchnerista ha creado una “cultura” que se ha impregnado, durante dos décadas, en las mentes de sus explotados hasta “naturalizarla”. Todos tienen derechos pero ninguno tienen obligaciones.

No era magia, es realidad. “El vamos por todo” fue una metáfora lanzada –por la entonces presidenta de la Nación- en febrero de 2012, que muy pocos comprendieron y que nos está llevando a lo que hoy nos espanta. El Covid-19 le sirve al cristinismo -porque ya no quedan dudas de que es ella quien maneja los hilos del poder- para realizar todas las tropelías que no habría podido hacer a la luz del día. Aprovechando que la sociedad está preocupada por su supervivencia, sanitaria y económica, el cristinismo se muestra como es: no republicano, hostil a la libertad económica, prejuicioso con el mundo empresario, militante y colonizador de las estructuras estatales, utilizando medios privados y estatales de (des) información y comprando voluntades, para imponer su proyecto de socialismo del siglo XXI.

El marxismo-leninismo representa la dictadura, -presente en la estructura K-PJ- busca purgar cualquier cosa considerada burguesa que designa a la clase media. Propone un solo partido comunista, (Socialismo del Siglo XXI) institución política suprema del Estado que promueve una organización social sobre la base del conflicto de clases y el igualitarismo, cuyos primeros pasos ya estamos viviendo en la Argentina.

Una Nueva República

Una Nueva República, significa una ruptura con las malas tradiciones de lo pasado, golpe de muerte a los últimos restos del feudalismo y establecimiento de poderes públicos sobre la base de la soberanía nacional junto a la división de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

El Artículo 29 de la Constitución Nacional dice: El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.

La Nueva República no debe reducirse al populacho ebrio y desenfrenado que apaga con sarcasmos la voz de las víctimas atravesadas por el dolor todos los días. Frente a los energúmenos que hieren sin saber a quién ni por qué, como arrastrados por un vértigo mesiánico, deben levantase la oposición, los filósofos, pensadores, reformadores y ciudadanos, que viven soñando con la fraternidad de los pueblos y mueren creyendo en el definitivo reinado de la Justicia.

Todas las batallas de un pueblo son culturales, o somos todos delincuentes  o somos todos Honorables. Esto atañe a la formación de nuestra identidad y no a su mera existencia gregaria. Estas batallas no sólo se ganan o se pierden en el campo de las ideas sino en un  territorio mucho más vasto: aquel donde se preservan y fortalecen las bases patrióticas que crearon a nuestra sociedad.

Un poco de historia

Al fundar ciudades, los colonizadores españoles, junto con el planteamiento del rollo, donde se colocaban los bandos con información, y del árbol simbólico, erigía la horca, símbolo de la Justicia implacable para aquellos hombres duros, imperiosos y crueles que estaba echando los cimientos de un mundo y vivían con el puñal en la mano y la codicia en el corazón. La estampa más  antigua de Buenos Aires, trazada por la mano de Ulrico Schmidel, representada con la doble horca de la que pende un racimo de ajusticiados. Algunos de los “huecos” coloniales que hoy son plazas tranquilas y hermosas fueron, hasta muchos años después de Caseros, lugares de ejecución. Y fue la del Cabildo, sobre la antigua calle de Santísima Trinidad, luego Santa Rosa y hoy Bolívar, la que vio más horcas.

En ella, entrando el siglo de la emancipación, sufrían la última pena asesinos, falsificadores, ladrones y delincuentes. Es más, al día siguiente de la Revolución encontraron allí muerte infamante, el jefe y los cómplices de la conspiración de Alzaga, como lo refieren con terribles detalles las historias y las tradiciones. Toda la población, o gran parte de ella, asistía a estos sangrientos espectáculos. Hasta los niños de las escuelas, llevados allí por sus maestros, algunos célebres como Argerich y Rufino Sánchez, “para que viesen por sus propios ojos como  la justicia de Dios y de los hombres castigaban a los malvados”.

Así, desde sus comienzos hasta nuestros días, se fue construyendo la Argentina, con muerte, lágrimas y sudor, representado por el trabajo digno de generaciones, que hicieron de la escuela, el esfuerzo y el sacrificio, sus banderas de progreso.

La apatía argentina

La apatía es una condición o estado de falta de motivación o de interés por los diferentes aspectos de la vida, generalmente asociada a un estado de malestar o desesperanza. Existe una indiferencia tanto a nivel cognitivo como afectivo a la mayoría de estímulos, y las ganas de actuar brillan por su ausencia.

Apatía significa literalmente “falta de sentimiento”. “Nada atrae mi interés; todo me da igual; que pase lo que tenga que pasar; nada importa…”. El desgaste causado por la vivencia continuada de un estado de tensión puede generar la presencia de apatía, sea ésta vinculada o bien a un aspecto concreto de la realidad o bien a nivel general. Situaciones de las que no podemos escapar y que generan desesperanza y sensación de falta de control suelen generar cierto estado apático si se mantienen a lo largo del tiempo.

Un modo de desterrar la apatía de nuestra mente y nuestro corazón, es comprometiéndonos con la vida de un modo más creativo. Por ejemplo, el toque del Himno Nacional debe resonar en el corazón de cada argentino, desde el río Bermejo hasta el Canal de Beagle y desde el Mausoleo de Manuel Belgrano hasta el sepulcro de los pueblos originarios. Todas las energías acopiadas desde siglos deben estallar a la vez. Se debe cruzar la Cordillera como San Martín y atravesar la Mesopotamia como Belgrano. Se debe combatir en la nieve que entumece o en la selva que sofoca. Debe parecer que la carne no siente dolor y el miedo ha dejado de habitar en la Tierra. Se debe sufrir cantando y morir riendo.

Cuando asome la Nueva República debe parecer que sobre la Tierra hubiera descendido un espíritu nuevo, que la Humanidad ha encontrado el camino de una región iluminada por la interminable aurora boreal.

La cólera popular y el cansancio social, deben ser aceptados como un fenómeno atmosférico, sin contar los desastres y aprovechando los beneficios. Los dirigentes de las últimas décadas destruyeron, pero también construyeron, segaron plantas fecundas, pero también lograron con su mala praxis que muchos comenzaran a ver lo que no se debe hacer, lo que atenta contra el interés público. Sintieron la embriaguez del delincuente, ese cruel que nos arranca diariamente el corazón, pero también conocen y recuerdan los pensamientos y desvelos de los mártires. Ello fermenta enemigos propios, desaparece por momentos, pero cuando estalla en medio de un pueblo, es como la llamarada de un fuego subterráneo.

Nacidos en chozas o palacios, pobres o ricos, ignorantes o sabios, al final todos tenemos por único abrigo la mortaja, por lecho la tierra, por sol la oscuridad y por últimos amigos a los gusanos. La muerte unas veces nos deja morir y otras nos asesina. Algunos se consumen con suave lentitud, mientras otros sucumben desesperadamente, como si les arrancaran la vida, pedazo a pedazo. Tanto en la vejez como en la juventud se debe combatir siempre, porque esa es una forma de estar vivos…. es hora de hacer cada uno de nosotros, -desde la cátedra, el púlpito, la bancada, el pensamiento, la calle- algo por esta bendita Patria.

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