“Cristina eterna o ¿Cristina enferma?”

A continuación reproducimos un fragmento del artículo titulado “Cristina Kichner y la sombra de una reina guerrera”, escrito por Federico González, Director de la consultora González y Valladares, y enviado a la redacción de 4SEMANAS:

¡Y apareciste tú! (título de una canción popular de “Cacho Castaña”)

Y entonces apareció Cristina. ¿Cruje el firmamento o apenas se trata de una nueva dilación para retrasar la evolución de su ocaso? Ciertamente, con Cristina nunca se sabe. ¿Sabrá ella? ¡Vaya uno a saber! Acaso la mente de Cristina sea inescrutable, como la de los dioses a los que —CFK dixit— habría que temer casi como a ella misma, faraona egipcia.

¿Cristina eterna?

En aquel extraño país habitaba una reina. En “Kristilandia” abundaban los espejos narcisistas. Pero solo la dueña podía utilizarlos. Eran espejos extraños: no solo transfiguraban el rostro para mostrar la excelsa belleza de la reina, sino que eran capaces de aplaudirla y susurrar maravillosas frases a sus oídos: “Eres la más linda, la más inteligente, la abogada más exitosa, la presidenta de todos los argentinos y argentinas; eres eterna, ¡Cristina eterna!”

Pero un día un tal Sergio M. osó enfrentarla y le trastocó su sueño. ¿Definitivamente? No lo sabemos. Porque, como decía Borges con exquisita ironía: “el universo es tan misterioso que hasta es posible que exista La Santísima Trinidad”.

 Pero, no se apresure lector, el regreso de Cristina no solo es posible, sino probable. ¿Cuán probable, replicará? No lo sabemos. ¿Y si le preguntamos a varios encuestadores, probablemente quedemos aun más confundidos?[1]  

Cristina K-agemusha o “La sombra de la guerrera”

Leemos en la Wikipedia: Kagemusha (影武者 literalmente “La sombra del guerrero”) es una película de 1980 dirigida por Akira Kurosawa. En japonés, la palabra ´Kagemusha´ es un término utilizado para denotar a un señuelo político. La película narra la historia de un criminal que es entrenado para usurpar el lugar de un moribundo señor feudal —con quien tiene un parecido físico extraordinario— con el objetivo de engañar a sus enemigos.

Toda metáfora implica la similitud de dos órdenes, a pesar de sus diferencias. Sin duda, CFK no es ni podría ser una impostora de sí misma. Por el contrario, es ella el (¡o la1!) original y no una copia. Tampoco necesita entrenamiento ni entrenadores. Porque Cristina sabe. Sin embargo, al igual que K-agemusha, Kristina empieza con “K”de Néstor y termina con “a” igual que President-a. Además, juega al arte de la impostura y utiliza triquiñuelas para engañar a sus enemigos (¡a quienes más de una vez suele dejar en offside!)

Pero no se equivoque lector. No se trata de eso. Aquí no se pretende acentuar los lugares comunes del ideario anti K. Se trata de algo más vasto. De la sombra del guerrero. De Kagemusha. Todo hombre (y mujer) porta una sombra. Todo poder de ayer puede transformarse en una sombra mañana. Sabemos que el poder es efímero. ¿Será eterna Cristina? Ciertamente, no.

La leyenda K (agemusha)

En la historia de Kurosawa, los generales del ejército del fallecido emperador Shingen utilizan el parecido del kagemusha para disuadir al enemigo. Tal como lo profesa el principio taoísta, el Kagemusha actúa sin intervenir. Porque el solo hecho de que el enemigo piense que es el mismísimo Shingen quien comanda la batalla en el frío de la noche, basta para que —de antemano—  se sienta intimidado y derrotado.

Kagemesha ilustra sobre las diversas aristas del poder. Todo poder descansa sobre un conjunto de voluntades que deciden que alguien es su portador o encarnación. Por eso, todo poder es una especie de simulacro. “Cristina es una actriz”. Lo dijo Mirtha Legrand, que de eso ¡sabe! Tanto como de aquello de: “¡Y si te ven bien te contratan!”. Es decir: ¡te votan! Se le veía bien a Cristina en el acto. Firme y a la vez distendida. Con su mejor sonrisa, como en los buenos tiempos. Pero, ¿alcanzará?

El psicoanálisis acuñó la noción de sujeto supuesto saber para referir al hecho de que las personas solemos ubicar a alguien en el lugar del que sabe. Con el poder ocurre algo similar. Una parte sustantiva del misterio de Cristina radica en que, sea por amor o por temor, un grupo de argentinos insiste en colocarla en el lugar del poder. Y así le va. O, mejor dicho, así nos va.

En salvaje terminología del marketing (comercial, no político) Cristina se ha posicionado como “La Poderosa”. En psicología sabemos cómo funcionan las leyes de la percepción: una vez que vimos algo, nos cuesta dejar de verlo. Máxime cuando investimos emocionalmente eso que vemos. El fenómeno tampoco es novedoso.  Ya me lo dijo la Srta. Beatriz, mi maestra de cuarto grado: “Hazte la fama y échate a dormir”. Tardé un tiempo en entender su significado. Ahora lo entiendo. Pero Cristina no duerme. Como tampoco dormía Kagemusha en la espesa noche.

Cristina eterna ó ¿Cristina enferma?

Una sociedad puede quedar presa de su pasado. Y entonces condenada a repetirlo. El psicoanálisis postuló la noción de compulsión a la repetición para referir a la conducta neurótica que nos hace tropezar una y otra vez con la misma piedra. Geoge Santayana quizás sea el autor de una sentencia similar: “Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo”

En los tiempos megalómanos de Cristina (allá por el 8N de 2012) el Dr. Nelson Castro (tal vez haciendo ejercicio ilegal de la medicina) solía diagnosticar a distancia a Cristina en tanto portadora del síndrome de hubris, un trastorno que padecen los poderosos y que los hace excesivamente autoconfiados y mesiánicos. Narcisismo mesiánico. “Espejo espejito: ¿Quién es la abogada más exitosa e inteligente?”

La sombra de Hamlet 1: ¿Cristina se presenta ó no se presenta?

Acaso Cristina ya lo sabe. Quizás ni ella misma lo sepa. Los poderosos también pueden dudar. ¿O no? ¿Es Cristina arrolladora, como parece? ¿O huye hacia adelante “pa” disimilar y ganar tiempo y aire? ¿O prevalecerá ahora el hecho de que Cristina es fría y calculadora y, entonces, tantea al adversario mientras olfatea el terreno? ¿O tal vez hace del miedo una fortaleza y, mientras duda, aprovecha para “primerear” al rival. Porque “Cristina no da puntada sin hilo”, “Ella sabe hacerse la buenita y te la da por atrás”; decían manifestantes de aquel 8N, al igual que otros escépticos cuando, luego de su operación, reapareció en el living de Olivos junto al perrito Simón, primorosa mascota.

La sombra de Hamlet 2: A Cristina ¿le conviene ó no le conviene presentarse?

Nosotros no lo sabemos. ¿Y ella que creerá? Igual nosotros podemos especular. A ver: ¿cómo sería?:

Le conviene: Porque tiene chance. Porque el pueblo la ama. Porque Mauricio nos defraudó. Porque ahora nos damos cuenta que con Cristina estábamos mucho mejor. Porque necesita los fueros,  si no va presa. Porque va primera en las encuestas y arrasa en el sur del conurbano, y en La Matanza ¡ni te cuento! Porque me hace llorar de emoción. Porque ¡te queremos Cristina, te queremos! Porque la patria es el otro y ¡aguante la Cris! Porque si la tocan a Cristina, ¡qué “bolonqui “ se va armar! Porque Cristina es pueblo. Porque la gente no tiene qué comer y Mauricio es un neoliberal que solo gobierna para los más ricos.

No le conviene: Porque ¿medirá lo que dicen los encuestadores? Porque puede perder. ¿Y si pierde? Porque la gente quiere el cambio (aunque no se sepa bien cuál) Porque los que están desilusionados con Macri no lo están tanto como para volver con Cristina. Porque —piensan algunos conspicuos ciudadanos de clase media— ¡antes que perversas “Kretinas”, buenos son malos Mauricios! Porque si Cristina vuelve a ganar, yo me voy del país. Porque no quiero que vuelvan las cadenas.  Porque si gana tiene que hacerlo con el 54%; si no es como si perdiera. Porque le va a pasar lo que le pasó a Menem. Porque los simpatizantes de otras fuerzas con tal de que no vuelva Cristina son capaces de volver a votar a Macri, aunque después les venga el tarifazo, el ajustazo o ¡el esquilmazo! Porque prefiero MacriMalo antes que CristiPeor. Porque aguanten Mauricio,  Mariú Vidal, el MetroBus, el TroleBus, el GloboBus, el SábadoBus y ¡el aumento de la luz! Porque si seguíamos subsidiando las tarifas, boludaaa; el país se funde en dos años, visteee!

La sombra de Hamlet 3: A Macri ¿le conviene ó no le conviene que se presente Cristina?

Si, le conviene, dice el analista político “A” en el canal 1.  “Porque si se presenta Cristina, Macri polariza y aumenta su chance”. “Ah, ¡entiendo!”, piensa el Sr. García mientras escucha.

Si, le conviene, dice el analista político “B en el canal 2”: “Porque si se presenta Cristina,  el peronismo se divide más y entonces Macri tiene más chance. “Ah. ¡Entiendo!, dice el Sr. Pérez mientras escucha.

Entonces le conviene por partida doble, piensa el Sr. Rodríguez,  intelectualoide  adicto al zapping y lector de “El príncipe”, luego de escuchar a los dos sesudos analistas: “Entonces a Macri le conviene que se presente Cristina porque, así, mientras  polariza con ella, al mismo tiempo ¡divide al peronismo! ¡Es genial! Debe ser otra genialidad de Durán Barba que representa la instancia superadora del mismísimo Maquiavelo, al permitir la transformación en los contrarios que profesa la diálectica Marxista-Hegeliana: ¡Polariza y dividirás, divide y polarizarás; siempre triunfarás, a la re-re- y recontra-re te presentarás, al sillón de Rivadavia te acostumbrarás, a tu viejo Franco —finalmente— superarás,  a la Historia Argentina — junto a la de Boca Juniors—  ingresarás y allí, con toda la gloria, por los siglos de los siglos descansarás!

Cristina: ¡Estás sentenciada!

No me defraude lector. No piense que le voy a hablar de Hotesur, Los Sauces, Lázaro, Bonadío  o Comodoro Py. Para eso están Margarita Stolbizer y Mariana Zuvic, que hablan con solvencia, no como este chapucero de la palabra.

Me refiero a algo más sutil. No es la justicia. Es la política. Que, aunque infrecuentemente, a veces es justa.

Para ganar el escudo protector de los fueros, a Cristina le bastaría con sacar lo mínimo indispensable, aunque pierda. Para ganar la elección, a Cristina “una política más”, le alcanzaría con “ganar por un puntito” (no “perder por un puntito”, como se justificó Néstor en 2009, luego de la derrota que le infligiera “Alika-Alikate de Narváez) Pero, para la “Reina Cristina” (que no es “una más”,  sino la encarnación divina) debería ganar al menos con un 40% y sacarle por lo menos 10% al segundo. De lo contrario, se convertiría en una política mediana (por no decir mediocre), que debería procesar “la vergüenza de haber sido y el dolor de ya no ser”. Como cuando Carlos Menen, después de ganar con el 24% y, más tarde, perder por abandono con Néstor en 2003, se vio obligado a decir: “todavía sigo invicto”. Es decir: ¡se retiró invicto! (aunque siempre esté volviendo; o mejor: “¡cómo voy a volver si nunca me fui!”)

Kunf Fu o cómo vencer la sombra de Kagemusha

En uno de los capítulos de la mítica serie “Kung Fu”, Kwai Chang Caine (David Carradine) se enfrenta a un brujo que pretende atemorizar al pueblo. Como se dijo arriba, todo poder emana de un acto de atribución colectiva. Aquel brujo no era la excepción: tenía poder solo por el hecho de que los crédulos habitantes de aquella comarca decidieron conferírselo. Cuando el sabio Caine decide enfrentarlo, el brujo redobla la apuesta (sí, “redobla la apuesta”, como —según dicen los que saben— suele hacer Cristina). Entonces el “brujo populista” que pretende expulsar del pueblo al buenazo de Caine, a efectos de tener luz verde para el viejo arte de la manipulación, lo rodea con un círculo imaginario y lo sentencia a que, si permanece allí en lugar de alejarse del pueblo, una fuerza terrible lo consumirá al amanecer siguiente. La gente mira azorada y acompaña al mártir en ciernes a su inminente desgracia. Pero el sabio Caine actúa con templanza y no hace nada más que esperar. Al día siguiente, amanece y, obviamente, no pasa nada. ¡El brujo fue un fiasco! El maleficio terminó. La sombra del hechizo ha caído. ¡Game over! Fin del relato.

Epílogo:

Como tantas historias, el relato de Kagemusha nos advierte sobre lo ilusorio del poder. De cómo lo ilusorio tiene la sustancia de lo efímero. En 2013 Sergio Massa comenzó a sentenciar el destino de Cristina eterna. En 2015, Mauricio Macri pareció que la ingresaría en la historia. Como alguna vez dijera el General Juan Domingo Perón, en sus años de exilio: “No es que nosotros fuimos tan buenos; es que los que vinieron después ¡fueron mucho peores!” Si el desempeño del actual gobierno fuera al menos razonablemente acorde con su promesa de cambio, entonces Cristina Kirchner ni siquiera sería de la partida. La derrota de octubre de 2015, para bien o para mal, la habría confinado a esa imprecisa ficción que llamamos “la historia” y, desde allí, ya no habría salido. No sería entonces la pretendida política mesiánica que viene a propinar justicia, sino tan solo una política en desgracia que debe rendir cuentas a la Justicia.

Pero el gobierno de Mauricio Macri anda a los tumbos. Y por eso el sueño del regreso triunfal de Cristina se aviva, para el disfrute de sus fieles seguidores y el temor de sus fervorosos detractores. Pero no nos equivoquemos. Ciertamente Cristina podría volver. Pero —en mérito a la, en este caso, correcta asignación de género a la que es afecta— aunque ganara, sería apenas una “leona herbívora”

Es decir: la sombra de una guerrera.

Una auténtica Kaghemusha.

[1] Nota del autor: Quien escribe estas líneas ¡es encuestador! ¡En casa de herrero (….)!