Decadencia

Decadencia es la declinación o el principio de la ruina. Se trata de un proceso de deterioro y menoscabo a través del cual las condiciones o el estado de algo o alguien comienzan a empeorar.

La sociología habla de decadencia para hacer referencia a un colapso societal. El embrutecimiento social de la Argentina no es casual o coyuntural, es un camino pensado y trabajado desde quienes nos gobiernan.

Las consecuencias las observamos desde lo cotidiano, con alumnos que cursan el cuarto grado y tienen dificultades para leer, escribir y hacer simples cálculos matemáticos. Alumnos secundarios que no comprenden textos y muchos estudiantes universitarios que no articulan más de 150 palabras, cuando a mediados del siglo pasado (1950) una persona se movía cotidianamente con un promedio de 6.000.

Adriana Puiggrós, -Viceministra de Educación- doctora en Pedagogía con una abundante producción escrita sobre temáticas educativas, consideró que «evaluar no es un elemento de la enseñanza» sino «un instrumento de control y de selección y está pensado desde una lógica empresarial» que busca «reducir cantidad de alumnos, de docentes, desde una idea meritocrática». El ministro Nicolás Trotta, tomó distancia de los dichos de Puiggrós, pero ella sigue  ocupando su sillón.

Por su parte, desde la Unión de Docentes Argentinos (UDA), el sindicato docente más antiguo del país y miembro de la CGT, se distanciaron de la idea de la evaluación como una «lógica empresarial», pero consideraron que los exámenes estandarizados no son útiles como método de diagnóstico.

También, Ctera y Suteba, consideraron que “se trata de un operativo que concibe la evaluación como un fin en sí mismo y como un mecanismo punitivo, que reduce la participación de la docencia a meros aplicadores y de los estudiantes a simples objetos de estudio”.

La sociedad meritocrática suele integrar el concepto de talento con esfuerzo. Aprendemos a responder a incentivos, ya sean positivos o negativos, desde el comienzo de nuestras vidas. Un incentivo es, sencillamente un medio de exhortar a alguien a hacer más algo bueno y, menos algo malo.

El embrutecimiento social sirve. Cualquier argumento, sea falso o coloreado, ayuda al propósito de erigirse como los únicos dueños de la verdad.

Se perdió el respeto a los padres, médicos, enfermeras, docentes, fuerzas de seguridad o rivales políticos, de hecho los opositores son el enemigo que “no deja gobernar”.

Personajes que no han terminado sus estudios secundarios son funcionarios. Políticos que no tienen la más pálida idea ocupan puestos, para los que existen personas que se prepararon, estudiaron y se capacitaron durante años.

La descomposición social que está sufriendo nuestro país no es fruto de una sola causa, como pudiera ser el narcotráfico y el consumo de drogas, sino el resultado de muy diversos factores, como por ejemplo, tres generaciones que han vivido de subsidios del Estado, sin prepararse para la vida laboral y esto nos están llevando a una profunda crisis social, cuyo sólo antídoto es la educación y en estas condiciones no se resolverá de un día para otro.

El sistema educativo estatal debe formar a los educadores como los personajes más importantes en la comunicación y el ejemplo de los valores. ¿Por qué los sindicalistas del gremio docente se han negado a la evaluación de los docentes? Pues, parte de la respuesta está en la foto que acompaña esta crónica.

Días atrás, una docente llamada Nuria Alonso, se encontraba dando una entretenida lección virtual para chicos de 6 y 7 años sobre los dinosaurios: sus nombres, características y de qué manera se alimentaban.

Escribió en el pizarrón «Hervívoros», con letras mayúsculas, poniendo en primer lugar una «v» cuando iba una «b». Nuria no fue tendencia en Twitter por su clase sino porque al momento de escribir esa palabra cometió un error ortográfico de esos que difícilmente pasan desapercibidos ante la mirada ajena y lo peor es que fue en la televisión estatal.

Después de cuatro décadas en la docencia, el rector del Colegio Nacional Buenos Aires, Horacio Sanguinetti, director del secundario más prestigioso del país se lamentaba -en un reportaje realizado en abril de 2006- de todo lo que ha perdido la educación argentina, una decadencia que según sus palabras es «monumental». Afirmaba, desencantado, que en nuestra nación existe «un orgullo de la no cultura». Y esto lo vemos reflejado en las redes sociales.

Lo malo es que tuvimos una gran escuela, ejemplo para Sudamérica y todo eso se ha rifado, se ha liquidado, cuando desde las principales dirigencias se desmerece la meritocracia. Un dirigente “ejemplar”  dijo no hace mucho y por televisión: “No hace falta estudiar, hace 32 años que dirijo el sindicato. Yo con tercer grado manejo al sindicato más poderoso del país, y decido hasta cuándo se quedarán los presidentes gobernando…” (sic).

Vivimos en una sociedad donde están fallando todos los análisis, donde existe una decadencia absoluta de los valores fundados en el aprecio a la humanidad, donde la competitividad, el arribismo y la banalización de los valores éticos y morales han hecho y continúan haciendo estragos. Esta es nuestra sociedad hoy, donde reinan la apatía, el desencanto, la corrupción y la hipocresía.

Por: Ernesto Martinchuk

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