¿La Argentina tiene futuro?

Por Ernesto Martinchuk

“El tiempo es demasiado lento para aquellos que esperan, demasiado rápido para aquellos que tienen miedo, demasiado largo para aquellos que sufren…”, Henry Van Dyke.

La lucha por la existencia toma en nuestra vida social proporciones cada vez más poderosas. La guerra de “todos contra todos” se está desencadenando con extrema violencia y se hace sin piedad, podríamos decir sin elección de los medios. Las conocidas frases “quítate tú para ponerme yo”, “lo que tú tienes me pertenece”, “a mí no me corresponde”, “el Estado tiene la obligación de…” se aplica en la vida con acompañamiento de codazos, trompadas y tiros. El más débil se ve obligado a ceder el puesto al más fuerte, prepotente o armado. Donde la ley no existe, se emplean los medios más sutiles y más indignos: la mentira, la trampa, la perfidia y el fraude. Se recurre a los crímenes para desembarazarse de testigos inoportunos y declaraciones de locura, insania.

Y así como en esta lucha por la existencia, los individuos van contra los individuos, así hacen las clases contra las clases, los sexos contra los sexos y las edades contra las edades. El interés, la ganancia, se convierten en los únicos reguladores de los sentimientos humanos, ante los cuales debe ceder toda otra consideración.

Miles de trabajadores/ras están en la calle después de haber empeñado o vendido sus elementos de trabajo, sus muebles o hasta parte de su ropa, y ya no pueden evitar la caridad pública. La clase política –que nunca ha renunciado a percibir sus honorarios desde que comenzó la cuarentena- no tiene la menor idea de lo que es hallarse durante meses enteros, en la necesidad de no poder satisfacer las más elementales exigencias con el estómago vacío.

Los políticos fuera de eje

Mientras tanto, Josefina Campos es bioquímica graduada en la UBA, obtuvo un doctorado en Cambridge. Es científica en el Instituto Malbrán y con su equipo logró decodificar el genoma del SARS-Cov 19 (Corona Virus). Con una antigüedad de 10 años cobra un sueldo de $48.000. Y como ella, viven esa realidad miles de médicos, enfermeros, auxiliares de la salud, que están en la primera línea de la batalla, arriesgando sus vidas contra el Covid 19.

Por su parte, Ofelia Fernández, legisladora de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires por el Frente de Todos, tiene 20 años. Se hizo popular por liderar las tomas del Colegio Carlos Pellegrini en 2018. Tiene una dieta de $225.000, cuenta con 5 asesores que perciben $84.000 cada uno y está cómodamente sentada en su casa haciendo algunos encuentros por Zoom.

¿Qué hizo durante la pandemia esta “legisladora” para mejorar la vida de los ciudadanos de CABA? Y así, todos los senadores y diputados que han seguido cobrando sus dietas, sin la más mínima solidaridad con los ciudadanos que han perdido sus empleos o han tenido que cerrar sus empresas durante la cuarentena más larga del mundo.

Mientras tanto: No hay dinero para pagarle la movilidad a los jubilados. No hay dinero para pagar el bono a los médicos y personal de salud. No hay dinero para las fuerzas de seguridad. Pero Sí hay mucha plata para hacer la Reforma Judicial, que sólo beneficia a los corruptos.

A todo esto, el oficialismo, está sometiendo a prueba a todo el país, con un atropello diferente cada día: No Congreso. Más impuestos. Impunidad fiscal para los amigos. Liberación masiva de presos, violadores y peligrosos narcos. No reuniones sociales. Abandono del Estado ante ataques pseudo mapuches. No libros…

Cuanto peor y más desfavorable es la situación de la sociedad, más numerosos y graves son los acontecimientos que se viven. La lucha por la existencia reviste la forma más salvaje y más violenta, haciendo retroceder al ser humano al estado primitivo, en el cual cada individuo ve en su semejante a un enemigo mortal, donde los lazos de solidaridad se aflojan cada vez más.

Daños colaterales

Las ventas se detienen, y la producción disminuye. La disminución de la producción produce la de la mano de obra, la de los salarios y la del consumo, en las víctimas de la crisis y su consecuencia forzosa es la detención de la producción y de las ventas en las distintas ramas del comercio. Los pequeños oficios de todo género, formada por obreros, y monotributistas, pierden sus ingresos y allí junto al trabajo informal comienzan a sumarse los problemas.

Aunque es difícil determinar cuánto del daño económico fue causado por la pandemia y cuánto por la cuarentena, lo cierto es que Argentina está viviendo una caída económica mayor a la de la crisis del 2001-2002, hasta ahora el peor desastre económico de su historia. El actual gobierno sabía desde agosto de 2019 que conduciría a partir de diciembre de ese año el país, pero aún no se conoce el plan económico que desarrollará.

Para cientos de miles de argentinos, haber perdido su fuente de trabajo o no saber si lo perderá pronto, representa una angustia que agrava los problemas de salud mental que afloraron durante la cuarentena.

Los jóvenes

Los más afectados son los jóvenes: ocho de cada 10 tienen algún síntoma de depresión y muchos experimentan síntomas regresivos a su primera infancia. Otros tienen miedo a salir a la calle y enfrentar la realidad.

El Ministro de Educación puso en duda que el año próximo se reinicien las clases presenciales cuando comience el nuevo ciclo lectivo, en marzo, con lo cual cada vez existe menos personal calificado para ingresar al mercado laboral.

La precariedad laboral amenaza a los jóvenes de dos maneras: de forma inmediata, serán los primeros en ser despedidos o sus condiciones laborales cambiarán drásticamente. A mediano plazo, los que conserven sus empleos serán los más expuestos al despido si se materializa la amenaza de una crisis económica provocada por el Coronavirus.

El Ministro de Transporte ya anunció que las aerolíneas no podrán volver a operar, como estaba previsto, convirtiendo a Argentina en prácticamente el único país del mundo sin vuelos comerciales.

Realidades

Los diferentes desafíos que trajo la cuarentena más larga del mundo, han sido especialmente duros para las mujeres, que no sólo suelen trabajar en las áreas de servicios más golpeados por la crisis, sino que además, tradicionalmente han sido las principales encargadas de los hijos y la casa.

Ocuparse del trabajo, los hijos y la casa está dejando a muchas argentinas «agotadas». Otras, por su parte, que reciben, junto a sus parejas, distintos subsidios por partida doble, -los que les permiten vivir muy bien- directamente ya no les interesa trabajar, por lo cual cuatro generaciones han visto a sus padres y abuelos sin generar la cultura del trabajo. Cabe consignar que estos subsidios también lo reciben muchos residentes extranjeros… No existe control, no existen estadísticas confiables y la corrupción se ha transformado en moneda corriente en todos los estamentos.

Por otra parte, quienes tienen entre 30 y 44 años cuadruplicaron su consumo habitual de bebidas alcohólicas, algo seguramente atado al estrés que padecen muchos padres, obligados a trabajar desde la casa, con niños pequeños a su cargo.

En tanto, también aumentó fuertemente el volumen y la frecuencia del consumo de nicotina y drogas legales, en especial psicofármacos. También se reportó una drástica reducción en la realización de estudios, tanto de diagnósticos como terapéuticos.

Combate contra la corrupción

El país diariamente se ha visto, en las últimas décadas, estremecido por escándalos sobre narcopolítica, corrupción tanto del Estado como de las empresas privadas, sin que se logre castigar a muchos de los culpables. El surgimiento de una nueva República debe enfrentar el problema sin contemplaciones con nadie y para ello implementar las siguientes normas:

– La Justicia -como poder independiente- debe ser la primera en colaborar con el Gobierno para confiscar los bienes y dineros obtenidos por medio de la corrupción para ser destinados a las arcas del Estado.

– La primera medida a tomar es, actuar con rapidez e incrementar con dureza las penas de cárcel para los culpables de corrupción. Las condenas más altas –de cumplimiento efectivo y sumatorias- para quienes se apropiaron de dineros destinados a los temas sociales más delicados, como programas de salud y educación pública, o para atender a niños pobres y ancianos.

– Aplicar penas durísimas a la plaga del narcotráfico causante de crímenes, dolor y horror.

– Establecer reglas claras y sencillas para contratar con el Estado.

– Uno de los aliados más perversos de la corrupción en los organismos gubernamentales es la cantidad de trabas y complicaciones que se les ponen a proveedores y contratistas privados, donde muchas veces esas normas son creadas, precisamente, para facilitar los sobornos.

– Los empleados públicos deben rotarse en sus cargos cada cierto tiempo para evitar que se enquisten en las entidades, perpetuándose y corrompiéndolas.

– Todo empleado del Gobierno, antes de tomar su cargo, debe firmar un documento en el que autorizaba al Estado a revisar, cada vez que lo requiera, sus cuentas bancarias en el país o el exterior. Y si en algún momento se le encuentra culpable de corrupción, pierde sus derechos, nunca más podrá volver a ocupar un cargo público y cumplirá pena de cárcel efectiva.

– Enviar a la cárcel a ministros, gerentes, líderes sindicales, empresarios que ofrecieron sobornos a funcionarios y no puedan justificar su fortuna, al igual que periodistas corruptos que hayan realizado negocios indebidos con entidades estatales.

– Ordenar que los colegios, desde el jardín de infantes, primaria, secundarias y universidades enseñen a los jóvenes, en sus programas de estudio, la asignatura Ética Pública.

Sin duda, la rigidez y seriedad, recuperando la tranquilidad y la legalidad, con la que se tome el combate contra la corrupción -a través de un verdadero y dignificante sistema de justicia- traerá de la mano el éxito económico y social que todos los ciudadanos argentinos se merecen.

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