La Justicia en momentos difíciles

La justicia es la virtud por la que atribuimos a cada cual lo que le pertenece.

¿Qué es justo y qué no? Difícil saberlo y definirlo. La justicia depende de los valores de una sociedad y de las creencias individuales de cada persona.

La justicia está simbolizada con la figura de una mujer que porta en la mano una balanza equilibrada y que tiene sus ojos tapados con una venda. De ahí que en muchas ocasiones se utilice de manera habitual la expresión “la justicia es ciega”.

De esta forma se intenta dejar patente que la justicia no “mira” a quien debe juzgar para actuar de manera arbitraria, sino todo lo contrario. Es decir, que actúa de manera equitativa y siempre tratando por igual a todos los ciudadanos con independencia de su raza, sexo, condición sexual, ideas políticas, condición social…Todos somos iguales ante la ley.

Al principio, las sociedades salvajes consideraban que la criminalidad no existía. Lo que existía era la ofensa y la venganza. El ofensor debía temer al ofendido, pero no tenía nada que temer si éste no sentía el insulto.

Un relato proveniente Nuku Hiva, -es la más grande de las islas Marquesas- en la Polinesia, decía que: Un jefe ya de edad, por derecho de poligamia, había contraído matrimonio con una joven. Ésta, celosa de los hijos que su esposo tenía de su primer matrimonio, los envenenó con el consentimiento de su padre, quien la dejó obrar no viendo en aquello más que un accidente, una fiebre o un ataque violento, por ejemplo. Si hubiese amado más a sus hijos que a su esposa, la muerte habría sido una ofensa, y la hubiese castigado, se hubiera vengado; pero como amaba más a su esposa que a su hijos, no recibió ninguna ofensa por sus muertes, y la idea de crimen no intervino para hacer odiosa la perversidad moral.

No quejándose el padre, nadie de la tribu se quejó.

Entre nosotros también vemos crímenes por connivencia para hacer desaparecer un hombre, una mujer, un marido, un hijo, un pariente o un testigo que estorba; pero se ocultan cuidadosamente al ojo de una opinión moral que las detesta, de una justicia que las castiga.

En el talión se halla expresado del modo más claro la ley hebraica: “Al que cause una lesión a su prójimo, se le hará lo que él hiciera: fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente”. El talión no es extraño a las leyes griegas ni, en los romanos, a las de las Doce Tablas.

“Pena”, que viene del latín “paena”, que a su vez viene de una palabra griega empleada por Homero, no significa otra cosa que compensación por una ofensa. Se ha de tener en cuenta, como concepción muy natural, el camino que recorrió la idea de justicia.

Los antiguos consideraban a la justicia la virtud suprema, en torno a la cual se ordenaban todas las demás. Platón, por ejemplo, concedía ese estatus a la justicia. En La República afirma que, en un hombre justo, las tres partes del alma, razón, espíritu y apetito, y las tres virtudes asociadas a cada una de ellas, sabiduría, valor y moderación, están equilibradas.

A nivel comunitario, la justicia opera de forma análoga. En una comunidad política justa, cada clase ejerce su virtud distintiva, realizando la función que le es propia por naturaleza sin interferir con las de los demás.

La noción de criminalidad o delito y de justicia se perfecciona por el progreso de los acontecimientos y de las instituciones.

El estamento racional y sabio gobierna, los espíritus valerosos hacen la guerra y el resto, compuesto por aquellos que careciendo de espíritu o inteligencia son, no obstante, capaces de moderación, se dedican a la agricultura y las tareas manuales. La justicia no sería así más que un equilibrio armonioso entre sus elementos constituyentes.

En nuestro país, -a raíz de los últimos acontecimientos de público conocimiento- el ciudadano tiene una visión por lo general negativa de la Justicia, ya sea por desconocimiento, ya porque en sus experiencias con el mundo judicial no ha sido el deseado, o ya porque simplemente la sentencia dictada por el Juzgador en el caso que le afectaba no ha satisfecho sus pretensiones.

A todo esto, hay que sumar que el ciudadano no valora positivamente el cometido de los abogados en la tarea de impartir justicia y en el desarrollo del Derecho. También considera que los jueces están aislados de la realidad, y que las leyes se hacen para satisfacer los intereses de unos pocos privilegiados, o se hacen sin tener en cuenta las necesidades de la mayoría de la población.

Lo cierto es que, las normas que imperan en nuestra sociedad, son elaboradas en cada momento histórico por los poderes públicos, revistiendo notas y caracteres de lo que, a primera vista, parece ser justo para la mayoría de la población. Entonces el concepto de “Justicia”, refleja un sentir generalizado y unos valores compartidos por la sociedad.

Una gran responsabilidad de la imagen deteriorada que los ciudadanos poseen de la Justicia recae, a nuestro humilde entender, en que los medios de comunicación, -fundamentalmente la televisión- donde se abordan de modo superficial y simplista las noticias jurídicas.  La mayoría de las veces, los titulares y las crónicas no analizan con detenimiento las causas.

Los abogados, en los últimos años se han convertido mediáticamente en los “artistas” y “creadores” del Derecho, pues lo interpretan, lo analizan,  otras veces lo “manipulan” ,  y lo llevan al caso concreto de su cliente o defendido, pero es una fuente impulsora de la evolución del Derecho de la sociedad. La Ley es la que existe, pero tiene multitud de interpretaciones, tantas como clientes y casos se planteen.

Existe tu verdad, mi verdad y… la verdad.

Entre tanto, el juez es quien valora los antecedentes fácticos que rodean un asunto concreto. Estudia y analiza los planteamientos de cada una de las partes, y fijando un principio de relevancia sobre los distintos hechos, o estimando los argumentos de unos y otros, aplica la Ley, y dicta sentencia.

Es sabido que la moral es una derivación de dos impulsos, el egoísmo y el altruismo, que provienen a su vez, el uno de la necesidad de nutrición, que es impuesta a la substancia organizada para que se subsista, y el otro de la necesidad de amar, que le es impuesta por la unión de los sexos para que continúe como especie.

La Ética es la moral de la conciencia y lo hará intentar entender las motivaciones de todos los implicados en una situación para luego dictar su sentencia.

Se engañaría mucho quien creyera que, la idea de venganza privada ha desaparecido completamente de la justicia contemporánea, y la sociedad debe preocuparse por las víctimas de calumnias, asesinatos, raptos, amenazas, incendios, robos, intimidación, persecución y demás crímenes.

Hoy la  sociedad –como desde muchas décadas- hace muy poco por la Educación; y sin embargo, en el contexto actual, resulta cierto decir que nunca haría bastante, por muchísimo que hiciese. Pero, bajo el imperio de nociones de moralidad que imponen la penalidad de todo crimen, lleva consigo la pérdida de la consideración y el rango: de manera que se concentran en una especie de población de delincuentes y criminales colocados fuera de la sociedad.

La noción de justicia es pues, una noción puramente intelectual, llevada al dominio de la acción y de la moral

El espíritu y finalidad de las leyes dependen de cuál sea la composición de las fuerzas y de los pactos entre los grupos políticos en el parlamento nacional, es decir, no serán las mismas leyes las elaboradas durante la vigencia de un gobierno liberal, socialista o conservador, y mucho menos de un gobierno comunista.

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