Tierra arrasada: un monumento viviente de heroísmo
El enemigo avanza a las órdenes de Goyeneche que se ha puesto a la vanguardia con más de 3.000 hombres y 10 cañones al mando del general Pío Tristán. Más de 800 realistas de la primera columna de esa avanzada, parte de Suipacha el 1ro de agosto. Tras la catastrófica derrota de Huaqui en 1811, el Ejército del Norte estaba desmoralizado, mal vestido y con armas insuficientes.
El grueso de las fuerzas patriotas se hallaban concentradas en San Salvador de Jujuy y la vanguardia en Humahuaca. Ante esta situación, el 14 de julio de 1812 Manuel Belgrano emite un bando convocando a las armas a los jóvenes ciudadanos de Jujuy, que responden con entusiasmo al llamado del prócer, quién los exhorta a la lucha en términos que revelan un profundo amor a la Patria: “Cuando el interés general exige las atenciones de la sociedad, deben callar los intereses particulares, sean cuales fuesen los perjuicios que experimentasen; este es un principio que solo desconocen los egoístas, los esclavos y que no quieren admitir los enemigos de la Patria; causa a que están obligados cuantos disfrutan de los derechos de propiedad, libertad y seguridad en nuestro suelo, debiendo saber que no hay derecho sin obligación y que quien solo aspira a aquel, sin cumplir con ésta, es un monstruo abominable, digno de la execración pública y de los más severos castigos. Exige por hoy el interés general que todos tomen las armas para sostener esa misma causa, cuya justicia está apoyada en fundamentos incontrastables de derecho natural y divino…”
La orden obligaba a toda la población civil a abandonar sus hogares y retirarse hacia el sur. Para asegurar que los realistas no encontraran sustento, se ejecutaron medidas extremas de tierra arrasada:
– Las cosechas debieron levantarse o quemarse por completo. Se incendiaron casas, galpones y cualquier refugio utilizable.
– Se movilizaron miles de cabezas de ganado y se destruyeron objetos de hierro o mercancías que no se podían transportar.
– Belgrano decretó que quien ayudará al enemigo o se negara a marchar sería fusilado de forma inmediata por traición a la patria.
Todos los ciudadanos de entre 16 y 35 años “amantes de la libertad” son convocados a alistarse en las banderas de la patria. Así organiza, bajo las órdenes de Eustaquio Díaz Vélez, una nueva unidad de caballería llamada los “Decididos”. Acelera la fundición de cañones, reúne la caballería y el ganado. Desconfiaba profundamente de los terratenientes locales, a los que llamaba “los desnaturalizados que viven entre nosotros y que no pierden arbitrios para que nuestros sagrados derechos de libertad, prosperidad y seguridad sean ultrajados y volváis a la esclavitud”. Tenía datos precisos de que ya estaban en contacto con la avanzada española para hacer negocios con las probables nuevas autoridades, de las que habían recibido la garantía de respetar sus propiedades. Belgrano no les dejó alternativas: o quemaban todo y se plegaban al éxodo o los fusilaban.
El bando militar dictado por el General Manuel Belgrano fue una de las órdenes más severas, patrióticas y drásticas de la historia argentina. El documento no apelaba únicamente al civismo, sino que funcionaba como una ley marcial implacable.
El intelectual militar
Como intelectual, abogado, periodista y economista, Belgrano dominaba varios idiomas (francés, italiano, inglés y latín) y leyó con pasión las obras más avanzadas de su época. Aunque no era un militar de carrera, recurrió a tres grandes fuentes teóricas que documentaba la táctica de tierra arrasada:
– La historia clásica de Roma y Grecia (Polibio (188 a. C), Tito Livio (17 d. C) y Plutarco (120 d. C): En la antigüedad, la táctica de desgastar al enemigo destruyendo el territorio era común (por ejemplo, las campañas de Quinto Fabio Máximo contra Aníbal o la resistencia de los persas). Belgrano era un profundo lector de los clásicos, de donde extrajo la noción del sacrificio civil por una causa superior.
– El arte de la guerra de Maquiavelo (1521): Este tratado político-militar detalla la necesidad de privar al invasor de alimentos, alojamiento y recursos en territorio hostil, forzándolo a la retirada sin necesidad de presentar combate directo.
– Manuales y ordenanzas militares españolas: Belgrano estudió a fondo las tácticas de las Ordenanzas de Carlos III y autores militares de la Ilustración española que analizaba la logística de la retirada y las operaciones defensivas de desgaste.
El antecedente más fresco y directo que Belgrano conocía a la perfección a través de las gacetas y libros europeos era la Guerra de la Independencia Española. En 1810, el general británico Lord Wellington aplicó con éxito la táctica de tierra arrasada en Portugal (las Líneas de Torres Vedras), quemando campos y evacuando poblaciones enteras para derrotar por hambre al ejército francés del mariscal Masséna. Belgrano, sumamente atento a los sucesos de Europa, emuló este concepto estratégico de manera sistemática y milimétrica en el suelo norteño.
La magnitud del Éxodo Jujeño combinó tanto fuerzas militares profesionales como una inmensa movilización de civiles: Teniendo en cuenta la época, se estima que participaron entre 1,500 y 5,000 personas. Los registros históricos varían: unas 1,500 personas correspondían al núcleo urbano directo de San Salvador de Jujuy (un alto porcentaje de su población total), pero la caravana sumó familias rurales de la campaña, hacendados, esclavos, niños, ancianos y refugiados de Tarija y Chichas, alcanzando una masa movilizada de varios miles de almas que se iban sumando a lo largo de los kilómetros.
Es importante destacar que el Ejército del Norte que comandaba Belgrano era una fuerza debilitada de aproximadamente 1,500 soldados, de los cuales casi 500 se encontraban heridos o enfermos tras las campañas previas, mientras que el ejército español, al mando de Pío Tristán, contaba con unos 3,000 soldados profesionales, duplicando en número y armamento a los patriotas.
El 23 de agosto, sin la aprobación del Triunvirato, -que le ordenaba bajar hasta Córdoba- Belgrano inicia la retirada que él mismo dirige y en la caravana van las familias de abolengo, las de noble estirpe, los doctores y letrados, labradores y artesanos, mujeres, niños y viejos, todos formando un monumento viviente de heroísmo. El heroico pueblo jujeño quemó su propio patrimonio y caminó unos 360 kilómetros hasta Tucumán transportando sus enseres en carretas, mulas y caballos. Cuando las tropas realistas entraron a San Salvador de Jujuy, hallaron un pueblo fantasma, desértico y sin un solo grano de alimento.
Este desgaste logístico extremo minó las fuerzas españolas y permitió que pocas semanas después, el 24 de septiembre de 1812, Belgrano lograra la crucial victoria en la Batalla de Tucumán, salvando la revolución.
