¿Habrá elecciones en 2023?

“Si ves al futuro, dile que no vengaJuan José Castelli (1764-1812)

Las raíces de la Nación están, como las de un árbol, bajo tierra, Son los muertos. Nuestros patriotas, nuestros héroes están vivos. Las generaciones pasadas alimentan a las generaciones presentes. Nuestras calamidades son la ramificación de las calamidades antiguas, que no pudieron ser detenidas, desviadas o acabadas en su origen. Nuestro pasado es de terror, y en el terror seguimos viviendo. El terror gobierna, como ha gobernado antes. Aparece como una fatalidad, mientras los de abajo -como siempre- siguen esperando.

Las autoridades que dirigen los destinos del país, no son verdaderamente lo que deberían ser. De ellas suele partir el desorden y el peligro. Al hablar de autoridades, también incluimos a esa cadena de jefes menores, medianos, mediocres, cadena en que cada eslabón estira y es estirado, en que cada cual es subalterno y superior, es atormentado y atormenta. Y a medida que se desciende por la escala sombría, se ve multiplicada la crueldad y el maltrato en un Estado sobredimensionado.

Por desdicha la enfermedad es colectiva. Las masas sociales se han impregnado de la sombra hereditaria proyectada sobre el país por una espantosa sucesión de tiranías y de catástrofes. Las almas se han teñido de la melancolía fatídica de la resignación. No son golpes de estado los que han de salvarnos, sino una evolución lenta, a cuya obra no han de bastar toda nuestra paciencia, todo nuestro valor y toda nuestra comprensión.

Es fácil voltear un gobierno; difícil es transformar las costumbres gubernativas. El mal está en las raíces, bajo tierra. Allí es donde se debe herir, cortar y amputar para curar.

Existe quien agradece a los dioses que el Estado se ocupe de instruir a los niños. Hoy es una gran desgracia; la política es un arte mundano, una galantería entre pares, y nada se opone a las condiciones de competencia y sobre todo de moralidad necesarias a un Ministro de enseñanza pública, como las aptitudes de rapacidad y de intriga indispensables a un gobernante sólido. Forzoso es convenir que el poder descalifica para cualquier labor técnica y productora más allá cuando tiene -y lo hemos podido comprobar- dirigentes sindicales afines a sus propósitos.

Viejas reflexiones resucitadas a propósito de un miembro del gabinete, que desiste de profesores antipáticos. A unos los traslada, a otros los destituye. ¿Por qué? Porque no son amigos y admiradores particulares de este sistema…

Ser amigo del poder

No existe más que una amistad posible con los poderosos: la esclavitud. Los tiranos antiguos la sellaban con sangre; los modernos la sellan con dinero; algunos tontamente románticos, amordazan el pensamiento. Violentan las ideas, mil veces más preciosas que el dinero y la sangre… Terrible es que en las venas de este pobrerío silencioso se estremezca la nostalgia de un pasado fatal; terrible que todavía nos inquiete la amenaza al maestro y el proyecto de profanar el alma de los niños con el espectáculo de la política.

El que se encarna al poder no está dispuesto a sacrificar su persona en el régimen abstracto de la justicia; no está dispuesto a renunciar a las iniciativas que sirvieron a su ambición. Necesita mandar, dictar las órdenes que se le ocurren a él mismo, no a los reglamentos; anhela afirmarse, demostrar que sigue existiendo, que no es una razón, sino un personaje. Si gobernar se redujera a cumplir las leyes. ¿qué distinguiría a unos partidos de otros?

Violar la Constitución no tiene nada de particular, pero violarla dando un espectáculo tan cómico como ridículo, no es cosa de todos los días…

Una realidad

Miraba pasar, de los tantos que diariamente circulan, a un cartonero de La Matanza, en un improvisado vehículo realizado artesanalmente con dos ruedas de bicicleta. Observe que lo acompañaban varias criaturas, una durmiendo sobre los cartones, otros dos seguían al conductor junto a una adolescente embarazada. Más atrás una mujer, también embarazada, con un chico en un cochecito y otro que la acompañaba mientras tocaba en cada casa pidiendo: “algo de comida, ropa o lo que me pueda dar…” Un escuálido can también seguía al grupo.

Todas eran criaturas agobiadas en las que se van borrado los rasgos de su especie. Todos los días vemos en esta Argentina, niños desnudos, flacos, arrugados antes de haber aprendido a tenerse en pie, extenuados por la disentería, hormiguean en el lodo de sus villas, larvas del infierno que vivos aún, ya fueron condenados. Niños enfermos, padres, -algunos apenas adolescentes- que el vicio, el alcohol y la droga, consuela un instante en las noches siniestras de este anunciado naufragio.

No es espantoso que el hambre de la mujer sea peor que la del hombre, lo espantoso es que al hambre femenina se agrega una plaga especial: la prostituciónLa triste y ronca prostituta que pasa, es el espectro mismo de la humanidad. En sus ojos no hay ya lágrimas, en sus cabellos no hay brisa, ni juventud en su boca, ni esperanza en su corazón. Todo lo ha perdido, hasta el recuerdo, hasta el dolor y el deseo de morir… Ella misma se cree un cadáver que anda…

A tal grado de horror hemos llegado, envenenando el amor en sus fuentes, a convertir la santa ánfora de la felicidad y de la vida, la mujer, es decir, la madre, en una cosa obscena, donde todos escupen riendo. Este gobierno creo el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad -dotado de un presupuesto millonario- esta más ocupado en la burocracia militante y en dotarse de vehículos de alta gama, que en lograr frenar los femicidios. Tampoco vemos la preocupación de esta problemática en los representantes delInadi o los Derechos Humanos.

En muchos lugares del país, se le reservan a la mujer las angustias más horrendas, las labores más rudas; porque no se ha hecho de la mujer la compañera, ni la igual al hombre. Aquí vemos que existen muchas madres, pero de padres distintos, por lo tanto, no hay padres, no hay familia. Pero no nos engañemos, las manos de la mujer que se robustecieron en la lucha, se ennoblecieron en la humilde labor cotidiana, y no están hechas para ayudar a caer sino, para ayudar a levantarse.

La actual política viene exterminando generaciones causando más pobreza para crear una dependencia del Estado. Hoy a los 20 años de edad, muchos hombres y mujeres se han convertido en un mísero despojo de la avaricia de esa misma política. Hombres y mujeres caducos, embrutecidos, hasta para no recordar lo que fue su pasado resiente. Sus rostros se convirtieron en una lívida máscara que tomo el color de la tierra… Han convertido al hombre, en un peón cuyo “salario” es ilusorio. Los criminales pueden ganar dinero y más en algunos presidios. Ellos no.

Lamentablemente para esa gente no hay socorro, sólo migajas del festín de los políticos corruptos… para contenerlos y seguir usándolos en sus fines electorales para no perder sus privilegios. Esos pobres se embriagan, con el alcohol y la droga más barata, en un supremo afán de olvido. El anticipo pagado con décadas de horror, de olvido, después de los cuales los sobrevivientes no son más que mendigos decrépitos. Tan desdichados son que ni siquiera se espantan de su propia agonía, del hambre y la fatiga a la que se añade la enfermedad.

Los jueces y los políticos, casta de privilegiados, comen todos los días. Nada hay que esperar de un Estado que ha restablecido la esclavitud en el siglo XXI, con ella lucra y vende justicia al menudeo.

Los que viven sin trabajar no existen; son sombras. La política no debe tolerar que nos aprisionen las sombras. No debemos tolerar que la tierra, en cuya faz venerable hemos esculpido nuestra estupenda historia, no pueda tener brazos para recoger sus frutos. La tierra, la santa tierra, la madre inmortal, doblemente madre, porque después de darnos la vida, nos ofrece el reposo final.

El capital sin el trabajo se convierte en un despojo, en una ruina, en una sombra. Todos nos damos cuenta que una sociedad en que por cada miembro con existencia asegurada hay miles y miles de condenados a la angustia, la enfermedad, la degeneración, la muerte prematura y si la clase dirigente no se regenera de abajo hacia arriba, nos alcanzará, sin remedio, la bancarrota y el desastre. Pero la raíz de todo no es otra que la crueldad y la codicia. La codicia y crueldad han hecho que una exigua minoría invente y usurpe el poder, sacrificando a la mayoría indefensa y -por ahora- adormecida.

Un antecedente

Asistimos recientemente a la celebración del “Día de la Militancia”, donde el presidente, Dr. Alberto Fernández, -sin la presencia de Cristina Fernández Vda. de Kirchner– festejó una derrota como un triunfo, y dijo: “nunca olviden que el triunfo no es vencer sino nunca darse por vencido”…. Por su parte, Pablo Moyano, representando a los sindicalistas de la “nueva CGT” dijo: “Demostramos que la Plaza de Mayo es de los peronistas”. Un poco retrasada y cuando el acto había terminado, hacía su entrada una guardia pretoriana de La Cámpora, protegiendo y guiando por Diagonal Sur a su líder, Máximo Kirchner acompañado por el Andrés ‘Cuervo Larroque.

¿Y si en el 2023, en las elecciones presidenciales sucede lo mismo y desconocen los resultados? Directamente ingresaremos a los “sistemas virtuales democráticos” de los países comunistas de los que este gobierno es admirador y a los que apoya abiertamente.

En principio, nuestra política exterior encabezada primero por Felipe Solá y ahora por Santiago Cafiero -políticos sin cultura, experiencia y conocimientos- siguen mostrando al mundo, como nos estamos alejando de los países democráticos. Otro tanto puede decirse de ciertos políticos devenidos en embajadores. Todo parece ser como un plan -perfectamente diseñado- que lentamente se lleva a cabo mientras se simultáneamente se producen maniobras de distracción (Negociaciones con el FMI, más impuestos, hechos delictivos donde unos muertos parecen pesar más que otros, liberación de políticos presos por corrupción, piquetes, inflación, etc.)

El presidente no es un títere, en realidad es partícipe necesario de toda la política que desde las sombras y seguramente con asesoramiento del exterior, arma la vicepresidenta que, -gracias a una justicia cómplice- va liberándose de todas sus causas.

Todo es cuestión de tiempo. Mientras el apático argentino pasa su tiempo discutiendo temas de fútbol, las internas entre Wanda Nara y la ‘China’ Suárez, sus vacaciones con el pre-viaje, o las declaraciones de algún ministro, en las internas más próximas a la vicepresidenta, se tejen los destinos oscuros del país.

Luego de haber leído decenas de veces “El Príncipe”, (no confundir con “El Principito”) la reina sin tiara (por ahora), recluida en su mansión de El Calafate, estará pensando que estrategia podrá seguir en los días que están por venir. Será la de Nicolás Maduro (Venezuela), Daniel Ortega (Nicaragua), Díaz Canel (Cuba), “el amigo Putin” (Rusia), Xi Jinping (el aliado chino) o la de Lukashenko (de Bielorrusia)

En forma lenta, pausada y sin darnos cuenta, en un camino que parece sin retorno, se están perdiendo todos los días libertades. El primer ensayo fue comprar voluntades, (políticas, empresariales y periodísticas). Luego la “cuarentena eterna” para destrozar el aparato productivo. Siguió el apoyo a provincias feudales como ejemplo de gestión. Ahora, perseguir directa o indirectamente a todo aquel que no piense como ellos, provincias, municipios, localidades o personas…

Luchemos por conseguir que no haya otra riqueza que la del trabajo. Esto es sentido común y no hay nada más revolucionario que el sentido común, que los actuales dirigentes con décadas en el poder, han perdido.

Grande es amar a nuestros hijos, pero más grande es amar a los hijos de nuestros hijos, a los que aún tal vez no conocemos, a los del radiante mañana. No somos más que una ola del amargo mar irresistible que deberá lavar las cosas y las conciencias. ¿Cuánto viviremos? Un segundo. No basta el espacio; es necesario el tiempo. No basta con llenar el mundo con nuestra carne dolorosa. Es necesario renacer sin descanso. Detrás de nosotros están nuestros hijos. La promesa que se debe cumplir, la esperanza de pie. ¿Qué generación puede llamarse fuerte si no deja hijos fuertes y justos?

Seamos incontables como las estrellas del cielo. No vacilemos ante las penas que aguardan a nuestros hijos. A pesar del dolor y de las injusticias la vida es buena. Debajo del mal está el bien; y si no existe el bien debemos hacerlo existir.

Se cree que se puede disminuir la tiranía suprimiendo al tirano, y establecer la libertad por un decreto. También se supone que la figura de la vasija cambia la naturaleza del líquido. Se asombra la gente de que sea exactamente tan imposible ejercer los derechos cívicos ahora que se reconocen y recomiendan por la ley, como en la época de un despotismo concentrado en un hombre consagrado por el pueblo. Es que el sentimiento de la dignidad personal no es obra de los políticos.

No es en los convenios de los conspiradores con suerte donde nace la justicia, sino en los hogares, donde se educa con el ejemplo y con convicciones. No es en las costumbres políticas donde empieza el progreso, sino en las privadas. Cuando los corazones siguen intactos, las reformas escritas se reducen a un detalle grotesco.

La buena fe de los que comienzan a pensar y a luchar es evidente. ¿Quieren corregir la política? Estudien, edifiquen su espíritu. Forjen en un rincón el pedazo de armadura que les toque, y la nación, reunidas todas sus vértebras, será fuerte, vigorosa y pujante.

Es necesario aislar el tumor, impedir que concluya devorándonos, detenerle mediante una barrera infranqueable, un cordón sanitario más y más robusto compuesto por elementos no políticos. Porque los políticos sólo piensan en ellos.

En resumen, es forzoso desinfectar la generación de políticos presentes, y educar, no adoctrinar, a la generación venidera. Terminar con este sistema. Un buen médico, un buen ingeniero, un buen científico, o un buen profesor, alguien que tenga sentido común, ubicación en el contexto que vivimos. Un estadista que piense en el futuro de las generaciones venideras antes que en las próximas elecciones. He aquí algo mucho más importante que un presidente de la república.

Por: Ernesto Martinchuk

Ernesto Martinchuk

Periodista.

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