Al Qaeda reivindica ataques en Irak.

La rama de Al Qaeda en Irak se adjudicó la responsabilidad de una serie de ataques en el país esta semana sobre todo contra objetivos chiíes, que dejaron cientos de muertos y heridos.

El Estado Islámico de Irak (ISI por su sigla en inglés) dijo el martes en un comunicado publicado en sitios web islamistas que se atribuía los últimos ataques, que denominó campaña de "destrucción de muros" y que dijo que era el inicio de una "nueva etapa de la jihad" (guerra santa).
 
Al menos 116 personas murieron y unas 300 resultaron heridas por los ataques con bombas y disparos el lunes, el día más sangriento desde que las tropas de Estados Unidos se retiraron en diciembre.
 
Un día antes, 20 personas murieron en ataques dentro de una oleada de violencia coordinada.
 
"El Ministerio de Guerra ha movilizado a sus hijos y brigadas mujaidines y a sus grupos militares en una nueva incursión bendecida en el mes sagrado del Ramadán", dijo ISI en un comunicado.
 
"Operaciones jihadistas simultáneas y coordinadas se han realizado en todo el país en una oleada que ha asombrado al enemigo, haciéndolo perder su sentido, y que ha mostrado el fracaso de los planes de inteligencia y seguridad que llenan el mundo con ruido y quejas", agregó.
 
El baño de sangre coincidió con una intensificación del conflicto en la vecina Siria. Funcionarios iraquíes han advertido que militantes de Al Qaeda están cruzando la frontera de 680 kilómetros que comparten ambos países. Bagdad ha enviado soldados y tanques a la zona para reforzar la seguridad.
 
Irak, cuya desértica provincia de Anbar, un bastión suní, bordea Siria, está nervioso por el impacto del conflicto en su vecino, donde rebeldes principalmente suníes están luchando para terminar con el régimen alauita del presidente Bashar al-Assad.
 
El lunes, los insurgentes apuntaron contra áreas chiíes de Bagdad y las ciudades norteñas de Taji, Kirkuk y Mosul, dijeron fuentes policiales y médicas.
 
El Estado Islámico de Irak a menudo realiza ataques para tratar de fomentar el tipo de violencia sectaria que sumió al país al borde de la guerra civil y dejó decenas de miles de muertos entre el 2006 y el 2007.
 
Aunque la violencia en Irak ha disminuido en los últimos meses, los ataques mortales como los del lunes subrayan las deficiencias de las fuerzas de seguridad iraquíes para detener a los insurgentes.
 
El mes pasado fue uno de los más sangrientos desde la retirada estadounidense, con al menos 237 muertos y 603 heridos.
 
Las tensiones políticas han escalado entre las facciones chií, suní y kurda desde que las fuerzas estadounidenses dejaron el país.

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