Hasta el CEO de Banco Galicia alerta por la crisis: «la gente dejó de pagar créditos, expensas e impuestos»
El CEO de Banco Galicia, Diego Rivas, advirtió que la morosidad se extendió a expensas, colegios, servicios y prepagas. El salario perdió poder de compra y subieron las tasas.
Diego Rivas, CEO de Banco Galicia, advirtió que el problema de la morosidad de las familias argentinas ya no se limita a los préstamos bancarios, sino que se extendió a expensas, colegios privados, servicios públicos y prepagas. En declaraciones al programa Ahora Play, el ejecutivo señaló: «La gente no solo dejó de pagar el crédito, dejó de pagar las expensas, los impuestos. La situación es muy compleja«. Las declaraciones cobran especial relevancia porque provienen de una de las entidades más importantes del sistema financiero.
El CEO del Galicia explicó que la caída en la capacidad de pago no se explica únicamente por un exceso de endeudamiento, sino también por la combinación de tasas de interés elevadas, pérdida de ingresos reales y aumento de los gastos fijos de los hogares. Rivas describió el impacto que tuvo el fuerte aumento de las tasas reales durante el período de mayor volatilidad financiera.
El impacto de las tasas reales positivas
Rivas señaló que «las tasas reales muy positivas que empezaron a aparecer durante la crisis, previo a la elección, claramente rompió mucho de los modelos. No hay ningún modelo preparado para que empresas de primer nivel paguen 100 puntos de tasa real positiva. Si eso pagaban las empresas, que terminaban pagando también los individuos. Entonces yo creo que eso termina afectando». También describió el impacto sobre las compañías que habían tomado créditos a tasa variable: «Muchos de esos créditos eran a tasa variable. Los de empresas son a tasa variable y algunos son cortos… Creo que en la medida que esas tasas subieron, el stock terminó siendo un costo y no necesariamente un beneficio como había sido en el pasado».
La pérdida del poder adquisitivo y el reordenamiento de prioridades
Para Rivas, el principal problema apareció cuando el salario dejó de alcanzar para afrontar los gastos habituales. «Lo que le terminó sucediendo al individuo es que fue perdiendo poder adquisitivo. Salario bolsillo, ¿no? Al final, lo más complejo no es solamente que el salario no pudo replicar la Inflación, sino que tuvo efectos en el bolsillo más grandes que eso. La eliminación, sobre todo en Capital y GBA, de los subsidios, las tasas reales que pasan a ser positivas, te ponen en una situación de salario donde la gente perdió entre el 20% y el 30% dependiendo el estrato», afirmó.
En ese escenario, las familias comenzaron a priorizar otros pagos antes que las cuotas de los préstamos. Rivas señaló que la morosidad no se limita al crédito bancario: «Empezaron a comer los gastos fijos del hogar, y en ese aspecto decir, bueno, dejó último el pagar la cuota del crédito. Pero se dejaron de pagar muchas cosas. Mirás la morosidad en expensas y también se ve. Uno habla del crédito bancario, pero creo que la situación es bastante más compleja». Entre los rubros donde crecieron los atrasos aparecen expensas, colegios privados, facturas de luz, gas y agua, y cuotas de medicina prepaga.
Los números del deterioro sostenido
Los datos de la consultora 1816, elaborados sobre la base de la Central de Deudores del BCRA, reflejan el alcance del fenómeno. La mora de las familias pasó de 12,1% en abril a 12,7% en mayo, marcando la decimonovena suba mensual consecutiva. En octubre de 2024 era de apenas 2,5%. Más del 27% de quienes tomaron préstamos dejaron de ser sujetos de crédito, y casi 7 millones de personas quedaron fuera del sistema de financiamiento.
El deterioro también alcanza a las empresas, cuya mora aumentó de 3,3% a 3,5%, mientras que el conjunto del sector privado pasó de 7,3% a 7,7%. El informe advierte que el problema es aún más grave fuera del sistema bancario tradicional. En las entidades no financieras como fintech y emisoras de crédito, la morosidad ya alcanza el 32,2%, frente a menos del 10% registrado hace un año y medio. El impacto golpea con mayor fuerza a los jóvenes: cuatro de cada diez menores de 35 años con préstamos vigentes ya registran al menos una obligación en mora, lo que limita seriamente sus posibilidades de volver a acceder al crédito.
