A un año de la caída de Gaddafi, el futuro de Libia sigue siendo incierto.

La inseguridad está arruinando a Libia, donde las milicias siguen teniendo la última palabra lo que acrecienta la cautela de los inversores y pone en dudas el futuro.

El ataque perpetrado del mes pasado contra al consulado de Estados Unidos en la ciudad de Bengasi, en el este del país, en un hecho en que murió el embajador de ese país Chris Stevens y otros tres funcionarios de la legación estadounidense, puso de relieve la fragilidad de un Estado que lucha por dejar atrás la herencia de los 42 años del régimen de Gaddafi, reportó Reuters.

Los libios se rebelaron contra su líder en medio de una oleada de revueltas árabes a principios del 2011, pero tuvieron que luchar para derrocarlo y necesitaron la ayuda de una campaña liderada por la OTAN.

La mayoría de los libios sigue encantado con el fin de la era Gaddafi y muchos expresan un cauto optimismo sobre el futuro del país. Sin embargo, un año después, el caos aún reina en la nación del norte de Africa, como puede testificar Shehata Awami, el primer gobernador electo de Bengasi.

Awami dimitió después de tres meses en el cargo, en medio de presiones diarias, a menudo acompañadas por amenazadas armadas de gente que pide trabajo o una vivienda, y un débil e ineficaz gobierno central en Trípoli.

"Una vez, varios miembros del consejo me llamaron temblando de miedo. Un hombre que exigía una casa les había dicho: ‘Si no obtengo lo que quiero, entraré en tu edificio con dos maletas llenas de explosivos y los volaré a todos", dio Awami, que renunció en agosto para volver a su empleo en un banco.

El descontento se extiende por toda Libia, no solo en Bengasi, la cuna de la revuelta. La cultura de las armas se ha apoderado de la situación, dicen residentes, que denuncian constantes secuestros, robos a mano armada y disputas que acaban en tiroteos entre bandas rivales.

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