Cómo la formación profesional de Don Bosco abre oportunidades de trabajo
Para San Juan Bosco, educar fue siempre mucho más que enseñar. Fue acompañar a los jóvenes para que pudieran construir un proyecto de vida. En plena Revolución Industrial, cuando miles de chicos crecían entre la pobreza y la marginación, Don Bosco entendió que la formación en oficios podía ser una herramienta concreta para acceder a un trabajo digno y a un futuro con más oportunidades.
Esa convicción, que dio origen a la Congregación Salesiana en 1859 en Turín, sigue vigente hoy en la Argentina. A 150 años de la presencia salesiana en el país, la Obra de Don Bosco sostiene más de 50 centros de capacitación laboral y centros de formación profesional, donde jóvenes y adultos acceden gratuitamente a trayectos formativos orientados al mundo del trabajo.
Lejos de pensarse solo como espacios de enseñanza técnica, estos centros se proponen acompañar de manera integral a sus estudiantes. Inspirados en la fe y en la pedagogía salesiana, buscan formar en saberes concretos, pero también en confianza, autonomía, compromiso y vínculo con la comunidad.
“Don Bosco entendió muy temprano que enseñar un oficio era también devolver dignidad, autoestima y oportunidades”, sintetiza Valeria Vivani, Vicedirectora en Don Bosco Por Los Jóvenes. “Esa misión sigue viva cada vez que un joven descubre que puede aprender, trabajar y proyectar su futuro”.
Formación que transforma trayectorias
Todos los centros son gratuitos y funcionan en articulación con las distintas jurisdicciones. Cada uno desarrolla su propia especialidad según las necesidades del territorio y de la comunidad en la que está inserto. Así, la formación profesional salesiana toma formas diversas, pero conserva un mismo horizonte: generar oportunidades reales de inclusión educativa, social y laboral.
En la Ciudad de Buenos Aires, el Centro de Formación Profesional 34 “Profesor Roberto Albergucci”, con sedes en las Casas Salesianas San Pedro, Pío IX y León XIII, ofrece propuestas en áreas como gastronomía, energía, metalmecánica, informática, multimedial, imagen y sonido y construcciones.
“Entre las tres sedes egresan entre 800 y 1.000 estudiantes por año, en los dos cuatrimestres”, explica Tomás Sánchez, director del CFP 34. “La propuesta busca que cada persona pueda formarse en un oficio con salida laboral concreta, pero también que encuentre un espacio donde volver a creer en sus capacidades”.
La institución, que funciona desde 2003 y cuenta con certificación oficial del Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, acompaña trayectorias muy diversas. En muchos casos, la formación se convierte en una puerta de entrada al empleo formal; en otros, en el impulso para desarrollar un emprendimiento propio.
“Tenemos muchos egresados que hoy están trabajando o emprendiendo”, señala Sánchez. “Eso confirma que la formación profesional no termina en el aula: abre caminos concretos en la vida de las personas”.
Entre esas historias aparece la de Pablo, egresado de la capacitación de mozo en la sede León XIII, que hoy trabaja en el Teatro Colón, en el Salón Dorado. También la de estudiantes de pastelería que se insertaron laboralmente en panaderías y confiterías, como Sara; la de Yair, egresado de la Escuela Profesional Secundaria que hoy trabaja en el área de cocina de una empresa; y la de Rocío y Malena, que lograron consolidar sus propios emprendimientos gastronómicos.
En Córdoba, la formación también impulsa la inserción laboral
En Córdoba, el Centro de Formación “San Juan Bosco”, vinculado a la Casa Salesiana San Antonio de Padua, trabaja desde el año 2000 en barrio San Vicente con una propuesta de más de 30 cursos gratuitos al año en áreas como energía eléctrica, textil, informática, gastronomía, metalmecánica y administración.
“Desde el Centro buscamos generar oportunidades concretas de capacitación gratuita, especialmente para jóvenes en contextos de mayor vulnerabilidad”, explica Juan Pablo Bordón, coordinador del centro de formación. “Pero además impulsamos iniciativas para que esa formación pueda traducirse en inserción laboral o en el desarrollo de emprendimientos propios”.
El espacio cuenta con certificación oficial a través del Registro de Instituciones Capacitadoras de la Provincia de Córdoba y del área de Formación Profesional del Ministerio de Desarrollo Social y Promoción del Empleo provincial. Además, sus certificados tienen aval del Ministerio de Educación de la Provincia de Córdoba y de la Universidad Nacional de Córdoba. Cada año egresan aproximadamente 400 estudiantes.
Entre sus iniciativas se destaca una articulación con la empresa ISCOT, que brindó capacitaciones en habilidades blandas para la búsqueda laboral y entrevistas a estudiantes del centro. Como resultado, seis egresados accedieron a un empleo formal. A su vez, a través del programa Doná Herramientas, ya se otorgaron más de 15 microcréditos a tasa cero para acompañar a estudiantes que buscan iniciar o fortalecer sus propios emprendimientos.
En Junín de los Andes, el oficio también es arraigo y futuro
En Junín de los Andes, Neuquén, el Centro de Formación Profesional – CeMOE “Ceferino Namuncurá” lleva 40 años acompañando a jóvenes de la localidad, de barrios cercanos y de comunidades mapuche, con una propuesta que combina formación técnica, continuidad educativa e integración comunitaria.
Fundado en 1985 como Centro de Mano de Obra Especializada, el CeMOE nació como una respuesta para jóvenes que no habían podido continuar la escuela secundaria. Con el tiempo, consolidó una propuesta propia, centrada en brindar herramientas concretas para la inserción laboral sin perder de vista la formación integral de cada estudiante.
“Nuestra misión central es ofrecer herramientas técnicas que faciliten la inserción laboral de los jóvenes”, comparte Lorena Aguilar, Directora del CeMOE. “Pero también buscamos que puedan completar su escolaridad, emprender, conseguir trabajo o seguir estudiando con una base sólida en un oficio”.
El centro cuenta con certificaciones avaladas por el Consejo Provincial de Educación y ofrece trayectos en distintas familias profesionales: Madera y Mueble, Electricidad Domiciliaria, Metalmecánica/Soldador, Construcciones/ Albañilería, y Cuero/Calzado. Cada año egresan, en promedio, 25 estudiantes.
Allí, la formación técnica no aparece aislada, sino articulada con otras dimensiones educativas. Muchos adolescentes cursan uno o dos talleres en la institución mientras completan sus estudios secundarios nocturnos en escuelas locales. De ese modo, el aprendizaje del oficio se vuelve parte de una trayectoria más amplia, que apuesta por la autonomía y el desarrollo personal.
“Las capacitaciones son muchas veces el primer paso hacia proyectos de vida más grandes”, agrega Aguilar. “Tenemos egresados que hoy lideran sus propios emprendimientos, otros que trabajan de lo que aprendieron acá, y también jóvenes que siguieron estudios superiores”.
Entre esas trayectorias se destaca la de Luciano Saavedra, que hoy trabaja a partir de su oficio como soldador, y la de Mati Gaette, de San Martín de los Andes, que continúa sus estudios de inglés mientras sigue siendo acompañado por la institución en su vida cotidiana.
Educación, inclusión y comunidad
Más allá de las diferencias entre territorios y especialidades, hay algo que une a todas estas experiencias: la formación profesional entendida como una herramienta de inclusión. En los centros de Don Bosco, aprender un oficio no es solo adquirir una habilidad técnica; es también recuperar la confianza y la dignidad, construyendo vínculos y descubriendo posibilidades donde antes parecía no haberlas.
Por eso, estos espacios no se sostienen únicamente dentro del aula o del taller, sino también con el compromiso de la comunidad, el entramado institucional y el sector productivo local, para que la formación pueda traducirse efectivamente en oportunidades laborales.
“Cuando una empresa, una organización o una comunidad acompaña estos procesos, no solo colabora con la enseñanza de un oficio”, señala Valeria Vivani. “También ayuda a que más jóvenes puedan soñar un futuro distinto y hacerlo realidad”.
En el marco del 150° aniversario de la presencia salesiana en Argentina, la Obra de Don Bosco reafirma así una intuición que sigue plenamente vigente: la educación técnica y profesional de calidad puede cambiar vidas.
A través de sus centros de formación profesional y capacitación laboral, la propuesta salesiana continúa generando oportunidades concretas para jóvenes y adultos de todo el país, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad. Y lo hace fiel al espíritu de Don Bosco: con cercanía, con confianza y con la certeza de que educar para el trabajo también es educar para la dignidad.
