“Chespirito” en el corazón de los niños grandes y ejemplo para imitar

La muerte del gran Roberto Gómez Bolaños causó un profundo dolor de todos aquéllos que hemos sido fieles admiradores desde nuestra infancia.

Roberto Gómez Bolaños dejó de existir este viernes 28 de noviembre de 2014. Sin dudas, la noticia de su desaparición física llenó de dolor a todos los que amamos el género humorístico y los que, de alguna manera, somos seguidores del mundo retro. 

La persona que escribe estas líneas, hoy con 34 años, descubrió a éstos entrañables personajes, más exactamente en 1987, en plena época de la escuela primaria. Rápidamente, al mirarlo en la televisión a la hora de la merienda, se convirtió en la cita obligada para disfrutar de su humor sano e inteligente. 

Todos los que estábamos frente al televisor, con familiares, amigos y compañeros de la infancia de la escuela parecíamos que veíamos niños de verdad con sus juegos y travesuras propias de la edad. Los episodios del “Chavo” fueron temas de conversación, tanto los recreos escolares, conversaciones dentro del aula y hasta paseos en distintos sitios de ese momento. 

Aún los personajes creados por Gómez Bolaños se siguen emitiendo por televisión en la que vuelvo, por un rato, a volverme a poner en la piel del niño que fui y ahora que soy adulto, sigo riéndome y emocionándome por la vigencia de los mismos. 

Ahora, que ya partió "Chespirito" al nuevo mundo, los que vivimos esa época, estamos entre los 40 ó 30 años, vamos a extrañar ese humor sano e inocente sin maldad. Desafortunadamente, en la actualidad, pareciera que es necesario apelar a la grosería, al mal gusto para poder sacar una sonrisa.

Sin embargo, creemos que no es necesario para hacer reir y divertir apelar al recurso bajo lo que explica la falta de creatividad y de cultural para plasmar un proyecto que llame la atención.  

Hoy, la palabra tristeza se apiada de mi personalidad y de mi estado de ánimo que no hace otra cosa que rendirle un merecido homenaje a un genio irremplazable que dejó un vacío difícil de llenar, que debiera ser imitado. 

Gracias, Roberto por las risas y por tantos buenos momentos vividos frente a la pantalla, nunca te olvidaré, hasta siempre maestro.  

(Armando Rodríguez Rocha)

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