Donald Trump va por Cuba y Díaz-Canel confirma negociaciones por el bloqueo petrolero

El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, reveló que su gobierno mantiene contactos con funcionarios de la administración estadounidense para buscar soluciones a las diferencias bilaterales. La isla atraviesa una crisis energética sin precedentes y no tiene combustible.

En medio de una crisis energética que paraliza al país y de la arremetida de Washington contra la isla, el presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, confirmó este viernes que su gobierno mantiene conversaciones con funcionarios de la administración de los Estados Unidos. El anuncio, realizado en una conferencia de prensa transmitida por la televisión estatal, marca un giro en la tensa relación bilateral y abre una ventana de diálogo en uno de los momentos más críticos para la economía cubana.

«Hemos estado en situaciones tensas y aparecen esfuerzos por buscar canales de diálogo», señaló el mandatario en una reunión con miembros del Partido Comunista y del comité ejecutivo del Consejo de Ministros. Díaz-Canel explicó que los contactos, supervisados por él mismo y por el líder revolucionario Raúl Castro, «han estado orientados a buscar soluciones por la vía del diálogo a las diferencias bilaterales que tenemos entre las dos naciones».

La crisis energética que empuja el diálogo

La decisión de abrir canales de diálogo no surge en el vacío. Cuba atraviesa una crisis energética histórica, agravada por el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos. Según datos oficiales, más del 70% del territorio cubano padece problemas de electricidad. «Hace más de tres meses que no entra ningún barco de combustible a nuestro país», reveló Díaz-Canel, y agregó que «estamos trabajando en condiciones muy adversas que tienen un impacto inconmensurable en la vida de todo nuestro pueblo».

La escasez de combustible paralizó sectores clave de la economía y profundizó el malestar social en una isla que ya arrastra años de contracción. En ese contexto, el gobierno cubano parece dispuesto a explorar cualquier vía que alivie la presión, incluso si eso implica sentarse a dialogar con el histórico adversario.

Las condiciones para el diálogo

Díaz-Canel fue cuidadoso al establecer los límites de las negociaciones. Según informó, durante los intercambios, La Habana expresó su «voluntad de llevar a cabo este proceso, sobre bases de igualdad y respeto a los sistemas políticos de ambos Estados, a la soberanía y la autodeterminación». El objetivo, dijo, es «determinar la disposición de ambas partes de concretar acciones en beneficio de los pueblos de ambos países» e «identificar áreas de cooperación».

El mandatario reveló que las conversaciones fueron facilitadas por «factores internacionales», aunque no dio precisiones sobre la identidad de esos mediadores. Sí aclaró que «no es la primera vez que Cuba entra en este tipo de negociaciones», en referencia a los intentos de acercamiento que se produjeron durante la administración de Barack Obama y que luego fueron revertidos por Donald Trump.

La advertencia de Rusia

El anuncio de Díaz-Canel se produce horas después de que el ministro de Asuntos Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, reafirmara el apoyo de Moscú a Cuba en su pulseada con Estados Unidos. En una conversación telefónica con su homólogo cubano, Bruno Rodríguez Parrilla, Lavrov expresó su «firme apoyo al fraterno pueblo cubano en sus esfuerzos por defender la soberanía del Estado y el derecho a elegir su propio camino de desarrollo».

El canciller ruso también reiteró la posición de principios de Moscú sobre «la inaceptabilidad de la presión económica y política de Estados Unidos sobre Cuba». La llamada, informada por la agencia Xinhua, sirvió para coordinar la agenda bilateral y preparar la 23ª reunión de la Comisión Intergubernamental Rusia-Cuba, un espacio clave para la cooperación comercial y técnica entre ambos países.

Un escenario complejo

La confirmación de las negociaciones entre La Habana y Washington abre un nuevo capítulo en la relación bilateral, pero también introduce incertidumbre en un escenario regional complejo. La administración de Donald Trump, que durante su primer mandato endureció las sanciones contra la isla, parece ahora dispuesta a explorar canales de diálogo en un contexto de crisis energética que debilita al gobierno cubano.

Díaz-Canel, por su parte, busca equilibrar la necesidad de aliviar la presión económica con la defensa de la soberanía y el modelo político de la isla. Las conversaciones, aún en una etapa inicial, podrían derivar en acuerdos concretos en áreas de cooperación o quedar en un mero gesto de distensión. Por ahora, lo único seguro es que, después de tres meses sin combustible, Cuba necesita respuestas urgentes. Y las busca del otro lado del estrecho.

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