Histórico: la Unión Europea aprobó el acuerdo de libre comercio con el Mercosur
Tras 25 años de negociaciones, el bloque europeo dio luz verde al pacto, allanando el camino para crear la mayor zona de libre comercio del mundo. Falta la ratificación del Parlamento Europeo.
Un capítulo que parecía interminable en la historia de las relaciones comerciales internacionales finalmente encontró su punto de inflexión. Este viernes, la Unión Europea (UE) dio su aprobación al acuerdo de libre comercio con el Mercosur, un pacto que llevaba un cuarto de siglo en discusión y que promete reconfigurar los flujos económicos entre ambos lados del Atlántico. La decisión, tomada en una reunión de embajadores en Bruselas, allana el camino para la creación de la mayor zona de libre comercio del planeta, abarcando un mercado potencial de más de 780 millones de consumidores.
El visto bueno de los 27 Estados miembros le permite ahora a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, viajar a Asunción, Paraguay, para rubricar el histórico acuerdo. Se espera que la firma se concrete este lunes, en un acto que marcará un hito diplomático, aunque no será el fin del proceso. Para que el tratado entre en vigor pleno, aún deberá superar otro escollo crucial: la ratificación por parte del Parlamento Europeo, un trámite que podría demorar varias semanas y cuyo resultado aún no está asegurado.
El difícil camino hacia la mayoría cualificada
La aprobación no llegó sin tensiones. Para alcanzar la mayoría cualificada necesaria, el bloque tuvo que sortear la oposición declarada de varias naciones con fuertes intereses agrícolas. Francia, Irlanda y Polonia manifestaron su rechazo y votaron en contra del pacto. El gobierno francés, en particular, sostuvo una postura firme, argumentando que el tratado pertenecía a «una época anterior» y que las condiciones actuales no justificaban los riesgos potenciales para sus sectores agrícolas, ya de por sí convulsionados por protestas internas.
El apoyo de Alemania y España, que ven en el acuerdo una oportunidad para ampliar sus exportaciones de vehículos, maquinaria y otros productos industriales, fue fundamental. Pero el giro determinante lo dio Italia. El gobierno italiano, que en diciembre se había sumado a la oposición francesa y había bloqueado el consenso, cambió de posición esta semana, destacando los «enormes beneficios» que derivarían del pacto. Este viraje se logró tras la inclusión de fondos adicionales para el sector agrícola en el presupuesto comunitario y la creación de mecanismos de salvaguardia específicos.
Las cláusulas que calmaron a los agricultores europeos
La presión de los productores rurales europeos, que temen una avalancha de productos sudamericanos más baratos, fue un factor omnipresente en las negociaciones finales. Para desactivar estas preocupaciones, la Comisión Europea diseñó una serie de cláusulas protectoras en los últimos meses. «Las prioridades agrícolas han estado en el núcleo» de las negociaciones, y «hemos negociado como locos», destacó el jueves Olof Gill, uno de los portavoces del organismo.
Las medidas incluyen garantías específicas para sectores sensibles como la carne, las aves, el arroz, la miel, los huevos y el etanol, limitando los cupos de productos latinoamericanos que ingresarán con arancel cero. Además, se establecieron mecanismos de activación automática. La Comisión se comprometió a abrir una investigación si el volumen de importaciones desde Sudamérica aumenta un 5% o si los precios bajan un 8% respecto al promedio de los últimos tres años, intervenciones que buscan prevenir una desestabilización abrupta del mercado europeo.
Un acuerdo que busca reequilibrar el comercio global
El pacto tiene una dimensión que va más allá de la simple reducción de aranceles, que alcanzará a más del 90% del comercio bilateral. Para los defensores del acuerdo, como Alemania y España, representa una herramienta estratégica para que la UE diversifique sus oportunidades comerciales en un contexto global complejo, marcado por la competencia china y las políticas arancelarias de Estados Unidos. El objetivo es consolidar una alianza económica con una región clave.
Desde el lado sudamericano, la expectativa y cierta impaciencia habían sido evidentes. En la cumbre del Mercosur celebrada en diciembre, el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva había hecho un llamado a la UE, pidiendo «coraje» y «voluntad política» para no dejar pasar una oportunidad histórica. El acuerdo promete eliminar barreras para las exportaciones de commodities y productos agrícolas del bloque, aunque bajo las salvaguardas negociadas.
El próximo desafío: la ratificación parlamentaria
Aunque la firma en Asunción será un acto simbólico de gran peso, el camino no termina allí. El acuerdo debe ahora ser sometido a la consideración del Parlamento Europeo, donde enfrenta una oposición organizada. Según trascendió, alrededor de 150 eurodiputados (de un total de 720) ya amenazan con recurrir a la justicia comunitaria para impedir su aplicación, argumentando preocupaciones ambientales y de estándares de producción.
Los críticos, encabezados por sectores políticos franceses, sostienen que el mercado europeo podría verse trastocado por la entrada de productos sudamericanos más competitivos, producidos bajo normas consideradas menos rigurosas en materia ambiental y fitosanitaria. Este debate promete ser intenso en las semanas venideras, mientras la Comisión intenta demostrar que las cláusulas de salvaguardia y los compromisos paralelos sobre estándares, como la reciente prohibición de ciertos pesticidas en importaciones, son suficientes para garantizar una competencia leal.
