Los chicos de la Generación Z dicen que no pueden «funcionar» sin usar inteligencia artificial

Un estudio global reveló que el 40% de los jóvenes de entre 18 y 28 años siente que no puede realizar sus tareas cotidianas sin la asistencia de herramientas de inteligencia artificial. Preocupa que la mitad cree que esta dependencia excesiva podría volverlos «menos inteligentes».

La inteligencia artificial dejó de ser una promesa futurista para convertirse en una muleta cotidiana de la Generación Z. Un estudio elaborado por GoTo y Workplace Intelligence, citado por Newsweek, arrojó un dato contundente: el 93% de los jóvenes encuestados afirmó haberse beneficiado del uso de la IA, pero lo más llamativo es que un 40% declaró que siente que no puede «funcionar» sin ella. Esta generación, nacida entre 1997 y 2012, es la primera que se incorpora al mercado laboral con estas herramientas ya integradas en los flujos de trabajo diarios.

Sin embargo, el entusiasmo inicial parece estar chocando con una realidad incómoda. Los jóvenes son plenamente conscientes del costo de esta dependencia. Un 46% de los encuestados afirmó que depender demasiado de la IA está mermando sus habilidades y «haciéndolos menos inteligentes». Otro 50% expresó su creencia de que esta excesiva dependencia podría perjudicar sus perspectivas profesionales a largo plazo.

El uso real: más trabajo y estudio que compañía emocional

Lejos de la imagen de los jóvenes usando la IA como un sustituto de relaciones humanas, otro estudio realizado en Estados Unidos en octubre de 2025 por investigadores junto a Gallup y la Walton Family Foundation, que consultó a casi 2.500 adultos de entre 18 y 28 años, reveló un panorama más pragmático. El 74% utilizó un chatbot de IA al menos una vez durante el último mes, consolidando a esta generación como el grupo que más rápido ha integrado la tecnología en su rutina digital.

El uso dominante es eminentemente práctico. El 65% afirmó utilizar chatbots como alternativa a las búsquedas en Google, el 52% los emplea para tareas laborales y el 46% para ayuda en redacción. Solo un 23% dijo utilizarla «como un amigo». Estos datos contradicen parcialmente el discurso de ejecutivos tecnológicos como el CEO de OpenAI, Sam Altman, quien había señalado que los jóvenes utilizaban ChatGPT como un «asesor personal». La productividad, según las cifras, sigue siendo el principal motor de adopción.

La paradoja de la eficiencia que debilita el criterio

El consultor de recursos humanos Bryan Driscoll analizó el fenómeno con una mirada crítica. «Lo más llamativo de las estadísticas no es que el 40% sienta que no puede funcionar sin IA, sino que sean lo suficientemente conscientes como para admitirlo. Esa conciencia es poco común», declaró a Newsweek. Para Driscoll, la dependencia no es una deficiencia personal, sino «una decisión de diseño industrial» donde las empresas integran la tecnología sin una guía clara.

El experto fue más allá. «Para los trabajadores, la IA es excelente para elevar el nivel mínimo de competencia, pero inútil para establecer un techo. Las carreras profesionales se construyen sobre el criterio, la originalidad y la capacidad de desenvolverse en situaciones ambiguas. Estas son precisamente las habilidades que se atrofian cuando se externaliza el pensamiento», afirmó. Su advertencia apunta a un problema de fondo: «Una generación que solo trabaja con la ayuda de la IA tendrá dificultades para desarrollar el criterio de alto nivel que buscan los empleadores».

El desafío educativo y la caída del entusiasmo

La desconfianza hacia la IA no se limita al ámbito económico. Un informe de Gallup citado por Axios en abril señaló que, en apenas un año, la proporción de jóvenes de 14 a 29 años que se declara entusiasmada por la IA bajó del 36% al 22%, mientras que la esperanza cayó al 18% y la ira subió al 31%. Muchos jóvenes dudan de que la IA les ayude realmente a pensar mejor o a desarrollar ideas propias.

El dato del 18% de jóvenes optimistas resulta revelador. No habla únicamente de miedo a una herramienta nueva, sino de una generación que percibe la inteligencia artificial como una fuerza que se despliega sobre sus estudios, su trabajo y su futuro sin haberles pedido permiso. Un estudio del Media Lab del MIT encontró que estudiantes que escribieron ensayos con ayuda de IA mostraban menor actividad cerebral y más dificultades para recordar el contenido producido. Otro experimento de la Wharton School concluyó que quienes investigaban utilizando IA dedicaban menos esfuerzo y generaban resultados menos completos.

El 79% de los encuestados teme que la IA vuelva a las personas más perezosas, y el 65% manifestó inquietud por el debilitamiento del pensamiento crítico. Mientras tanto, un 16% de los jóvenes admitió haber utilizado IA para realizar tareas pese a restricciones explícitas en su lugar de trabajo o estudio. Para los investigadores, esto demuestra que la discusión ya no pasa por impedir el uso de la tecnología, sino por cómo integrarla de manera transparente y responsable. Driscoll lanzó una advertencia final a los empleadores: «Las empresas que no invirtieron en el desarrollo de su talento joven se encontrarán con una capa intermedia debilitada, con gran dominio de las herramientas pero poca capacidad de discernimiento».

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