Otilia Da Veiga: Obra poética y el Quijote al lunfardo
Con el auspicio de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal se presentó el libro “Otilia Da Veiga: Obra Poética Reunida”, dedicado a la producción literaria de la escritora, nacida en la Ciudad de Buenos Aires en 1936.
Da Veiga, próxima a cumplir sus juveniles 90 años, cuenta con una extensa trayectoria como escritora, poeta e historiadora. Estudió en la Escuela Superior de Periodismo Grafotécnico y cursó estudios de lengua y cultura árabe en el Centro Islámico de la República Argentina, además desarrolló una sostenida labor en medios gráficos barriales.
Entre sus principales aportes se encuentra la creación y dirección de la revista El Cristobaleño, publicación vinculada a la Junta de Estudios Históricos local, institución de la que fue presidenta fundadora. A lo largo de su carrera publicó diversos libros y recibió reconocimientos oficiales, entre ellos el título de “Artífice del Patrimonio de Buenos Aires” en 2011 y la distinción de Historiadora Porteña en 2019. La autora integró de la Academia Nacional del Tango y presidió la Academia Porteña del Lunfardo.
Durante la presentación, Otilia contó sobre su relación con el lunfardo.
”Nací en la ciudad de Buenos Aires, en el límite exacto de dos barrios porteños: Balvanera sur y San Cristóbal. Allí, desde el bar de mis padres, tuve los primeros contactos con la música popular y el habla de Buenos Aires. El lunfardo es un lenguaje que se forjó en los siglos XIX y XX a partir de la inmigración europea afincada en las proximidades de los grandes puertos del Río de la Plata. Los inmigrantes necesitaban comunicarse de alguna manera y la jerga rioplatense por excelencia la fue invadiendo «solapadamente» a lo largo de su vida.
“He compuesto -agregó- algunas letras de tangos y milongas: “Flores de hoy”, “Tango blues y rockanroll”, “Calavera” y “La menega”, (el dinero) entre otros. Todos los temas los musicalizó el maestro Mario Valdez y la milonga “La menega” ha sido incorporada al Diccionario de Argentinismos de la Academia Argentina de Letras.

El Quijote al lunfardo
También contó que un periodista peruano había culminado con la titánica tarea de traducir «Don Quijote de La Mancha» al quechua, la lengua nativa más extendida de América. Por esos mismos días, en España aparecían dos llamativas versiones del clásico de Miguel de Cervantes: Una reemplaza anacrónicos términos de la era cervantina por palabras actuales, y otro simplifica toda la historia para facilitar la comprensión de los escolares.
Y si esas dos últimas sacaron chispas entre los más tradicionalistas y entre los estudiosos de la obra, mejor que éstos se vayan preparando antes de hojear el último lanzamiento al respecto: Una versión de «El Quijote» en la jerga rioplatense por excelencia, el lunfardo. Otilia da Veiga, fue la encargada de dar forma al capítulo número 74 en lunfardo, último de la serie, que concluiría el «mayor Quijote políglota» de la historia.
Ante la atenta mirada de los participantes, Da Veiga contó que la traducción de El Quijote contaba con pautas bien definidas desde la organización. Conformado por cuatro hojas manuscritas por las dos caras, y lápices especiales que le envió la organización del evento. El capítulo en lunfardo no es muy extenso, aseguró, aunque fue complementado con varias ilustraciones, obra del artista plástico argentino Fermín Eguía.
Da Silva necesitó de «un par de meses» para finalizar la traducción. «El lunfardo es algo que hace a la identidad de Buenos Aires, de Montevideo, de Rosario. Y hay palabras que se han enquistado ya en el habla popular», aseveró la académica, quien añadió que formar parte de ese proyecto fue, además, «un reconocimiento» muy importante para esta modalidad idiomática que ya «se ha transformado en un hecho lingüístico». Este homenaje a los cientos de traductores que han hecho posible la difusión de la obra cervantina a lo largo del tiempo ha permitido hasta la fecha adaptar la obra por antonomasia de la literatura española a lenguas como el guaraní o el coreano.
«Don Quijote nació para mí y yo para él. Él se mandó su gran laburo y yo lo di a conocer en el pelpa, mal que les pese a los manuses que se la piyan de escritores y no guardan en la zabeca ni la luz de una cebita», recita «El Quijote» en lunfardo.
Da Silva, quien ya tradujo al lunfardo a otros grandes escritores españoles, como Quevedo, aseguró que esta labor supuso un trabajo «arduo» para conseguir «respetar la métrica, la rima y la estructura, sin traicionar la intención«. La traductora aclaró que. «hay que tener conocimiento del castellano antiguo» para captar el espíritu de lo que el escritor quiso transmitir y poder volcarlo de manera honesta, algo que considera haber logrado.
A su lado estuvieron Adrián Dubinsky, presidente de la Junta de Estudios Históricos de San Cristóbal, quien disertó sobre distintos aspectos del barrio, al igual que Claudio Martínez, responsable de la edición del libro por la editorial Milena Caserola, quién contó que la academia actualmente cuenta con un reservorio bibliográfico de 5400 libros; 800 mil partituras; 28 académico de nombres; y 40 académicos corresponsales en el mundo, y en algunas provincias de la Argentina.
La reunión, que se llevó a cabo en las instalaciones de “Encuentro San Cristóbal” (Pavón 3077) donde también se proyectó el cortometraje “Prender una estrellita es pedir un deseo” de la vecina Nicole Lareo, el cual recuerda al Cine National Palace, una destacada sala de cine en Buenos Aires, ubicada en Av. San Juan 2461/65, inaugurada en 1927 que funcionó hasta 1990. Era conocido por sus exhibiciones continuadas y su singular techo corredizo que permitía ver películas bajo las estrellas con un número en vivo como intervalo. Las distintas crisis hicieron que el espacio se convirtiera en una iglesia evangélica. También participaron la cantante Marisa Eguía, hija de Otilia. Los bailarines Leo y Tamara bailaron, entre otros, un tango con letra de Otilia. La presentación del libro finalizó con la interpretación de tangos a cargo de Cardenal Domínguez.
Por: Ernesto Martinchuk, periodista
