Un informe desmintió los datos de la pobreza que difunde el Gobierno
Un estudio de la Universidad Nacional de La Plata plantea que la baja de la pobreza que muestran las estadísticas oficiales podría estar sobreestimada por factores metodológicos.
Un estudio realizado por investigadores del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) cuestiona la magnitud de la reducción de la pobreza registrada en los últimos datos oficiales. El trabajo, realizado por Iván Albina, Leonardo Gasparini y Leopoldo Tornarolli, sostiene que la caída de la pobreza que muestran las estadísticas nacionales podría estar sobreestimada debido a factores metodológicos vinculados al contexto de alta inflación. Sin cuestionar los datos del INDEC, el Cedlas analiza cómo ciertas características del método de medición pueden afectar los resultados.
El estudio parte de una observación empírica: entre 2023 y 2025 la tasa de pobreza mostró oscilaciones muy fuertes, con subas y bajas abruptas, difíciles de explicar únicamente por cambios reales en la economía. Según los datos oficiales, la pobreza pasó del 50% en el primer semestre de 2024 a ubicarse cerca del 30% en el primer semestre de 2025, una caída de más de diez puntos porcentuales. Los investigadores se preguntan si los factores metodológicos pueden jugar un rol en tales basculaciones.
El desfasaje temporal entre ingresos y precios
El primer factor que analiza el estudio es el desfase temporal entre el período de referencia de los ingresos relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) y el de los precios usados para calcular la canasta de pobreza. Los ingresos que se relevan en encuestas suelen corresponder al mes anterior, mientras que el valor de la canasta se calcula con precios actuales. Según la investigación, «en un contexto de alta inflación, esto genera un problema: los ingresos quedan ‘atrasados’ frente a precios que suben rápidamente». Esto produce que el grado de sobreestimación de la pobreza varíe de acuerdo a la inflación: en momentos de inflación acelerada, aumenta; y cuando la inflación baja, la sobreestimación se reduce. Al corregir este efecto, la caída de la pobreza entre 2023 y 2025 pasa de más de 10 puntos a poco más de 7 puntos y medio.

El subreporte de ingresos en las encuestas
El segundo punto considerado por los investigadores es el subreporte de ingresos. En las encuestas, muchas personas no declaran todos sus ingresos, ya sea por desconfianza o dificultades para estimarlos, especialmente en contextos inflacionarios. El estudio muestra que este fenómeno no es constante: cambia con el tiempo. En años recientes, el subreporte habría sido mayor durante períodos de alta inflación y menor cuando la inflación comenzó a desacelerarse. Si las personas empiezan a declarar mejor sus ingresos, los datos muestran una mejora en la pobreza, aunque esa mejora no sea completamente real. Al corregir este efecto, la caída de la pobreza entre 2023 y 2025 pasa a poco más de 6 puntos.
La actualización de la canasta básica
El tercer factor es la forma en que se calcula la línea de pobreza. La canasta básica que se usa como referencia se basa en patrones de consumo de hace casi dos décadas, pero la estructura de gastos de los hogares cambió. Hoy los servicios como tarifas, transporte o alquileres tienen un peso mayor, y esos precios fueron los que más aumentaron en el último tiempo. Si se actualizaran esos patrones de consumo, la canasta de referencia se valoriza de manera distinta, incorporando una estructura de gasto más reciente. Esto modifica la línea de pobreza contra la cual se comparan los ingresos de los hogares y, como consecuencia, la evolución de la medición.
La combinación de los ajustes
Cuando se combinan los tres ajustes, los investigadores sostienen que el resultado es contundente. «Cuando se combinan los tres ajustes —desfase temporal, subreporte de ingresos y actualización de la canasta— el resultado es contundente: la pobreza habría bajado mucho menos que lo que indican los datos oficiales», señalan los investigadores. En lugar de una caída de más de 10 puntos porcentuales, la reducción habría sido de apenas 1,7 puntos en el período analizado. Esto refleja que la magnitud de la mejora que se ha puesto de manifiesto según los datos del INDEC podría estar exagerada por cuestiones metodológicas.

La perspectiva de los investigadores
La socióloga María Eugenia Rausky, investigadora de la UNLP, remarcó que la pobreza no puede analizarse únicamente a partir de los ingresos y señaló que existen otras dimensiones vinculadas a la vivienda, la alimentación, los cuidados y el acceso a servicios básicos que también deben considerarse para comprender la realidad social. Desde la UNLP aclararon que el trabajo no cuestiona la validez de los datos publicados por el INDEC, sino que busca señalar los límites y posibles sesgos del método utilizado para medir la pobreza. El debate reabre una discusión de larga data en Argentina sobre cómo medir la pobreza de manera más precisa para evaluar políticas públicas y dimensionar con mayor exactitud una problemática que continúa afectando a millones de personas.
