Cambios en la Federal: otra vez la interna policial.
La renuncia del comisario Di Santo como jefe de la Policía Federal tuvo como trasfondo la interna con el sector de la Fuerza que pasó a la órbita porteña.
Si bien Di Santo alegó razones personales para su renuncia, y puertas adentro se lo atribuyó a la falta de "respaldo" oficial en medio de los cuestionamientos que recibió por la causa Nisman, lo cierto es que también había una interna entre jefes policiales.
Di Santo y Calviño no se llevaban bien debido a que el segundo era un hombre de confianza del anterior secretario de Seguridad de la Nación, Sergio Berni, y entre ambos "puenteaban" al jefe de la Fuerza en la toma de decisiones.
Estas diferencias que mantenían bien disimuladas en la cúpula terminaron por explotar con el traspaso de parte de la Policía Federal a la órbita de la Ciudad.
Según pudo averiguar NA, Calviño le pedía presupuesto a Di Santo para comprar autos y otros elementos destinados a las comisarías ya que entendía qué la Superintendencia de Administración tenía que cumplir con esa tarea.
Sin embargo, Di Santo respondía en forma negativa a las cartas que mandaba Calviño -firmadas por su secretario- diciendo que ahora tenía que solicitarle insumos a la Ciudad.
En ese contexto, la réplica del mandamás de la Policía Federal porteña no se hizo esperar y dispuso que los partes informativos de las comisarías -incluyendo operativos por drogas- no sean entregados a la División Prensa ni a otras áreas bajo el mando general de Di Santo.
En los últimos días incluso, Calviño le pidió a Di Santo que desalojara el segundo piso del Departamento Central de Policía para ubicar allí todas las áreas que traspasaron a la Ciudad con él a la cabeza, solicitud que le fue rechazada.
No obstante, Calviño subió el tono de la discusión y no solo exigió ese segundo piso, sino que además amenazó con ir por más, dado que -según esgrimió- el edificio del Departamento Central se fundó en 1887 para la Policía de la Capital.
Recordó que la Federal se creó en 1943, por lo que esa Fuerza no podía adjudicarse el inmueble como propio.
Voceros de la institución dejaron trascender que es muy poco probable que esos pedidos de Calviño, salvo que se adopte alguna decisión política en contrario, encuentren en Roncaglia una respuesta distinta a la que recibían de parte de Di Santo.
Se espera que el hasta ahora superintendente de Drogas Peligrosas mantenga el pulgar hacia abajo, una postura que probablemente acrecentará la interna policial, lo que podría afectar incluso a los ministerios de Seguridad de la Nación y de la Capital Federal, en el caso de que las autoridades políticas de ambas carteras no intervengan en el conflicto con celeridad en busca de calmar las aguas.
Lo que está claro es que la disputa puertas adentro de la Fuerza desgastó a Di Santo y amenaza con prolongarse con Roncaglia al mando.
(Por 4SEMANAS/NA)
