La Caja del fin del mundo: Preservar el conocimiento ante una catástrofe mundial
Catástrofes, guerras, la amenaza IA…¿Frente a un escenario apocalíptico cuánto tardaríamos en reconstruir la civilización?
El Proyecto Delfos nació como una obra conceptual del artista Alberto Echegaray Guevara para convertirse luego en una fundación sin fines de lucro cuyo objetivo es preservar la civilización y el conocimiento en caso de una catástrofe mundial.
La Caja del Fin del Mundo es un sistema de alta tecnología que funciona con energía solar, eólica o hídrica que contiene todo el conocimiento humano necesario para reconstruir nuestra civilización. No requiere Internet, ni energía externa y cuenta con una interfase holográfica con la capacidad de enseñar agricultura, ingeniería, medicina, y todos aquellos conocimientos necesarios para la supervivencia, pero también para la preservación de la civilización y la cultura.
La Patagonia, el lugar elegido
“Nuestro objetivo es que la memoria de nuestra civilización permanezca a salvo en la Patagonia, preservada para toda la humanidad”, explica Alberto Echegaray, alma mater y líder del Proyecto Delfos.
“Es cierto que hay grandes centros de datos que almacenan todo tipo de información y que fue guardada en bunkers y hasta fue enviada una biblioteca a la luna, pero ¿cómo accede la humanidad en la tierra a este conocimiento en un escenario de crisis? Más aún, estos megacentros están ubicados en países con potencial nuclear, con el riesgo que ello implica….”, agregó Echegaray.
El Proyecto Delfos nace con un formato diferente: en vez de centralizar en un lugar físico todo el conocimiento, la caja del fin del mundo entra en una mochila que se puede llevar a cualquier parte y que no requiere Internet y que genera su propia energía para funcionar. Si las personas quedaran incomunicadas, allí tendrían todo lo necesario para reconstruir el mundo tal y como lo conocemos hoy.
Miles de cajas
“Nuestra idea es que haya miles de cajas distribuidas por el mundo y que sean accesibles para todas las personas, así se mitiga el riesgo y en caso de necesidad se salvarían más vidas”, dijo Echegaray.
“No podemos depender de servidores que se pueden apagar y tampoco basta con guardar archivos sin que medie algún software de enseñanza”, agregó.
