Periodismo y República

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“Nunca tengas miedo de hacer lo correcto, especialmente si el bienestar de una persona o animal está en juego. Los castigos de la sociedad son pequeños en comparación con las heridas que infligimos a nuestra alma cuando miramos para otro lado”. Martín Luther King

La libertad de prensa es el correlato de la libertad de expresión y ésta a su vez, de la libertad de pensamiento. El pensamiento, el raciocinio, es lo que distingue precisamente al hombre dentro del reino animal. Por ende, cualquier limitación, cualquier impedimento o traba a estas libertades, le resta el contenido ético sin el cual la vida humana se degrada.

Para comprender y valorar la libertad de prensa, nada mejor que remitirnos a la Constitución Nacional, que le brinda una especialísima protección, y se puntualizan los principios del gobierno republicano. Recordemos que el exilio no es abandonar tu país, sino vivir en él sin poder reconocer nada de lo que nos hacía amarlo…

El poder del periodismo consiste en mantener una actitud alerta ante la realidad, interpretarla con sentido crítico y promover este criterio entre la gente. ¿Cuándo el periodismo ejerce ese poder?:

–          Cuando revela actos de corrupción.

–          Cuando da a conocer violaciones a los derechos humanos.

–          Cuando difunde datos sobre la pobreza.

–          Cuando informa sobre actos delictivos.

–          Cuando muestra actos de protestas populares.

–          Cuando analiza acciones del gobierno.

–          Cuando expone desigualdades.

Estas cuestiones plantean claramente la manera en que el periodismo utiliza la acción de informar, que le corresponde por naturaleza, como un poder que examina la realidad y la exhibe para que sea modificada. La actitud del Periodista forma parte de su Ética profesional. Él asume su compromiso ante sí mismo y ante la sociedad al ejercer el periodismo en forma profesional.

Un Periodista nunca debe aceptar un suceso como parte de una rutina. Siempre debe tratar de encontrar las circunstancias del mismo; debe demandar pruebas de todo aunque parezcan obvias y armar el rompecabezas donde cada dato debe encajar perfectamente y no debe conformarse con el dato verbal del hecho, siempre debe saber más. ¿Por qué?, ¿Cómo?, ¿Quién?, ¿Cuándo?, ¿Dónde? ¿Cuáles son las consecuencias? Y ¿Qué costo tiene? (dinero, tiempo, esfuerzo…)

La mentira no es noticia, es mentira. Si el periodista miente reniega de su compromiso ético y de la profesión. A largo plazo siempre ganará la verdad. Tal vez el periodista pueda pensar en que su trabajo ha fracasado al suministrar material para la historia, pero la historia no fracasará mientras él esté con la verdad. La Ética es la moral de la conciencia y lo hará intentar entender las motivaciones de todos los implicados en una situación.

Los dirigentes políticos ven en los medios de comunicación los instrumentos adecuados para la difusión de sus ideologías, realizar propaganda, exponer sus ideas y proyectos, convocar y movilizar electores, defender sus posiciones ante determinadas situaciones. Piensan que son los recursos necesarios para que la gente los conozca y deposite en ellos su confianza, particularmente en el momento de votar. Esta relación entre política y medios, particularmente de la televisión, se apoya en un falso principio que considera a la gente como un objeto incapaz de pensamiento, de observación y de criterio.

Nuestra Carta Magna nos habla del sistema republicano, representativo y federal, con una clara especificación de las áreas de competencia de los tres poderes del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Completando este cuadro, la ciudadanía habla de un “cuarto poder”, que viene a ser un extrapoder, fuera del Estado, para controlar el desenvolvimiento de los tres poderes citados.

El denominado “cuarto poder” es, precisamente, la opinión pública, sin cuya existencia firme, vigorosa, es inconcebible el funcionamiento pleno de la república democrática. Todo ello aparece precisa y sabiamente delimitado en nuestro ordenamiento fundamental, la realidad de todos los días nos muestra otro panorama. “El secreto de la libertad radica en educar a las personas, mientras que el secreto de la tiranía está en mantenerlos ignorantes”, aseguraba Robespierre.

Para comprender este fenómeno, es necesario recordar que recién han transcurrido cuatro décadas de la recuperación del sistema democrático de gobierno. Con anterioridad, las múltiples y frecuentes interrupciones del ordenamiento institucional, llevaron a que la sociedad fuese viviendo y formándose -o mejor dicho, deformándose- dentro de un sistema completamente alejado de los preceptos fundacionales. En este sentido, las masas nunca han sentido sed por la verdad. Siempre se alejan de los hechos que no les gustan y adoran los errores que les enamoran. Quién sepa engañarlas será fácilmente su dueño y quién intente desengañarlas será siempre su enemigo…

En consecuencia, se registraron entonces, y aún continúan, numerosas y variadas distorsiones respecto al papel que a cada uno le toca desempeñar en el sistema constitucional de gobierno. Así, se han verificado avances del Poder Ejecutivo sobre el Legislativo y aún sobre el Judicial. A su vez, el Legislativo con el primero, y la Justicia brindando una imagen que no es la deseada por el ciudadano, que percibe cierto grado de impunidad del que disfrutan algunos sectores. Situación que lo irrita y con sobrada razón, dado que no se puede construir un país mejor, sino mejoramos primero a las personas y esto se logra con Educación, porque podemos ignorar la realidad, pero no se pueden ignorar las consecuencias de haber ignorado la realidad.

“Un país que destruye la Escuela Pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la Educación, las Artes o las Culturas, está gobernado por aquellos que sólo tienen algo que perder con la difusión del saber”, dijo Italo Calviño.

Ha existido, por lo que hemos puntualizado, cierta confusión que no sólo ha sido superada sino que, por el contrario, en ciertas ocasiones recientes se ha acentuado. Lamentablemente han contribuido a esta situación, algunos de los autodenominados “comunicadores sociales” con programas que se transformaron en verdaderos shows, en lugar de ser propuestas esclarecedoras.

En determinadas sensaciones de vacío, la prensa ha cumplido el papel que deja la política en general. De igual modo, serias denuncias relacionadas con la cosa pública, tuvieron y tienen notable eco en los medios de comunicación y fundamentalmente en las redes sociales, -cuyo uso se ha quintuplicado en los últimos dos años y muchos recurren a ellas como fuente de información, principalmente jóvenes entre 18 y 24 años. Las redes han democratizado la información y un simple celular es hoy, el medio que difunde la realidad que un personaje desea evitar.

Pero es oportuno recordar y reiterar que el periodismo no legisla ni juzga. La prensa sólo expone lo que ocurre y luego son los poderes del Estado los que deben actuar. El problema reside cuando la “empresa periodística”, el “periodista” o el “comunicador social”, ve interpuesto sus intereses económicos a la difusión de un contenido, olvidando que el capital más importante que tiene un Periodista, es su credibilidad. El acto demagógico consiste en la capacidad de vestir ideas menores con palabras rimbombantes… porque “la libertad -dijo George Orwell– es el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír” y esa es la función de todo Periodista que se precia de tal, porque una prensa mercenaria, demagógica, corrupta y cínica crea un público vil como ella misma.

Cuando se advierte que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un sacrificio personal, se puede afirmar que esa sociedad está condenada si se permite que los delincuentes estén seguros, mientras los inteligentes y honestos siguen llenos de dudas. Cuando el miedo los convierte en sus cómplices ya no existe marcha atrás.

“Patriotismo es cuando el amor por tu pueblo es lo primero, nacionalismo cuando el odio por los demás es lo primero” dijo Charles De Gaulle, mientras Juan Bautista Alberdi manifestó: “Recordemos a nuestro pueblo que la patria no es el suelo. Tenemos suelo desde hace tres siglos y sólo tenemos patria desde 1810. La patria es la libertad, es el orden, la riqueza y la civilización organizados en el suelo nativo, bajo su enseña y su nombre”.

Si realmente deseamos avanzar en el camino de la consolidación democrática, bueno será que todos y cada uno de nosotros tengamos en claro, y pongamos en práctica, los roles que nos fueron confiados por quienes diseñaron el sistema institucional, del que no debemos apartarnos nunca más para alcanzar el destino que, así como tantas veces hemos soñado, otras tantas veces hemos postergado, por no haberse observado fielmente los preceptos de la Constitución Nacional.

Después de muchos años de libertad de prensa, la gente ve televisión, portales de investigación, escucha radios, lee diarios, y lo que censura un medio aparece en otros, o en las redes sociales, por lo que poco a poco la gente ha aprendido a separar la paja del trigo porque, en definitiva, eso es la democracia…

Por: Ernesto Martinchuk

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