16 años: Votar o no votar

El Gobierno quiere que los jóvenes hasta los 16 años puedan votar, junto con los extranjeros. Se trata de 3 millones de votos y un aumento considerable del caudal electoral. La oposición queda otra vez frente a la disyuntiva de rechazar una clara maniobra para lograr la re-reelección o negar la posibilidad de otorgar un nuevo derecho.

La semana próxima el Legislativo nacional comenzará a tratar una vieja idea kirchnerista que ahora, con mayoría de bancas y por ende la aprobación garantizada en ambas alas del Congreso, fue plasmada en un proyecto de Ley: la habilitación para que los jóvenes desde los 16 años puedan emitir su voto.

El Gobierno parte de la idea de que su accionar tanto económico como político –la última faceta recientemente potenciada con el accionar de La Cámpora en las escuelas- les ha atraído la simpatía de los adolescentes y jóvenes.

Para los mayores de 18 años, el cristinismo supone que la recuperación económica del primer kirchnerismo los ha sacado de la situación de desempleo vivida en el 2001-2002 y no quieren volver a esos días. Es un temor muy similar al que existía por la hiperinflación alfonsinista y que fue hábilmente explotado por Carlos Menem para acceder a su segundo mandato.

Es una suerte de nostalgia ahora que el mismo gobierno luce desteñido en ese aspecto por el freno en la economía y la desaceleración -y hasta destrucción- de puestos de empleo, algo incluso reconocido por el ministro de Trabajo. 
Para los que no padecieron en su juventud los rigores de la crisis del 2001-2002, se montó una red de contención asistencial necesaria en principio pero luego perpetuada que ayudó a los padres desempleados.

Entre los beneficios a los niños y adolescentes sobresalió el reparto de netbooks, una forma de acortar la brecha digital pero que no resolvió el ausentismo, la deserción y los problemas de aprendizaje en las escuelas, deficiencias varias veces advertida por estudios internacionales.

El refuerzo para captar a esa nueva franja de electores fue el accionar de La Cámpora en las escuelas, una extensión del debate político en ámbitos universitarios donde la organización de Máximo Kirchner nunca logró imponerse a las corrientes de izquierda.

Con todo esto se fue preparando el terreno para el voto adolescente. Una iniciativa que el kirchnerismo promete como voluntaria para atenuar la compulsión por la queja opositora y de la opinión pública, pero que encierra también la clave para captar a los votantes asegurados y a los que podría ‘movilizar’ para sufragar.

La oposición, como en la estatización de Aerolíneas Argentinas, YPF, Ley de Medios, etc., queda otra vez entre la espada y la pared. Entre negarse a la maniobra re-reeleccionista que necesita mas de 40% de los votos en 2013 para reformar la Constitución Nacional u otorgar un nuevo derecho.

Los opositores más radicalizados rechazan cualquier maniobra como las mencionadas antes con cierta razón; no ser funcional a las verdades intenciones del kirchnerismo.

Otros sectores entienden que hay cuestiones que hacen a un país de largo plazo y que a veces son válidos los apoyos tácticos. Otra posición atendible.

La cuestión es si puede haber una salida honorable ante la maniobra cortoplacista y la idea del país a construir a futuro.

Quizás en el carácter optativo de la medida pueda estar la clave.

El menemismo que logró el desprecio popular por el Estado y por la política imaginó que como parte de su eternización en el Poder había que habilitar el voto voluntario, para que aquellos adictos al modelo decidieran.

El kirchnerismo también necesita perpetuarse. Ha sido incapaz de generar en 10 años un sucesor o un cuadro político con sustento. Y para el proyecto re-reeleccionista necesita mayor caudal de votos de un sector sobre el que aún se discute su preparación para sufragar pero que al igual que el menemismo espera que lo hagan solo aquellos convencidos del nuevo modelo o que pueden ser adoctrinados para que se acerquen –o sean acercados- a una mesa de votación.
Por eso el proyecto de ley no habla de obligatoriedad, porque no hay un convencimiento de que el ‘relato’ haya logrado internalizarse en todos los adolescentes.

Ahí, en una sola palabra, puede estar la clave para la oposición y la forma de subir la apuesta.

Es, al final, hacer una verdadera propuesta Para Todos y Todas.

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