El adiós a una leyenda del socialismo: Miguel Lifschitz

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Mientras escribo esta nota, me invade el dolor y caen lágrimas de desolación sobre el teclado. Aún cuesta entender por qué, qué fue lo que pasó, por qué ahora. La muerte nunca se entiende, la finitud tampoco, sobre todo cuando los que se van dejan un gran vacío alrededor.

Esta vez me aparto del oficio para dedicarte estas líneas que definen quién eras. Escribo con el corazón, no con la razón ni la objetividad que debería tener como periodista. Pero nosotros también sentimos, también queremos personas y sufrimos sus pérdidas, somos humanos.

Hoy es difícil no correrse de ese lugar, pero aquí voy.

Era el año 2011, vos eras intendente de Rosario y ese día no era un domingo cualquiera, había elecciones. Ibas de candidato a senador provincial, Mónica Fein a intendenta, Antonio Bonfatti a gobernador y Hermes Binner a Presidente, unos meses más tarde. Un año para el recuerdo.

Ese día me encontraba trabajando de moza en uno de los bares más conocidos de Rosario. Pasadas las 18 cerraron los comicios, abrió el bar y empezó mi jornada laboral.

Cerca de las 18.30 llegaste, solo, te sentaste en una de las mesas que daban a la ventana. Te atendí y me pediste un café, mientras encendías tu tablet para seguir el recuento de votos que recién iniciaba.

 No podía creer que el intendente de la ciudad estaba allí sentado, sin nadie, mirando y analizando todo. Tu forma metódica de hacer política y ver la vida era lo que te caracterizaba.

Luego de una hora, me pediste la cuenta y te retiraste.

No recuerdo si te hice algún comentario sobre la elección, el asombro era mayor.

Dos horas antes de terminar mi turno, específicamente a las 0 del lunes, y ya habiéndose conocido los resultados, entraron al bar vos, Mónica, un grupo de militantes y dirigentes a festejar que el Partido Socialista había ganado las elecciones. Mónica se había convertido en la nueva y primera intendenta de Rosario, vos en senador provincial  y Antonio en Gobernador.

Nuevamente los atendí a todos, pidieron champagne para celebrar. Todo era alegría, felicidad, emoción, abrazos y risas.

Estuvieron poco tiempo y luego les llevé la cuenta. El bar ya cerraba. Les cobré y me fui a cambiar para retirarme del trabajo.

Esa felicidad también era la mía. Pero debía mantener las formas en ese momento. Me hubiese gustado sentarme a celebrar con ustedes, pero estaba trabajando.

Cuando me estaba yendo, se acercó un compañero y me dijo: “Te dejaron esto de propina”. Lo miré y le dije: “Guau, más del 10%”.

Eso significaba dos cosas: que había hecho correctamente mi trabajo y que dejaron lo que pocos dejan.

Pasaron muchos políticos por allí y jamás nadie dejó, ni siquiera, el 10% de propina.

Quedé asombrada, mis compañeros también, pero ahí entendí, una vez más, el significado de lo que es ser socialista y vivir la vida de esa manera, pensando en los demás y siendo agradecido.

Esta no es una nota más, tampoco una nota con información cruda y relatando todo lo que hiciste en la provincia y por la gente.

Hoy te escribo por lo que viví ese día y por todo lo que aprendí de vos.

Gracias, Miguel.

Dejaste tu huella. Podés irte tranquilo.

Por: Carolina Dávila, politóloga y periodista.

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Por Carolina Davila, Licenciada en Ciencia Política y periodista acreditada en el Congreso de la Nación.

Licenciada en Ciencia Política (UBA). Periodista acreditada en el Congreso de la Nación desde 2014. Trabaja en radio y medios digitales. Especializada en técnica legislativa y análisis de discurso político.

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