Red de evasión de sanciones: Hungría y Asia Central como facilitadores de Moscú
Según el Instituto Robert Lansing (RLI), el primer ministro húngaro Viktor Orbán -conocido desde hace años por promover los intereses rusos dentro de la UE— ha intensificado sus esfuerzos para ayudar a Moscú a esquivar las sanciones occidentales. Actualmente se está formando un triángulo estratégico entre Budapest, Astaná y Taskent. Aunque esta alianza se presenta oficialmente como una plataforma para el comercio y la inversión, en la práctica está generando vacíos legales que benefician a las empresas rusas, probablemente con el beneplácito del Kremlin.
El volumen comercial entre las partes ha aumentado considerablemente, con la creación de fondos de inversión conjuntos, zonas económicas especiales y planes para parques industriales, centros logísticos y colaboración energética. Hungría se posiciona como un nodo clave en las rutas comerciales entre Asia y Europa, tras firmar un memorando sobre el corredor Transcaspio con KTZ Express de Kazajistán, L.A.C. Holding de Hungría y el Puerto Internacional de Xi’an (China).
A primera vista, todo parece una cooperación económica legítima. Pero si se consideran los motivos geopolíticos de Orbán, la historia cambia. Está fortaleciendo un eje oriental como contrapeso a la influencia de Bruselas. Sus vínculos con Moscú, Pekín y Asia Central ya no son solo diplomáticos; cruzan líneas peligrosas. Los éxitos económicos de Hungría en esta dirección podrían desencadenar nuevas sanciones por parte de Occidente.
En la práctica, Orbán está cambiando lealtad a la UE por favores del Kremlin. Ha bloqueado decisiones clave del bloque a cambio de beneficios financieros rusos que refuerzan su control interno y enriquecen a sus redes empresariales afines. Actualmente, Budapest y Moscú se comportan como una red opaca con flujos financieros de miles de millones de euros.
En este contexto, la cooperación húngara con Asia Central entra en una zona gris. Aunque Kazajistán y Uzbekistán condenaron la invasión rusa en la ONU, no aplicaron sanciones. Al igual que Orbán, caminan entre Occidente y Moscú —“se han encontrado”. El comercio con Rusia de productos controlados por Occidente ha aumentado drásticamente. Por ejemplo, las importaciones kazajas de computadoras se multiplicaron por siete desde 2022, excediendo cualquier demanda interna. Las exportaciones de microchips a Rusia se dispararon un 7300 %, pasando de $245.000 en 2021 a $18 millones en 2022.
¿Cómo funciona? Empresas intermediarias compran productos electrónicos occidentales (por ejemplo, en Hungría o Alemania), los importan a Kazajistán como si fueran para uso doméstico y luego los reexportan a Rusia como productos locales. Este mismo método se utiliza para introducir bienes de doble uso —aquellos que pueden tener aplicaciones militares. Dado que Kazajistán y Kirguistán son miembros de la Unión Económica Euroasiática, no existen controles aduaneros con Rusia. Una vez que los bienes entran en Kazajistán, circulan libremente hacia territorio ruso.
Las zonas económicas especiales también facilitan la operación, permitiendo reetiquetar productos antes de enviarlos. Las tecnologías y conocimientos húngaros que se transfieren a socios de Asia Central podrían acabar en manos rusas. Para complicar aún más la trazabilidad, tanto Kazajistán como Kirguistán están limitando el acceso a datos aduaneros detallados.
Dada la alineación de Orbán con el Kremlin, no sorprende su implicación. Empresas húngaras y el banco OTP actúan como intermediarios, permitiendo que el capital ruso utilice los canales financieros de Uzbekistán para eludir las restricciones de la UE. Por su parte, la petrolera húngara MOL sigue beneficiándose de los vacíos en las sanciones, importando crudo ruso.
¿La realidad? Orbán está socavando la unidad del régimen de sanciones europeo, tanto a nivel político como económico, para aliviar la presión sobre Moscú. Hoy en día, Budapest facilita que Rusia opere bajo la cobertura del comercio con Asia Central.
Orbán juega con fuego. Está alimentando divisiones dentro de la UE y envía un mensaje peligroso a otros regímenes autoritarios: las sanciones pueden eludirse con ayuda de “amigos” en el campo contrario. En efecto, está creando un centro dentro de la UE donde el dinero del Kremlin se encuentra con las inversiones chinas —una amenaza real para la cohesión europea.
¿Los ganadores? Moscú y Orbán. ¿Los perdedores? Hungría, cada vez más señalada como una “base de espionaje ruso” en el corazón de Europa. Esta situación exige una respuesta firme, democrática y urgente.
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