La Masacre de Trelew, Mario Amaya y Alfonsín

Nota escrita el 14 de marzo de 2014. El recuerdo para el abogado de los presos políticos que eran confinados al penal de Rawson a principios de los años 70, compromiso por el cual los militares lo secuestraron y torturaron hasta provocarle la muerte en octubre de 1976.

Alguna vez fue un sueño. Un anhelo que se desvanecía en la medida que transcurrían los años y a las leyes de Punto Final y Obediencia Debida de la gestión presidencial de Raúl Alfonsín le sucedieron los indultos de Carlos Menem a los genocidas que nos hicieron vivir a los argentinos la noche más larga y trágica de la historia de nuestro país; y, era lógico suponer que si se nos escapaba en los 90 la posibilidad de juzgar a los represores de la etapa 1976-1982 era imposible poder creer que alguna vez iba a haber un juicio contra los asesinos de la “Masacre de Trelew” perpetrada en 1972.

Hoy es una realidad el juicio contra los responsables del fusilamiento de 19 presos políticos allá en el sur. Y la memoria para quienes seguimos de cerca los pasos de los protagonistas que hicieron grande a la Unión Cívica Radical en más de cien años de historia, nos remite inmediatamente a los nombres del exdiputado nacional Mario Abel Amaya y Raúl Alfonsín.

Amaya era chubutense. Militaba en el Movimiento de Renovación y Cambio de la UCR que lideraba el expresidente y Padre de la Democracia y a principios de los años 70 el joven abogado chubutense le ponía el pecho a las balas y ante los juzgados federales se ocupaba de asesorar y proteger a presos políticos a los que los distintos gobiernos de facto confinaban al sur. Se ocupaba de defender a los detenidos en el Penal de Rawson.

Amaya militaba en el sur. Raúl Alfonsín en La Plata y donde se lo convocara para solicitar Habeas Corpus y hacer posible que los presos políticos tuvieran derecho a un debido proceso ante la Justicia y evitar torturas y la violación de los derechos humanos cuando recién habían comenzado a conocerse en un Cono Sur minado de gobiernos de facto los postulados del Pacto de San José de Costa Rica sellado en el marco de la Convención Interamericana de Derechos Humanos de 1969 pero que recién entró en vigor en 1978.

Las crónicas de la época dan cuenta que el 15 de agosto de 1972, Mario Abel Amaya se encontraba en el aeropuerto de Trelew en oportunidad en que fueron detenidos los 19 presos políticos que se habían fugado del penal de Rawson y que habían llegado tarde para abordar el avión que iba a permitirles dejar suelo chubutense. El avión había partido con el otro grupo de presos políticos con quienes habían planeado la fuga y Amaya no dudó un instante en oficiar de garante de aquellos 19 presos.

Los detenidos fueron trasladados a la base Almirante Zar y hasta allá fue Amaya pero no se le permitió ingresar junto a ellos. En ese lugar, fueron cobardemente fusilados los 19, 16 murieron en el acto y tres resultaron gravemente heridos. El hecho se conoció a las pocas horas como “La Masacre de Trelew”.

A Amaya lo detuvieron y lo trasladaron a la cárcel de Devoto, ubicada en Buenos Aires pero la presión de la Asamblea Popular de Trelew y la infatigable labor de su abogado, Hipólito Solari Yrigoyen fueron decisivas para que lo liberaran tres meses más tarde.

Antes del regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina tras 18 años de exilio, el dirigente radical patagónico resultó electo diputado nacional y Solari Yrigoyen, senador nacional en aquellos comicios en los que se impuso Héctor J. Cámpora (11 de marzo de 1973).

Pero en tiempos de la dictadura, Mario Amaya fue secuestrado en Trelew el 17 de agosto de 1976. Fue confinado a varios centros de detención pero las vueltas de la vida -y tal vez la sombra de los protagonistas de la Masacre de Trelew-, llevaron a sus captores a trasladarlo el 11 de septiembre de 1976 junto a otros presos políticos a la cárcel de Rawson. Allí se encontraba detenido su abogado y correligionario Solari Yrigoyen.

Fue brutalmente torturado. Alguna vez explicó en medos periodísticos Solari Yrigoyen, que la última vez que lo había visto, en el baño de la prisión, “tenía la cabeza partida, estaba morado por los golpes y hablaba con dificultad”. También recalcó que hasta le habían quitado el inhalador y los medicamentos con los que combatía su asma.

Tras su traslado al hospital de la cárcel de Devoto, Raúl Alfonsín fue la última persona que lo vio con vida. El ex mandatario fue también quien recogió el cuerpo de Amaya destrozado por la tortura luego de su muerte unos días más tarde. Fue un 19 de octubre de 1976. Apenas si tenía 41 años. El expresidente radical organizó un velatorio casi clandestino en Mataderos y acompañó sus restos a Trelew, donde fue enterrado.

Antes de morir, Raúl Alfonsín dejó un valioso testimonio en la Justicia para aportar al esclarecimiento de los trágicos hechos que tienen relación con la causa que motivó el histórico juicio que se sustanció en Chubut. Su visión y vivencias junto a Amaya se las transmitió al juez federal de Rawson Hugo Sastre.

Las víctimas de la Masacre de Trelew fueron Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Humberto Adrián Toschi, Miguel Angel Polti, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart.

Los tres sobrevivientes de aquel fusilamiento, fueron María Antonia Berger, Alberto Camps y René Haidar. Pero fueron gravemente heridos y tras el golpe de Estado del 24 de marzo del 76 se convirtieron en desaparecidos.

(Por Pedro Noel Romero)

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