“Peronismo: Envidia y resentimiento”

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“Es tan fea la envidia que siempre anda por el mundo disfrazada, y nunca más odiosa como cuando pretende disfrazarse de justicia”, Jacinto Benavente.

La envidia -uno de los pecados capitales junto con la soberbia, la avaricia, la lujuria, la ira, la gula y la pereza – es un sentimiento o estado mental en el cual existe dolor o desdicha por no poseer uno mismo lo que tiene el otro, sea en bienes, cualidades superiores u otra clase de cosas tangibles e intangibles.

La muchedumbre cree que los sufrimientos que soporta son inicuo fruto de un pasado pletórico de violencia, ignorancia y maldad. Confía en que el genio de sus dirigentes ha de hacerla menos infeliz, y cree que una democracia libre podrá sustituir una jerarquía maléfica con otra jerarquía benéfica.

Los políticos que se dirigen a sus seguidores con tan dulce ilusión, atalayan el mundo desde otro punto de vista. Les indigna menos la existencia de las clases, que la imposibilidad propia para alcanzar las posiciones logradas por sus antecesores, y así penetran en los santuarios del Estado, donde dejan de ser los “revolucionarios” que vendieron en las campañas. El político sólo piensa en él.

El sentimiento de rebeldía latente en las clases políticas se materializa de feroz envidia. Muchos medios de comunicación alimentan semejante pasión con arte, imaginando que constituye el medio más conveniente de entontecer a su audiencia y conservarla a través del relato. Explotan los escándalos que surgen en la sociedad y educan a sus lectores o televidentes para que experimenten un placer salvaje. Con un impudor, -que a veces asombra- la clase política proclama servir de tal modo la causa de la moral superflua, que les es tan cara como el bienestar de las clases más pobres.

La envidia es pasión propia, principalmente de los seres pasivos. Es aquí donde los líderes alimentan sentimientos activos y la envidia se les trueca en el ansía de llegar a todo evento de las posiciones más envidiadas, apartando de cualquier manera a quienes estorban en su avance. En política no existen escrúpulos. La experiencia nos indica a diario, -muchas veces en horas- la audacia con que los concursantes corrigen sus azares desfavorables.

Vemos aquí cómo las masas dirigidas tienen tan sólo noción vaga y prodigiosamente candorosa de los medios propicios para mejorar su suerte. Los demagogos les hacen creer, con harta facilidad, que el mejor recurso estriba en servirse de la fuerza del Estado para fastidiar a los que poseen algo, pasándose así de la envidia a la venganza que, como se sabe, es un sentimiento de extraordinaria potencia, sobre todo en los seres más débiles.

Si se ahonda en la política social contemporánea, puede verse la idea de envidia y venganza. Muchas reglamentaciones y acciones del gobierno tienen más por finalidad el suministro de medios para fastidiar a los ciudadanos que el de mejorar su situación o calidad de vida.

El gobierno logra múltiples ventajas con tales procedimientos; amedrentar a la clase media y explotarlos en provecho propio; vociferan como nadie contra los privilegios de la fortuna y saben adquirir y vivir de cuantos goces proporciona éste; sirviéndose de los malos instintos y de la sandez humana, consiguen la curiosisima paradoja de hacer que el pueblo aplauda la desigualdad de las condiciones en nombre de la igualdad democrática, mientras ellos viven en lujosas mansiones y no logran justificar su riqueza. Así actúan los demagogos desde los tiempos de Atenas, dejando de lado la fuerza que posee la idea de venganza para oscurecer el raciocinio.

Recordemos cuando la vicepresidenta -que vive en el barrio de Recoleta y en El Calafate, sus ministros y muchos intendentes del FpV en Puerto Madero o en costosos barrios privados- criticó la diferencia de presupuesto que recibía la provincia de Buenos Aires, principalmente el Conurbano, en comparación con el dinero que se invertía en la Capital Federal donde «hasta los helechos tienen luz y agua»…

Nuestra clase dirigente discurre acerca de los conflictos sociales exactamente de la misma manera que los diplomáticos razonan respectos de los asuntos internacionales, sentados frente a un escritorio. Les interesa muy poco el conflicto y no ven en las protestas más que instrumentos. El movimiento obrero peronista es su arma, y les profesan el mismo “cariño” que un administrador colonial sometía a sus esclavos. Con exhortaciones relativas al próximo saqueo, con instigaciones al odio y “favorcitos” que el Poder les permite y consisten en el reparto de algunos cargos políticos. Pero los sindicatos son para ellos carne de cañón -como decía Marx en 1873- y lo demostraron cuando arrojaron 14 toneladas de piedras al Congreso. Este gobierno sabe que tiene en los sindicatos un poder fuerte, centralizado, disciplinado y puede imponer el mutismo a sus mentiras. En cualquier otra administración que no fuera la que hoy gobierna, ya estarían todos en la calle pidiendo la renuncia del presidente.

¿Qué genera la envidia?

Cuando experimentamos envidia nuestro cuerpo genera: resentimiento, rabia, rencor, represión de pensamientos y resistencias a cambiar nuestros paradigmas. Angustia por el estatus propio; desesperación ante la posibilidad de no tener lo que la persona envidiada tiene.

Resentimiento enfocado hacia una persona o un grupo específico; desagrado por su superioridad; enojo y odio hacia los que se suponen responsables; Resentimiento global ante la injusticia de las circunstancias o el destino…

El neurocientífico Antonio Damasio, de la Universidad del Sur de California (UCLA) ha llegado a las siguientes conclusiones: Las emociones son un conjunto complejo de respuestas químicas y neuronales que forman un patrón distintivo. Estas respuestas son producidas por el cerebro cuando detecta un estímulo emocionalmente competente, es decir, cuando el objeto o acontecimiento, real o rememorado mentalmente, desencadena una emoción y las respuestas automáticas correspondientes. Las respuestas provienen tanto de los mecanismos innatos del cerebro (emociones primarias) como de los repertorios conductuales aprendidos a lo largo del tiempo (emociones secundarias). Los sentimientos, en cambio, son la evaluación consciente que hacemos de la percepción de nuestro estado corporal durante una respuesta emocional. Los sentimientos son conscientes, objetos mentales como aquellos que desencadenan la emoción (imágenes, sonidos, percepciones físicas…). Las emociones que no se perciben como sentimientos son inconscientes y, sin embargo, pueden tener efecto sobre nuestras conductas.

Desde la perspectiva económica, la envidia tiene un origen evolutivo, de acuerdo a Antonio Cabrales, Catedrático del Departamento de Economía de la Universidad Carlos III de Madrid, el concepto de envidia empleado en el estudio es el que se conoce en términos técnicos como “aversión a la desigualdad”. Es decir, los individuos están dispuestos a gastar recursos de todo tipo con tal de reducir las diferencias de bienestar material respecto a otras personas.  Se plantea la envidia como resultado de una competición por unos recursos limitados, y la llevamos codificada en los genes”.

La administración Cristina Fernández Vda. de Kirchner, desde su discurso -hace décadas- que viene fomentando la envidia, el resentimiento, las desigualdades y una guerra civil -oculta y silenciosa- donde todos los días lloramos muertos de un lado y del otro, generados a través de la envidia, donde el delincuente decide que tus bienes le pertenecen a él…

Este gobierno descartó la meritocracia que nos permitió estar entre los primeros países del mundo. Permite el adoctrinamiento -con la complicidad de muchos padres- en las escuelas y universidades. Mientras la justicia sigue ausente, favoreciendo la impunidad. Muchos ministerios y organismos del Estado están dotados de personas no calificadas para esos puestos. Se recrudece el ataque al periodismo que no es militante. Los jóvenes se ven obligados a irse del país por inseguridad y falta de oportunidades. Cada vez más pobreza. Millones que viven sin trabajar son sombras que deambulan sin rumbo, tan desdichados son que ni siquiera se espantan de vivir su propia agonía… Muchas mentes están adormecidas.

Mientras tanto, las buenas gentes logran resultados que están en plena contradicción con sus esfuerzos. Pero, estas buenas gentes demostraron que se hallan desprovistas de sentido común, y es preciso que sufran muchas más humillaciones y pérdidas pecuniarias antes de decidirse a que se continúe por este camino. Tal vez, cuando reaccionen ya sea demasiado tarde. Votaron priorizando el bolsillo a las libertades. Ya comenzaron a perder libertades. Los bolsillos están cada vez más abultados porque el peso vale cada vez menos.

La caída del Muro de Berlín se produjo el 9 de noviembre de 1989. El 8 de diciembre de 1991, Gorbachov anunció la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética, (URSS). Mientras tanto, los peronistas, levantando las banderas del “progresismo” -a contramano de la historia- convirtieron a La Matanza, Quilmes y Avellaneda en Venezuela; Formosa en Cuba; Tucumán en Nicaragua; Chaco en Haití; Santa Fe en Sinaloa; Santa Cruz en Bielorrusia; La Rioja en Kosovo; Santiago del Estero en Rusia; y Neuquén en una misteriosa base China…

El peronismo, históricamente, representó el resentimiento social. La mayoría de los argentinos son peronistas, por lo cual Argentina es un país dominado por el resentimiento, donde todo gira en torno a la envidia.

El peronismo, copió lo peor del mundo y lo está aplicando en la Argentina, mientras sus dirigentes, -todos partícipes necesarios- se benefician de todas las empresas, cuyas cargas gravitan sobre el conjunto de la sociedad.

Y para terminar una frase de Confucio (551 a.C 479 a. C.): “En un país bien gobernado, la pobreza es algo que avergüenza. En un país mal gobernado, la riqueza es algo que avergüenza”.

Por Ernesto Martinchuk

Ernesto Martinchuk

Periodista.

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