¿Qué país deseamos los argentinos?

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“La Constitución es un legado de sacrificios y glorias. Como se ama la tierra nativa, debe amarse la Carta que nos engrandece y nos convierte en fortaleza inaccesible a la anarquía y el despotismo”.  Joaquín V. González

La falsificación de la realidad es de vieja data. No hay nada nuevo bajo el sol, ni siquiera las realidades alternativas. El poder absoluto, busca ser un poder para siempre, estableciendo sus propias falsedades como verdad y aplica una gruesa capa de distracción para borrar los hechos, escribiendo diariamente un nuevo relato con la ambición de que llegará a ser creído como único y verdadero. Desde el gobierno y los colaboracionistas, el lenguaje erizado de epítetos que descalifican, niegan, rebajan, tampoco es ninguna novedad.

Nos estamos acostumbrando, todos los argentinos, a convivir con una catástrofe de pobreza, miseria moral y educativa, al mismo tiempo que una casta carente de empatía, se auto felicita por logros inexistentes y hace propaganda de triunfos que, en realidad, son derrotas.

Se observa, con preocupación, que ninguna medida que ha tomado este gobierno desde que asumió, es en beneficio de la clase trabajadora, ni de los jubilados, ni de los enfermos, ni los discapacitados, ni de los jóvenes. Cada día son más los que permanecen en la ignorancia. Se pierden más fuentes laborales y mercados internacionales. El “Honorable” Congreso de la Nación no está a la altura de las circunstancias y el ciudadano no puede dejar de preguntarse: ¿quién nos gobierna?

Cada vez peor

Lo fundamental para los dictadores de izquierda es destruir la economía y que el sistema capitalista deje de producir empleos. Eso les da el poder para decidir quién es rico, pobre, tiene un subsidio o mendiga.

Por otra parte, debemos tener en cuenta que la emigración de jóvenes envejecerá la población y dejará, además, a la menos capacitada. Son todos temas que nadie trata ni considera en medio de semejante crisis, donde todo lo que sucede en el país está direccionado a lo que sucede con una persona que debe enfrentar a la justicia.

Aceptar que una probada delincuente elija quiénes son los jueces que juzgarán sus crímenes es un escándalo único en el mundo, pero además aceptar que esos jueces la absuelvan a pesar de la cantidad de testigos y pruebas que la incriminan es una vergüenza y una aberración.

El plan sigue su marcha

Recordemos lo que Nikita Khrushchev  -dirigente de la ex Unión Soviética durante la Guerra Fría desempeñó sus funciones como primer secretario del Partido Comunista entre 1953/1964 y fue presidente del Consejo de Ministros entre 1956 y 1962 dijo el 29 de septiembre de 1959, en la sede de Naciones Unidas:

–          “…Los hijos de tus hijos vivirán bajo el comunismo. Ustedes los occidentales son tan crédulos que no aceptarán el comunismo directamente pero seguiremos alimentándoles con pequeñas dosis de socialismo hasta que finalmente despertarán y descubrirán que ya tienen comunismo para siempre. No tendremos que pelear con ustedes.  Debilitaremos tanto su economía hasta que caigan como fruta madura en nuestras manos.

La democracia dejará de existir cuando les quiten a los que están dispuestos a trabajar y se lo den a aquellos que no «

En ese momento, solo se temía la palabra «comunismo» en el mundo occidental, pero debemos recordar que las banderas del socialismo conducen al comunismo.

Ahora bien: ¿Cómo se crea un estado socialista?  Existen ocho niveles de control:

1- Atención médica: controla la atención médica y controlarás a las personas.

 2- Pobreza: aumenta el nivel de pobreza lo más alto posible, las personas pobres son más fáciles de controlar y no lucharán si se les proporciona lo indispensable para que coman.

3-Deuda: aumenten la deuda a un nivel insostenible. De esa manera, pueden aumentar los impuestos, y esto producirá más pobreza.

 4- Control de armas: elimina la capacidad de defenderse de vuestras naciones. De esa manera pueden crear un estado policial.

5-Bienestar: tomen el control de todos los aspectos (alimentos, vivienda, ingresos) de sus vidas, porque eso los hará totalmente dependientes del gobierno.

6- Educación: tomen el control de lo que la gente lee, escucha y aseguren el control de lo que los niños aprenden en la escuela.

7-Religión: eliminen a Dios de vuestras vidas, en los gobiernos y en las escuelas, porque la gente necesita creer sólo en el socialismo, convencidos de qué es lo mejor para ellos.

8- Promuevan la lucha de clases: dividan a las personas entre ricos y pobres.  Eliminen la clase media, esto causará más descontentos y será más fácil gravar a los ricos con el apoyo de los pobres.

El mañana…

El país se desangra y el gobierno, -integrado por kirchneristas-cristinistas y peronistas- ya no puede ocultar el desastre que han logrado, complica la existencia de varias generaciones y no tienen la capacidad, ni la intención, de dar un paso al costado porque su finalidad es otra.  Por tal motivo, está llevando a la ciudadanía a un colapso total, donde la dirigencia en lo único que piensa es en salvar sus privilegios. Una fotografía de la realidad que se repite a diario en todo el país y merece que, todos los ciudadanos, pensemos y trabajemos en el país que realmente queremos.

–          ¿En qué sociedad queremos que vivan nuestros hijos?

–          ¿Cómo defender el acceso al saber y al empleo para todos los jóvenes que hoy sólo tienen la opción de irse del país, hacer “changas” o ser “soldaditos narcos”?

–          ¿Cómo garantizar una escuela pública –esencial, sin contenidos militantes y adaptada a las necesidades del siglo XXI?

–          ¿Cómo combatir la corrupción en la política, la justicia, el sindicalismo y el Estado?

–          ¿Cómo luchar por los derechos, pero también por las obligaciones de todos los ciudadanos?

–          ¿Cómo hacer respetar lo público?

–          ¿Cómo eliminar el analfabetismo social?

–          ¿Qué calidad de servicios públicos deseamos?

–          ¿Qué Argentina pensamos para el mañana?

–          ¿Nuestros políticos están a la altura de las circunstancias; analizan los reclamos de la sociedad?

–          ¿Debemos continuar con el sistema presidencialista o deberíamos tener un Primer Ministro?

Cada día se confirma que somos un país subdesarrollado, con una economía inestable, con irresponsabilidad fiscal y desequilibrios monetarios. Con una justicia débil e ineficiente, bajos niveles de educación, instituciones endebles, desempleo en constante aumento, y la existencia de una economía marginal. Un sistema electoral poco transparente, corrupción de políticos, empresarios, sindicalistas, empleados públicos y privados, a lo que debemos sumar, -por falta de proyecto- un permanente desacuerdo social, y un narcomenudeo que invade todos los rincones del país, con base en Rosario, provincia de Santa Fe.

Los dirigentes no miran al futuro

Muchos ciudadanos, dirigentes y políticos siguen defendiendo un relato, parecen no darse cuenta que hace 80 años que entramos en una espiral descendente en casi todos los aspectos de nuestra vida cotidiana. Estamos en una constante vuelta al pasado. Somos un país cuyos dirigentes no miran al futuro porque no están preparados para afrontarlo…

Seguro que esta clase dirigente no podría actuar en países como Alemania, Japón, Nueva Zelanda o Canadá. Lo que sucede en el Congreso Nacional es el reflejo de nuestra sociedad. Dejamos de ser ejemplo del éxito para convertirnos en el ejemplo del fracaso. Con una justicia militante donde la impunidad se abre camino al compás de derribar jueces que no sean amigos del poder, al igual que “los funcionarios que no funcionan” a los designios del poder.

Un político debería cambiar de partido para defender sus principios, pero en la Argentina, se mantiene eternamente o cambia de partido para defender sus privilegios. Nunca para sentar bases para más allá de la gestión presente. Hemos sido testigos de cómo ridiculizan y ofenden a las personas para luego atacarlas porque en tiempos desesperados –siempre- se toman decisiones desesperadas.

Argentina vive momentos de enorme incertidumbre. La economía, la inseguridad, el narcotráfico, los negociados con la pandemia, las fiestas clandestinas en Olivos, la falta de visión hacia el futuro, mientras la política no nos brinda estabilidad o un pronóstico certero de nuestro futuro inmediato. Argentina parece ser una cascarita de nuez en el océano.

Frente a una crisis generalizada de valores éticos, es necesario creer en el Estado, porque todos somos el Estado. Kant afirmaba que la ética y la política no son dos formas irreconciliables, pero pueden encontrar un punto de acuerdo en el principio y en la práctica, donde es deseable que el jefe de estado y representante del pueblo, se deje guiar por la razón, -o sea el sentido común- en sus decisiones políticas, incluso si estas, al ser dictadas en nombre del imperativo moral, son contrarias a sus intereses particulares.

Reforma del Estado

Nuestro país, si bien en el ideario común funciona dentro un federalismo democrático, internamente se maneja con reglas de juego más bien unitarias. Muchas provincias viven regímenes feudales, cuyos gobernantes, perpetrados en el poder durante más de 30 años, buscan alterar las normas electorales en su favor y, desde el poder, controlar los medios de comunicación, el Poder Judicial y el empleo público, entre otras cosas, para asegurarse una hegemonía. Formosa, Santa Cruz, San Luis, Santiago del Estero y La Rioja son algunos de los casos, donde la clave para que se sostengan estos modelos es la renta fiscal que reciben de la coparticipación federal y que -en buena medida- aplican a fines populistas. Los gobernadores son los dueños feudales: gobiernan, controlan todo y someten –en muchos casos- su apoyo al Ejecutivo en el Congreso al dinero que reciben. Donde el Estado es económicamente dominante, es difícil que haya democracia.

La corrupción

Todos los expertos coinciden en afirmar que nada la permite y la fomenta tanto como la impunidad: cuando el gobernante, el político, el empresario o el funcionario sabe que las posibilidades de ser enjuiciado y condenado son, en la práctica, mínimas o casi nulas, la tentación de recibir o dar una coima, se vuelve casi irresistible para quienes tienen principios muy frágiles decir NO.

Recuperar lo robado evidentemente no es fácil: entre dilataciones y “carpetazos” en, y a la justicia, paraísos fiscales, vuelos sin registro, empresas “fantasma”, sistemas bancarios poco transparentes, “accidentes” de testigos y firmas de testaferros, las pistas del dinero de la corrupción se esfuman. Pero, siempre existe un ojo que ve, un oído que escucha o alguien que guarda un documento, por las dudas…

El país se ha visto, en las últimas décadas, estremecido por escándalos sobre narcopolítica, corrupción tanto de miembros del Estado como de las empresas privadas, sin que se logre castigar a muchos de los culpables.

El surgimiento de una nueva República debe enfrentar el problema sin contemplaciones. “Robar es un delito pero robar al Estado es Traición a la Patria”.

Algunas sugerencias

Se hace imperioso que, -Constitucionalistas, Jueces, intelectuales, representantes del campo y la ciudad, abogados, políticos, profesionales y estudiantes universitarios de todas las áreas, – comiencen a formar equipos para debatir y plantear soluciones a este desbalance entre el Estado y una sociedad que depende de ese Estado en:

–          La Justicia: Debe -como poder independiente- ser la primera en colaborar para confiscar los bienes y dineros obtenidos por medio de la corrupción para ser destinados a mejorar: sueldos de agentes de la salud pública, docentes, fuerzas de seguridad, científicos e investigadores. Dotar de elementos a hospitales y escuelas. Promover emprendimientos privados, investigación agroindustrial, nuevas tecnologías, planificación, distribución y radicación geográfica de polos de desarrollo en distintas provincias, con la consiguiente migración poblacional, descentralizando la superpoblación del AMBA.

–          Diputados y Senadores: Deberían cobrar el sueldo de un directivo docente. No tendrán vehículos oficiales, custodia, cuota desarraigo o pasajes aéreos que no sean utilizados en forma personal. Tampoco tendrán asesores. De necesitarlos podrán disponer, por un tiempo determinado, de un grupo de estudiantes universitarios de la especialidad requerida. Reducir su cantidad y burocracia. Su mandato durará dos períodos sin posibilidad de reelección. Igual situación se repetirá para los gobernadores, intendentes y concejales. Anular las jubilaciones de privilegio.

–         Juicios sumarísimos: Enviar a la cárcel y decomisar todos sus bienes, a funcionarios, narcotraficantes, gerentes, líderes sindicales, empresarios y parientes de los mismos que no puedan justificar su fortuna, al igual que periodistas corruptos que hayan realizado negocios indebidos con entidades estatales. Igual trato a delincuentes y asesinos con penas efectivas y trabajos para la comunidad.

–          Los empleados públicos: Deberán rotarse en sus cargos cada cierto tiempo para evitar que se enquisten en las entidades, perpetuándose y corrompiéndolas. Todo empleado público, antes de tomar su cargo, debe firmar un documento en el que autoriza al Estado a revisar, cada vez que lo requiera, sus cuentas bancarias en el país o el exterior. Y si en algún momento se le encuentra culpable de corrupción, pierde sus derechos, nunca más podrá volver a ocupar un cargo público y cumplirá pena de cárcel efectiva de por vida.

Uno de los aliados más perversos de la corrupción en los organismos gubernamentales es la cantidad de trabas y complicaciones que se les ponen a proveedores y contratistas privados, donde muchas veces esas normas son creadas, precisamente, para facilitar los sobornos.

Esto no ocurrirá de un día para el otro, pero en algún momento es necesario comenzar y sentar las bases para que ello ocurra.

Mediante el castigo ejemplar, toda persona debe examinar consigo mismo las ventajas y desventajas de sus acciones. Un acto de injusticia es casi siempre un reconocimiento de importancia que se hace uno a sí mismo, y no hacen falta muchos reconocimientos de este género para revelar al enemigo el lado más vulnerable de un alma. Hasta cuando seguiremos en manos de un puñado de delincuentes que no dudan en hacer sus negociados, saquear el país y enriquecerse sin el más mínimo escrúpulo ético y moral.

Cometer una injusticia para obtener un poco de fama, es reconocer que no es posible que se merezca lo que se desea o lo que se posee. Es confesar que no ha sabido desempeñar el papel que ha escogido.

Testigos silenciosos

Somos testigos silenciosos del declive de un pueblo fuerte y nuestros dirigentes deben tomar decisiones aunque no les agraden y sentar las bases para más allá de la gestión presente. Se aprueban leyes con rapidez porque están en contra del debate. Necesitamos otro planteamiento de la política. Además de anular los fueros políticos, es necesario generar identidad nacional creando empleo genuino para evitar tantos planes de asistencia eternos y debilitar el empleo público.

El Estado todo lo puede. Desde inaugurar varias veces la misma obra pública, hasta perdonar a los que delinquen evitando su encarcelamiento o convirtiendo en mártires a los corruptos.

Todos estamos en el mismo barco y la organización socio-política nos indica que todavía podemos optimizar nuestra democracia con las herramientas que nos brinda la tecnología. Tenemos una comunidad universitaria, académica, científica y tecnológica que supera ampliamente los conocimientos de nuestra clase política y aplicaciones para participar colectivamente. Es el momento de tomar la crisis como oportunidad, mirar más arriba del horizonte y comprometernos para encauzar un país viable a nuestros hijos y nietos. Las leyes representan lo que somos y somos lo que esas leyes dictan. La gente honorable muestra su amor profundo por los demás a través de sus acciones.

La burguesía cristinista ha creado una “cultura” que se impregna en las mentes de los explotados hasta “naturalizarla”. A través del relato, el PJK ha creado una “secta” donde la única verdad es la que emana de su líder. El enemigo a combatir es aquel que piensa distinto.

El cambio no va a surgir de esta clase política acomodada, que hace uso del tráfico de influencias… trabajando para su propio interés y beneficio. El país necesita otro planteamiento de la política que, hace mucho tiempo, está alejada de las necesidades de los ciudadanos. Es necesario empezar a valorar a las personas por lo que realmente valen, por sus ideas, sus acciones, sus propuestas, su capacidad, su esfuerzo, su honestidad, su talento y sus méritos.

El problema -decía Gandhi-  no es la gente mala que hace cosas malas, sino la mayoría de la gente buena que no hace nada y se queda en silencio”…

En una encuesta realizada hace unos años en un Jardín de Infantes, se les preguntó a los alumnos qué propondrían ellos si se les dejaran elegir los temas de la enseñanza. Una de las respuestas fue “trepar árboles”. ¿Y qué enseñarías?, preguntó la maestra al encuestado. “A no tener miedo” –respondió el niño.

Debemos empezar a pensar en la salida sabiendo que nos enfrentaremos a dilemas éticos, filosóficos, políticos y sociales trascendentales para todos.

El sensacionalismo ha cobrado mayor peso que la información referente al desarrollo tecnológico, la cultura, la educación, la salud, el desarraigo, la migración interna, la planificación urbana y rural, el agua, las fuentes de energía, la minería o problemas que hacen a la calidad de vida vigentes en el país todo. Nos han enseñado a vivir el presente sin proyectarnos hacia el futuro como personas y como país. La clase dirigente, también los empresarios y muchos destacados medios y “periodistas” sólo se ocupan de salvaguardar sus intereses y no perder la pauta de publicidad.

Un demagogo le dice a las personas lo que quieren escuchar. En cambio, un estadista dice a las personas los retos que como sociedad se deben enfrentar, aunque eso atente contra su popularidad. Las autoridades del Congreso representan a los músicos del Titanic, en esta película de esfuerzos desiguales.

Los infelices son egoístas, injustos, crueles e incapaces de comprender al otro. Los infelices no unen a las personas, las separan”, dijo Antón Chéjov.

Por: Ernesto Martinchuk, periodista.

Por Ernesto Martinchuk, periodista.

Periodista.

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