“Todo era para siempre, hasta que dejó de existir”

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Un libro sobre cómo vivía, qué creaba, de qué se reía y con qué soñaba la última generación soviética.

En su libro «Todo era para siempre hasta que dejó de existir» (Editorial Siglo XXI), su autor Alexei Yurchak -un antropólogo que nació en la exUnión Soviética (URSS) pero que luego se trasladó a los Estados Unidos para desarrollar su profesión-, se dedica a contar cómo fue el final de la URRS y cómo afectó a la vida cotidiana de aquellas personas que vivieron la hecatombe del socialismo tardío.

El libro contiene declaraciones, testimonios y también impresiones del propio Yurchak y de personas a quien entrevistó de distintos sectores de la sociedad soviética, algunos que en su momento eran jóvenes y ahora ya son adultos viviendo en el modelo capitalista ruso.

Yurchak plantea que la gente se acercó al precipicio del fin de la Unión Soviética y del comunismo estaba convencida de que su mundo era inmortal. Pero cuando el sistema empezó a agonizar, su muerte no cupo en la cabeza de esa sociedad, es decir, de la gente común y desviaron la mirada y siguieron con su inercia.

Yurchak también trató de dirigir su análisis hacia otros ámbitos menos transitados del debate sobre Occidente-Oriente como el arte, los chistes, la música pop, los seminarios humorísticos, los comentarios de la calle e incluso la ciencia ficción, además de los prejuicios y los juicios sobre Rusia pero también sobre la fantasía que tenían los rusos acerca de Occidente, los estereotipos del mundo soviético y cómo pensaba que los veían desde afuera.

De la URSS a la transformación del orden político mundial

El proyecto intelectual de Yurchak no es sólo un asunto acerca de la última generación soviética sino que se puede proyectar hasta el presente para dar cuenta de un mundo en una transformación donde los órdenes políticos que existen no consiguen gobernar ni en cuanto al aspecto político, económico ni intelectual.

En el libro, el autor realiza un minucioso estudio lingüístico acerca del discurso en distintos momentos de la Unión Soviética durante el estalinismo, tras la muerte de Stalin y en la etapa de la perestroika.

Del análisis de ese discurso, Yurchak concluye que el derrumbe del sistema soviético se produjo cuando la figura de Lenin fue eliminada como significante maestro a fines de los años ‘80 coincidiendo con la política de perestroika de Mijaíl Gorbachov.

Porque de la primera etapa del discurso autoritario que imponía el régimen, se abrió una etapa hasta antes de la caída del sistema donde ese discurso autoritario posibilitaba a la sociedad nuevas identidades, sociabilidades y formas de conocimiento.

Aquí, el autor demuestra que a pesar de que los ciudadanos soviéticos seguían repitiendo los rituales del partido comunista y siguiendo con sus actividades y discursos, al mismo tiempo empezaron a crear esas nuevas identidades, empezaron a darle su propia creatividad.

Occidente Imaginario

El autor analiza lo que denomina Occidente Imaginario aquello que los ciudadanos soviéticos consideraban que era la cultura, la economía y la política de Occidente.

En este apartado, Yurchak muestra que la sociedad y el sistema soviético consideraban la producción cultural occidental no toda condenable y susceptible de censura, sino como divida entre lo cosmopolita y lo internacionalista, según las conveniencias del Partido Comunista en ese momento.

También explica que tras la muerte de Stalin se perdió el canon en relación al cual se establecían las comparaciones y se determinaba si una influencia foránea concreta, por ejemplo, en la música, era una manifestación de buen internacionalismo o de mal cosmopolitismo.

Esta situación se daba en otras expresiones del arte y la cultura y generó un espacio de interpretación sobre los posibles significados de formas culturales extranjeras a la vez que contribuyó a la aparición del Occidente Imaginario en la época del período soviético tardío.

Esa ambigüedad se convirtió en un elemento inseparable de la cultura socialista tardía.

En este punto hay también el derrumbe de un mito sobre el aislamiento de la Unión Soviética. Fue el Estado comunista el que favorecía la distribución de radios de onda corta entre los ciudadanos, lo que les permitía poder comunicarse con personas de otros países y poder también tener acceso a la cultura de Occidente, alimentando su Imaginario y a la vez generando la paradoja de una apertura cultura que el mismo Estado también perseguía.

Paradoja de la caída del sistema.

En “Todo era para siempre hasta que dejó de existir” siempre circula la idea de que muchos de los valores, ideales y realidades fundamentales del socialismo tenían una importancia genuina para un gran número de ciudadanos soviéticos aun cuando reinterpretaran rutinariamente las normas y costumbres partidarias.

Yurchak menciona aquí que la paradoja del socialismo tardío surgió del hecho de que cuanto más se reproducían las formas inmutables del discurso autoritario del sistema, más experimentaba ese sistema un profundo desplazamiento interno ya que la gente empezó a generar diversas formas de vida significativas, creativas y relativamente no controladas.

El autor afirma que los cambios iniciales de la Perestroika revelaron lo que ya era parte de la vida de todos: que todos estaban implicados en el continuo desplazamiento del sistema a medida que lo repetían rutinariamente.

En este punto la Perestroika fue más que una deconstrucción del discurso autoritario soviético, fue algo inesperado para la sociedad soviética especialmente porque el discurso autoritario estaba implosionando y con él también implosionaba el sistema, al mismo tiempo que el Partido había perdido su prestigio y la figura de Lenin había empezado a sufrir fuertes críticas.

Por su parte, la juventud soviética que creía en la inmutabilidad del sistema había realizado una reinterpretación profunda del socialismo, pero cuando comenzaron los cambios de la Perestroika, éstos superaron a todo porque articularon en un metadiscurso algo que ya había ocurrido y que todos habían vivido: la mutación y el cambio de los parámetros del discurso del sistema.

El socialismo tardío soviético aporta así un impactante ejemplo, según la teoría de Yurchak de cómo un sistema social dinámico y poderoso como fue el de la Unión Soviética podía desmoronarse de manera abruta e inesperada cuando cambian las condiciones discursivas de su existencia.

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